“Para mí, ganar no lo es todo, es lo único”

Para muchos expertos nicaragüenses, Francisco Taylor es ya el mejor billarista que ha producido nuestro país. En su currículo resalta un Campeonato Panamericano de carambolas y muchos títulos de nivel nacional. Pero este jugador de billar, que llegó a las mesas por pura casualidad, hizo de este deporte su modus vivendi, mientras se construía un […]

  • Para muchos expertos nicaragüenses, Francisco Taylor es ya el mejor billarista que ha producido nuestro país. En su currículo resalta un Campeonato Panamericano de carambolas y muchos títulos de nivel nacional. Pero este jugador de billar, que llegó a las mesas por pura casualidad, hizo de este deporte su modus vivendi, mientras se construía un gran prestigio y ahora está listo para ser homenajeado como miembro del Salón de la Fama del Deporte Nacional

Francisco taylor, el rey del billar

No pasó mucho tiempo para que se tornara invencible en el juego de chibolas. De tal manera que a lo que ganaba lustrando zapatos en el Parque Central de Managua agregaba lo que obtenía a costa de sus compañeros de oficio.

“Yo barría a todos los lustradores a la chibola. Tenía entonces ocho años. Y mi mama contenta, porque todo lo que ganaba se lo daba a ella”, dice Francisco Taylor, quien al fin sonríe.

Minutos antes, nos ha recibido en la puerta de su modesta casa en el Reparto Schick, con una miraba de pocos amigos. “Ya estaba por irme”, dice.

Taylor está con su taco en ristre dentro de una funda de cuero. Lo tiene cual si fuera un fusil. De hecho, lo es. Ha sido el arma con la que se ha ganado la vida y ha sostenido a su familia.

Este blufileño de 52 años, regordete y con joyas por todos lados, es ahora un reconocido billarista. Para muchos, incluso, el mejor que ha existido aquí.

“Eso creen muchos. Yo lo que digo es que ahí están las estadísticas. Esas son las que deciden. Mis triunfos no han sido inventados, ni en torneos por invitación”, señala con firmeza.

Taylor tiene un título panamericano de carambolas y varios cetros nacionales en una brillante carrera, a la que se rendirá homenaje este 4 de mayo, fecha en la que será exaltado al Salón de la Fama del Deporte Nacional.

Pero todo comenzó en el Parque Central, junto a su caja de lustrar y sus deseos de ayudar a su madre a mantener una numerosa familia, que salió de Bluefields cuando él tenía cuatro años.

BILLAR, ¿QUÉ ES ESO?

—¿Cómo llega el billar a tu vida?

Llegó justo cuando lustraba zapatos, a mis 8 años. A esa edad, yo me lancé a la calle a buscar la vida y como te dije, nadie me ganaba a la chibola. Cada juego era con apuestas y yo me las ganaba todas, pero un día, uno de los chavalos me dijo “vamos a jugar billar”. ¿Qué es eso?, pregunté. “No te preocupés —me dijo— yo te voy a decir cómo es la cosa”. Pero yo no estaba seguro de ir porque sabía que era prohibido para los chavalos y la guardia no andaba con cuentos.

—Pero al final fuiste, ¿no?

Sí fui. Fui porque el chavalo me dijo que allá por los Balcanes, por donde quedaba el Cine Principal, en la vieja Managua, había un viejo que tenía unos billares y que dejaba jugar chavalos. Eran unas mesas con sus paños rotos, se miraba el hule, las bolas todas viejas y unos tacos sin ficha. Pero para qué fui. Desde aquel día pasé yendo durante seis años y todo lo que me ganaba lustrando y a la chibola ahí quedaba. Me daban unas acabadas que hasta me hacían llorar. Y era doble llanto, porque después de la paliza que me pegaban al billar, mi mama me esperaba en la casa con otra vergueada.

—Pero al final parece que aprendiste a jugar muy bien…

Un día me encapriché y decidí aprender a jugar bien. Recuerdo que era muy chavalo aún cuando me dije que yo sería campeón de Nicaragua al billar. Pero también lo hice porque mi mamá tenía 14 hijos y como no fuimos a la escuela por la pobreza en que vivíamos vi al billar como un modo para ayudar en la casa.

—¿Cuándo te convertís en un apostador en el billar?

Yo nací en el billar apostando. Como te dije, desde niño comencé a apostar y no tengo por qué afrentarme, pero ha sido el billar el que me ha dado de comer a mí toda mi vida y de donde he sacado para alimentar a mi familia. Eso fue lo que aprendí. Pero además he tenido la cualidad que nunca fumé, nunca me drogué y eso indudablemente que me ha ayudado. Eso sí, de vez en cuando me echo mis traguitos, pero nada más.

—¿Y tu vínculo con la escuela fue fugaz?

Sí. Yo no más llegué a segundo grado. Y a veces me pregunto hasta dónde hubiera llegado si he estudiado, porque sin estudiar he conseguido muchas cosas y he jugado inteligentemente al billar, imaginate lo que habría hecho si me he preparado, porque aunque soy pobre yo siempre pienso en grande.

el zurdito que las echa todas

—¿Además de lustrar zapatos, qué otras ocupaciones tenías cuando chavalo?

Después de lustrar vendía nacatamales, pan, periódicos, lotería, chocolates, en fin… he vendido de todo. Pero cuando vi que jugando billar conseguía más plata, me dediqué de lleno al billar. En una apuestita mínima de dos horas, tres horas, me ganaba doscientos o trescientos córdobas, que en el tiempo de Somoza era plata. Sólo imaginate que en esa época con un chelín (25 centavos) uno comía en un día. Comprabas cinco centavos de queso, diez centavos de frijoles o lo que sea y resolvías.

—El proceso de aprendizaje para jugar bien al billar, ¿cómo fue?

Yo aprendí a la brava, porque como te dije, yo venía a la casa con los bolsillos de fuera porque me acaban y como mi mama me pegaba otra paliza en la casa pues tuve que aprender. Pero un día me gané 1,800 pesos en una hora y eso era un platal a inicios de los años setenta. Así que ese día decidí que viviría del billar toda mi vida.

—¿Nunca te corrieron de los billares por chavalo?

No, si fijate que cuando logro aprender y echo las 15 bolas de un solo, empecé a tener fama y ya esperaban que yo llegara para verme jugar. “Ahí viene el zurdito que las echa todas”, comentaba la gente y yo ya me creía que era bueno, pero en realidad iba creciendo como jugador. Ya mucha gente apostaba a mí y me daban la mitad de lo que ganaban y con eso me bastaba para vivir. Entonces, ganar no se convirtió en todo para mí, sino que en lo único. Aprender me costó mucha plata y tenía que reponerme.

—¿Ahí mandaste la caja de lustrar a la porra?

No. Al contrario, yo la necesitaba para jugar, porque como soy chaparro, no alcanzaba bien la mesa. Así que me paraba en la caja y jugaba. Muchos que me vieron en esa época, saben que no estoy mintiendo. Por supuesto, una vez que crecí un poquito más, pues ya no la necesitaba. Pero ha sido del billar de donde saqué mi casa y las cuatro paredes en las que vive mi mama, porque a mí nadie me ha dado nada, pese a que cuando he competido en el extranjero siempre lo he hecho por mi país, pero lo que tengo ha sido esfuerzo propio.

—¿Sólo con el billar te basta para vivir?

Es mi principal ingreso, pero también vendo mis cositas como joyas, relojes y demás, con lo que también me defiendo, porque además de mantener mi casa también ayudo a mi mamá y al resto de mi familia.

18 mil dólares en cuatro horas

—¿Cuánto es la mayor cantidad de dinero que te has ganado?

Dieciocho mil dólares en cuatro horas. Eso fue en Estados Unidos. Vos sabés que yo me fui a vivir 17 años a Panamá y luego hice mis contactos y viajé a EE. UU. Así que una vez jugando en Miami, me gané esa cantidad. Yo hago mis giras por varias ciudades y consigo buena plata. A veces me estoy unos tres meses y me va bien.

—¿Y en plano deportivo, en las competencias, cuál es tu principal logro?

El Campeonato Panamericano que gané en 1995 en Costa Rica (ante el mexicano Saúl Corro). He sido cinco veces Campeón Nacional en distintas modalidades y he representado a mi país en cinco campeonatos mundiales y siete panamericanos. También he asistido a un mundial de Snooker, una especialidad que sólo se juega en Europa y yo asistí al de Londres en 1992. Actualmente soy el campeón nacional de carambola.

—¿Qué es lo importante en el billar?

Meter todas las bolas.

—¿Y cómo se consigue eso?

Practicando fuerte y con disciplina. Yo por ejemplo, entreno cuatro horas todos los días. También se necesita alimentarse bien y descansar el tiempo necesario. Por eso yo te dije que a las ocho yo no me podía levantar para esta entrevista. Además, como no le trabajo a nadie, duermo lo necesario para estar en buenas condiciones. En el billar se necesita una gran concentración y mucho coraje para soportar la presión que da al jugar ante mucho público y con una buena apuesta de por medio. Hay que tener el pantalón bien puesto. Esto no es juego.

—¿Has sido mejor que Arturo Bone?

A mí no me gusta hablar de ese tema porque hay gente que no está de acuerdo con lo que digo, pero la realidad es que un campeonato mundial no se hace con ocho o diez jugadores. Se hace con los dos mejores de cada país y lo hace el organismo correspondiente. Su campeonato no es oficial. Yo lo que creo es que juego un poco mejor que los demás que practican este deporte, por lo menos todavía porque ya vengo bajando.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí