Implicaciones del darwinismo social

El darwinismo es un sistema que presupone la teoría de la evolución de las especies, la cual afirma que la vida se desarrolló lentamente de las formas más simples a las más complejas y que, por lo tanto, toda vida orgánica está genéticamente relacionada. El hombre es simplemente el último eslabón en el proceso evolutivo.

Darwin explicó el mecanismo de evolución por medio de la selección natural. Todas las formas de vida luchan continuamente por la existencia, por la comida disponible, por el territorio, por el acceso al agua, por la reproducción, etc. En esta lucha siempre hay ganadores y perdedores: los fuertes y saludables eliminan a los débiles y enfermos y así sobreviven y heredan características especiales a su progenie. La supervivencia de los fuertes garantiza que las variaciones que aseguran la supervivencia van a ser preservadas.

El darwinismo social no es más que la aplicación de la teoría de Darwin a los fenómenos sociales. Es decir que se considera la sociedad como una jungla en la que prevalece la lucha entre los hombres por el acceso al poder, a los bienes y a los privilegios que genera el estatus. En esta jungla de cemento viven los fuertes y los débiles; los saludables y los enfermos y los primeros prevalecen sobre los segundos y tienen, por el mismo hecho, un tipo de dominio natural sobre ellos.

Con esta forma de pensar se han justificado muchos abusos y atrocidades cometidos a lo largo de la historia. Los imperios militares antiguos y modernos, por ejemplo, han sentido que les asiste el derecho de hacer la guerra para conquistar y explotar a otras naciones porque sencillamente tienen el poder suficiente para absorber a los débiles. “De otra forma, ¿cómo sobrevivirían las ballenas en el mar?”, se piensa. Y “si no hubiera ratones —dicen— ¿de qué vivirían los gatos?”

Asimismo, los defensores de la eugenesia, que es la aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana, promueven con base en esta filosofía leyes para “mejorar” la raza por medio de “cruces” entre personas que poseen organismos perfectos, así como la esterilización de aquellos que padecen enfermedades hereditarias. En este tipo de supuesta sociedad perfecta, parapléjicos (como el físico inglés Stephen Hawking) y epilépticos (como el gran novelista ruso Fedor Dostoiewski) no habrían nacido. Desde el punto de vista económico, el darwinismo social sirve a los capitalistas ortodoxos para rechazar cualquier intervención del Estado para proteger a comerciantes en situación de desventaja o favorecer a sectores vulnerables. Sólo sobreviven los consorcios.

El amor, la cooperación y ayuda mutua, la convivencia pacífica, la justicia social son conceptos ajenos al darwinismo social. El novelista norteamericano, Jack London en su obra Sea Wolf (1931), describe esta filosofía en las siguientes palabras de uno de sus personajes: “Un hombre no puede dañar a otro hombre. Sólo puede dañarse a sí mismo. Como yo lo veo, yo siempre hago daño cuando considero los intereses de los otros. ¿No lo ves? ¿Cómo pueden dos partículas de levadura dañarse entre sí cuando luchan por devorarse una a otra? Su naturaleza heredada es luchar por devorar y luchar para no ser devorada. Cuando dejan de hacer esto, pecan”. Así que bajo este concepto, los seres humanos deben actuar como si fueran dos partículas de levadura.

Puesto que el evolucionismo rechaza la idea de la existencia de Dios, tampoco cree que el hombre haya sido creado con una dignidad especial que le distinga de las demás especies. Pero si esta teoría fuera cierta ¿qué habría de malo en las políticas nazis que buscaban el exterminio de los judíos en la Segunda Guerra Mundial? Después de todo, la única diferencia entre un hombre y un animal sería su distinto nivel en la escala evolutiva. ¿Cuál sería la objeción contra el esclavismo en sus diferentes versiones históricas?

Uno de los argumentos más usados por los esclavistas para fundamentar su dominio sobre los negros era que estos son humanos en un nivel de evolución inferior al de los blancos. Y ¿sobre qué base buscaríamos la creación de una sociedad justa? La única ética válida sería la de la partícula de levadura.

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