Las declaraciones públicas que el Embajador de Estados Unidos en Nicaragua, Paul Trivelli, expresa frecuentemente en contra de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, provocan mucha molestia y resentimiento entre los seguidores del PLC y el FSLN.
Sin embargo, los pronunciamientos del Embajador estadounidense contra los caudillos corruptos y en pro del fortalecimiento de la democracia y la transparencia, son considerados también por algunos políticos democráticos y analistas independientes, como una injerencia en los asuntos políticos domésticos que sólo competen a los nicaragüenses.
Se afirma, inclusive, que las declaraciones y propuestas políticas del embajador Trivelli (como por ejemplo la de efectuar primarias para escoger un solo candidato presidencial de los partidos llamados democráticos, que se enfrente al líder sandinista en las próximas elecciones), violan la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, que regula las funciones, prerrogativas, obligaciones y comportamiento de los diplomáticos de un país acreditados en otro.
Al respecto cabe señalar que el artículo 41 de la mencionada Convención Internacional sobre Relaciones Diplomáticas, que fue adoptada en Viena, Austria, el 18 de abril de 1961 y puesta en vigor el 24 de abril de 1964, establece lo siguiente: “Sin perjuicio de sus privilegios e inmunidades, todas las personas que gozan de esos privilegios e inmunidades deberán respetar las leyes y reglamentos del Estado receptor. También están obligados a no inmiscuirse en los asuntos internos de ese Estado”.
Por otro lado, el artículo 3 de la misma Convención de Viena señala en su inciso b que una de las funciones de un embajador o agente diplomático extranjero es la de: “Representar en el Estado receptor los intereses del Estado acreditante y los de sus nacionales, dentro de los límites permitidos por el derecho internacional”.
Precisamente el embajador Trivelli justifica sus declaraciones sobre la política nicaragüense, y particularmente sus descalificaciones de los caudillos del PLC y el FSLN, con el argumento de que de esa manera representa y defiende los intereses de Estados Unidos: “Lo que estamos tratando de hacer es apoyar el proceso democrático y decir a la gente que en este país, en este proceso electoral, hay fuerzas antidemocráticas y fuerzas democráticas. Yo creo que es una cosa natural para nosotros porque la política extranjera de los Estados Unidos tiene mucho que ver con la defensa de la democracia, sea aquí, en Irak o donde sea”, explicó el embajador Trivelli al semanario Confidencial.
Ahora bien, a quien corresponde determinar de manera oficial y legal si es cierto que las declaraciones y propuestas políticas del embajador Trivelli violan la Convención de Viena, o si están dentro del marco de una legítima representación de los intereses de Estados Unidos, es al Gobierno de la República de Nicaragua. Y debería hacerlo con toda claridad, sin ambigüedades ni temores de ninguna clase.
Por nuestra parte, consideramos que los señalamientos del embajador Trivelli de que los caudillos Alemán y Ortega son corruptos, autoritarios y antidemocráticos, no significan de ninguna manera una ofensa a Nicaragua. Además de que es cierto eso que dice el Embajador estadounidense, Arnoldo Alemán y Daniel Ortega no son Nicaragua ni representan al pueblo nicaragüense, sólo a sus seguidores.
Además, hay mucha hipocresía en este antiintervencionismo de quienes son intervencionistas sólo si les conviene. Cuando Estados Unidos intervenía para sostener a la dictadura somocista, era aplaudido por una parte de estos neo antiintervencionistas; mientras que los otros hicieron de Nicaragua una neocolonia de Cuba comunista y la URSS y descaradamente pretendían “construir el socialismo con los dólares del imperialismo” como lo dijera uno de los comandantes del FSLN.
Nuestra opinión es que Estados Unidos no debe inmiscuirse en la política interna de Nicaragua, como por ejemplo el nombramiento de una directiva parlamentaria o la celebración de primarias de los partidos. Esos son asuntos que deben dilucidar los miembros de esos partidos y el pueblo de Nicaragua.
Pero para reclamar que ningún extranjero se meta en los asuntos nacionales también hay que dejar de seguir dependiendo de la ayuda internacional, y de pedirla, ya sea a Estados Unidos o a Cuba comunista, a la Europa democrática o a la Venezuela autocrática.