La credibilidad de la Policía

El Presidente de la República informó que ha pedido al Ministerio de Gobernación hacer una investigación al comisionado mayor Carlos Bendaña, cuyo nombre ha sido mencionado en el caso del asesinato del dueño de centros de entretenimiento nocturno, Jerónimo Polanco.

Como se sabe, la mención del comisionado Carlos Bendaña en este hecho criminal se debe a que su chofer particular resultó ser el principal sospechoso del asesinato de Polanco, y porque, según la esposa del ahora occiso, habría sido de un número de teléfono celular del alto oficial de la Policía que llamaron a su marido para montarle la mortal celada y asesinarlo.

Por supuesto que esa mención no se puede considerar como una evidencia de que el comisionado Bendaña estuviese involucrado en el asesinato de Jerónimo Polanco. A lo sumo, lo que se puede inferir es que el ahora principal sospechoso de ser el asesino usó el teléfono de su patrón para llamar a la víctima y atraerla al lugar del crimen. En cualquier caso, esa es una circunstancia que debe ser aclarada durante el juicio contra los acusados por el asesinato de Polanco. Pero, además, en el caso personal del comisionado Carlos Bendaña, se debe investigar específicamente la información que ofrecieron los hijos de Polanco —de su primer matrimonio—, de que éste “entregaba con regular frecuencia fuertes cantidades de dinero a varios comisionados de la Policía, entre los que mencionaron a Bendaña”.

Al respecto la comisionada general Ana Julia Guido reconoció ante los periodistas que: “Hay cantidad de empresas, de instituciones que apoyan a la Policía Nacional para los recursos que a nosotros nos hacen falta; aquellas ayudas que reciban a título personal, compañeros, eso está fuera de lo institucional”. Luego, de manera institucional la misma Policía aclaró mediante una nota de prensa “que no es política, ni práctica institucional que sus miembros, a título personal, soliciten y reciban cualquier tipo de bienes”. (LP, martes 4 de abril, 2006). Y en esa misma nota de prensa se dijo que “si alguna persona particular se siente afectada por algún miembro de la Policía Nacional, los procedimientos están establecidos y pueden ser agotados por el interesado en el momento que así lo estime conveniente”, lo cual fue interpretado como que sólo por denuncia de los familiares de Polanco se podría investigar el vínculo económico del comisionado Bendaña con su deudo.

Pero la Policía puede investigar de oficio este asunto. Para eso tiene una dirección de Asuntos Internos y cuenta con los instrumentos jurídicos apropiados que no sólo permiten sino que obligan a investigar a sus propios miembros, cuando así es necesario. No se trata de culpar al comisionado Bendaña por ningún acto ilícito o violación de los fundamentos básicos de la actuación policial, y mucho menos de que esté involucrado en el asesinato de Polanco. De lo que se trata es de velar por el buen nombre de la Policía y cuidar la confianza de la ciudadanía en la institución policial. Si es falso que Bendaña recibía regalías de Polanco a título personal, esa falsedad debe quedar claramente demostrada.

La oportunidad es también propicia para poner en claro, mediante una apropiada investigación, cuáles son los mecanismos a través de los cuales la Policía recibe apoyo económico y material de personas particulares, de empresas e instituciones. ¿Lo recibe de manera institucional y con las cuentas sometidas a riguroso y permanente escrutinio, o por vía de los comisionados de manera personal, discrecional y sin rendición de cuentas? Si esto último fuese el caso, no cabe la menor duda de que se deberían tomar las medidas indispensables para poner orden en un asunto tan delicado.

No hay que perder de vista que cuando un policía perpetra —o se sospecha que lo ha perpetrado— cualquier abuso o acto delictivo, se produce la terrible paradoja de que quien ha sido armado e investido de autoridad por la sociedad y el Estado para velar por la seguridad y la tranquilidad de la población, quiebra brutalmente la credibilidad ciudadana, provoca una profunda herida en la autoridad de la institución policial y debilita los lazos de confianza sobre los cuales reposa la tranquilidad pública.

Por eso es indispensable que no sólo el asesinato de Polanco sino también sus vínculos económicos con el comisionado Carlos Bendaña, queden completamente aclarados y resueltos en estricto apego a la ley, la justicia y la ética del servicio policial.

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