Querido Padre Alberto:
Estoy pasando por un dilema familiar bastante complicado.
Mi matrimonio de 32 años se deteriora cada día más. Mi esposo abusó de una menor de edad, esto sucedió hace casi 13 años, pero es ahora que nos hemos enterado. El proceso es muy doloroso.
Mis hijos, que ya son adultos, están muy insultados. No me explico cómo esto estuvo oculto por tantos años y es ahora que todo ha salido a la claridad.
Mi marido tiene que haber enloquecido, ya que él nunca fue un mal hombre, por el contrario es un esposo excelente y un padre ejemplar.
Mis hijos lo acusan de pedofilia, me exigen que lo eche de la casa y que le pida el divorcio de inmediato. Ellos ya ni lo miran ni le hablan.
Yo quiero mucho a mi esposo, ha sido el único amor de mi vida y estoy dispuesta a perdonarlo, pero mis hijos me ponen ente la espada y la pared.
Ellos no se dan cuenta de que cada uno de ellos tiene su compañera, que tienen sus hogares y su familia, yo estoy sola con mi esposo y no quiero romper mi hogar de tantos años.
Les digo a mis hijos que si Dios perdona a los pecadores, quiénes somos nosotros para ser tan duros juzgando al prójimo, en este caso su propio padre.
Por favor deme un consejo.
Martha, la que desea perdonar al esposo
Estimada Martha:
Es muy fácil juzgar todo en términos de blanco y negro —entre lo que es bueno y lo que es malo— pero la vida no siempre es tan fácil de descifrar. No cabe duda que tu marido ha cometido algo muy grave, pero lo primero que se debe hacer es reflexionar y no juzgar.
Quizás tus hijos tengan complejo de superioridad o se consideren perfectos. Quizás su falta de experiencia en la vida no les ha permitido conocer la miseria del hombre y la profundidad de pecado en que podemos caer los seres humanos. Con todo respeto, si yo estuviera en la situación de ellos, tuviera mucho más cautela a la hora de señalar con el dedo a su padre.
Considero que los jóvenes de hoy somos un poco “egocéntricos”. Nos preocupamos mucho de nuestras propias necesidades, pero muy poco de los demás. De hecho, creo que nos han criado de esa manera, dándonos todo, entonces nos creemos que merecemos todo y no es así. Tus hijos deben considerar todo lo bueno que ha sido su padre, no sólo un error que cometió, por muy grave que sea.
La compasión y la misericordia es lo que debe existir en tu familia en este momento de crisis. Si tus hijos no saben practicarla, enséñales tú con tu ejemplo. No te dejes llevar por el rencor, la ira o la confusión de ¿por qué lo hizo? Más bien, practica la caridad y dale la oportunidad de arrepentirse y sentir que tú lo puedes amar, a pesar de su error.
Tu esposo puede beneficiarse de una terapia profesional y comenzar a sanar ese trastorno que puede haber sido un error de un momento o una enfermedad de toda la vida. Eso es lo que se debe investigar, pero sin crucificarlo.
Un abrazo,
Padre Alberto
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