Todas las iglesias polacas tienen imágenes de Karol Wojtyla. Sus compatriotas le preparan homenajes. ( la prensa/ap/Alik Keplicz)

Así fueron los últimos momentos

Ciudad del Vaticano /EFE “Déjenme ir a la casa del Padre”, fueron las últimas palabras pronunciadas poco antes de morir por Juan Pablo II. Fue hacia las 15:30 horas locales (07:30 en Nicaragua) del 2 de abril que el pontífice habló por última vez “con voz débil y confusa y en idioma polaco”, según recogió […]

Ciudad del Vaticano /EFE

“Déjenme ir a la casa del Padre”, fueron las últimas palabras pronunciadas poco antes de morir por Juan Pablo II.

Fue hacia las 15:30 horas locales (07:30 en Nicaragua) del 2 de abril que el pontífice habló por última vez “con voz débil y confusa y en idioma polaco”, según recogió la Acta Apostolicae Sedis. Karol Wojtyla entraba poco después en coma.

Lo pidió mientras los monitores instalados por los médicos que le trataban en el apartamento pontificio señalaban el progresivo agotamiento de sus funciones vitales.

Siguiendo una tradición polaca, en la habitación fue encendida una vela y a las ocho de la noche se ofició junto a su cama la Misa de la festividad de la Divina Misericordia, instituida por Wojtyla para honrar el culto impulsado por la santa polaca Faustina Kowalska, de la que se consideraba discípulo.

La misa fue presidida por su fiel secretario Stanislav Dziwisz, recientemente creado cardenal por Benedicto XVI, y a la misma asistió el cardenal polaco Marian Jaworski, el prelado Estanislao Rylko y Mieczslaw Mokrzycki, el otro secretario de Juan Pablo II.

Cantos religiosos polacos acompañaron la celebración, mientras afuera, en la plaza de San Pedro, decenas de miles de personas rezaban por el Pontífice, de 84 años.

Una hora y 37 minutos después de comenzar la misa, a las 21:37 horas local (una de la tarde y 37 minutos en Managua) expiraba Juan Pablo II, tras 26 años y medio de papado.

El fallecimiento fue certificado por su médico particular, Renato Buzzonetti, tras realizarle una electrocardiotanatografía que duró veinte minutos.

Con esa misma profusión de las últimas horas de vida, la Acta Apostolicae Sedis recogió los últimos meses de la vida de Juan Pablo II desde el 31 de enero de 2005 cuando la Oficina de Prensa del Vaticano informó que el anciano Pontífice padecía gripe y habían sido suspendidas todas sus actividades.

Al día siguiente, el cuadro clínico se complicó con una laringotraqueítis aguda, lo que obligó a ingresarle en la Policlínico Gemelli de Roma, aquejado de problemas respiratorios.

Estuvo ingresado hasta el día 10, en que le dieron de alta y regresó al Vaticano, donde realizó una semana de ejercicios espirituales y aseguró que seguía al servicio de la Iglesia.

Pero el día 24 tuvo que ser trasladado de nuevo al Gemelli con graves problemas respiratorios que obligaron a practicarle una traqueotomía.

El día 26 apareció por sorpresa en la ventana de su habitación y bendijo a los fieles y, el 11 de marzo, el Vaticano difundió una grabación en la que, por primera vez tras la traqueotomía, se le escucha decir unas palabras.

Dos días más tarde fue dado de alta y regresó al Vaticano. Antes de abandonar el Gemelli pronunció unas palabras ante los fieles, con voz ronca pero clara.

El 20 de marzo, Domingo de Ramos, por primera vez en sus 26 años de pontificado, no pudo celebrar la misa, aunque al final apareció en la ventana de su estudio y bendijo pero no habló y se le vio muy frágil.

Tampoco pudo oficiar la Misa Crismal del Jueves Santo, ni los Oficios del Jueves y del Viernes Santo. El tradicional Vía Crucis que todos los años presidía en el Coliseo de Roma lo siguió a través de la televisión.

Asimismo, no ofició la Vigilia Pascual y todo el mundo esperaba el Domingo de Resurrección con la ilusión de verle recuperado.

Pero no fue así. Con gran esfuerzo y presentando un estado muy frágil, apareció en el balcón de su apartamento. Logró impartir a duras penas la bendición pero aunque lo intentó no pudo hablar.

Si el domingo de Resurrección impresionó a los fieles, el 30 de marzo fue aún más. Sacando fuerzas de flaqueza apareció en el balcón, pero por más que lo intentó no pudo articular palabra. Y se le vio como sufría.

Pocas horas después se supo que los médicos le habían colocado una sonda nasogástrica para facilitar su alimentación.

A primeras horas del jueves 31 de marzo se desató la infección en las vías urinarias que le llevaría a la muerte.

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