Teísmo, ateísmo y violencia

Hace un par de semanas, el reconocido y controversial filósofo esloveno Slavoj Zizek, director internacional del Birkbeck Institute for Humanities en Londres, escribió un artículo desconcertante a propósito de la violencia exhibida por algunos grupos islámicos por la publicación de caricaturas de Mahoma en un diario de Dinamarca.

Zizek arremete contra Dios y contra la religión y dice de ésta que está emergiendo como la fuente de violencia homicida alrededor del mundo. Dicho artículo, que ha tenido una amplia difusión internacional, es un poco confuso porque su autor a veces da la impresión que su ataque es específicamente contra las manifestaciones extremistas y terroristas de algunas creencias religiosas pero otras veces hace generalizaciones injustificadas e irrazonables contra todas las religiones y, sobre todo, contra la idea de la existencia de Dios. Dice, por ejemplo, que la creencia en Dios es la causa principal del terrorismo y de muchas formas de violencia y propone el ateísmo como la alternativa filosófica que va a traer la paz al mundo. Zizek invierte la célebre frase de Dostoievski en Los Hermanos Karamazov (“Si Dios no existe todo está permitido”) y afirma que al contrario, “si Dios existe, entonces todo —incluyendo la voladura de miles de transeúntes inocentes— está permitido”.

El error básico de este filósofo es doble. Por un lado, toma las acciones de grupos religiosos específicos para hacer generalizaciones injustificadas con respecto a Dios y la religión y, por otro lado, piensa —con ingenuidad— que si toda la humanidad se convierte al ateísmo, entonces habrá paz en el planeta porque nadie tendrá motivos ulteriores para sus acciones, excepto la satisfacción de hacer lo que es correcto.

Por definición, los extremistas no representan el sentir de ninguna mayoría —ya se trate de una religión, una filosofía o de una idea política—. Los extremistas son minoría. Así como no todos los comunistas eran estalinistas ni castristas, tampoco todos los islámicos son terroristas. No es cierto que la violencia sea un método de Dios para convertir a la humanidad o que ejerciéndola alguien se “gane” el cielo o la salvación. Estas son sencillamente desviaciones interpretativas de la voluntad de Dios que reflejan un desconocimiento de su naturaleza revelada en las Escrituras Sagradas. Dios convierte basado en el amor. Este amor de Dios —en el caso del cristianismo— se expresa en el ofrecimiento de Jesucristo como expiación por los pecados de la humanidad. La conversión presupone libertad y autonomía y por eso la coacción queda excluida.

Por otro lado, Zizek se equivoca cuando dice que el ateísmo es “la más valiosa herencia de la Europa moderna” y la única esperanza de paz para el planeta. El ateísmo en realidad no es más que el producto de la crisis de los valores occidentales tradicionales como la democracia, el capitalismo, la libre economía, la moral tradicional y todas las concepciones de Dios, del mundo y del hombre que sacudió a Europa a partir de la Época de las Luces. Por lo tanto, lo que ha creado es una desesperanza generalizada en la gran mayoría de europeos entre quienes hoy día reina el relativismo filosófico y la angustia espiritual.

Este ateísmo ha creado una crisis de soledad humana, vacío, falta de metas últimas, desorientación de “no saber a dónde vamos ni de dónde venimos”. Además, al llamar a los hombres y mujeres del mundo a abandonar la creencia en Dios y convertirse al ateísmo, Zizek muestra un desconocimiento craso de la naturaleza de la fe religiosa la cual no se adquiere ni se deja sobre la base de reflexiones objetivas. Como dice Arthur Koestler, “una fe no se deja conquistar sino que brota como un árbol”. Una convicción religiosa es inaccesible a todo argumento lógico.

El ateísmo no va a producir paz simplemente porque de pronto no haya un dios por el cual los hombres hagan la guerra. Cuando los hombres “matan” a Dios crean otros dioses para arrodillarse delante de ellos y éstos se convierten en la nueva causa de la discordia. El hombre se vacía de Dios y se llena de sí mismo. El valor de una idea se comprueba por el fruto que produce. Y ¿qué frutos buenos ha dado el ateísmo para que ahora se presente como la panacea de la humanidad?

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