La intención del gobierno francés de promover un “contrato primer empleo” para los jóvenes trabajadores, ha hallado en los estudiantes sus mayores opositores. La medida es vista como un retroceso de un derecho social en el estado del bienestar, un tema muy sensible para los franceses. (la prensa/efe/Horacio Villalobos)

“El siglo XXI será el del planeta democrático”

Un gran pensador moderno sostiene que la democracia se impondrá a escala mundial en el curso de un siglo, aunque no en todas partes su calidad será necesariamente muy buena. ¿Surgirá también una federación mundial de democracias? “Es una cuestión abierta. Hasta qué grado llegará esta aproximación, es una de las incógnitas más interesantes de […]

  • Un gran pensador moderno sostiene que la democracia se impondrá a escala mundial en el curso de un siglo, aunque no en todas partes su calidad será necesariamente muy buena. ¿Surgirá también una federación mundial de democracias? “Es una cuestión abierta. Hasta qué grado llegará esta aproximación, es una de las incógnitas más interesantes de nuestro futuro”, responde

Marcel Gauchet, filósofo francés:

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    Marcel Gauchet es uno de los intelectos más brillantes y respetados de Francia. Su reflexión filosófica está plasmada en cinco libros publicados hasta la fecha.

    Es director de estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en París, cofundador y director de la revista Le Débat (El Debate). Este hombre de 60 años es un filósofo inclasificable, según numerosos estudiosos, por la amplitud de su pensamiento.

    Para algunos, es el más grande filósofo actual en su país, y uno de los más grandes pensadores mundiales.

    Se dio a conocer con el libro Le Désenchantement du Monde (El desencantamiento del mundo: una historia política de la religión) en 1985.

    Esta obra se ha convertido en referencia obligada para aquéllos que buscan comprender la génesis de la modernidad democrática. Gauchet reconstruye los escenarios prácticos y las articulaciones teóricas que permitieron que las sociedades occidentales salieran de la religión, esto es, que hicieron posible que la religión dejara de ser el poder estructurante de la sociedad, tal como había sucedido durante milenios. El cristianismo es clave en este proceso: es la religión sin la que no hubiera sido posible el advenimiento de la democracia o, en términos de Gauchet, es “la religión de la salida de la religión”.

    Su visión del avance de la democracia a escala planetaria es optimista. En esta entrevista con la revista de fin de semana del vespertino Le Monde, publicada el 23 de abril del 2005, habla de la democracia y también de los problemas actuales de Francia.

    Publicamos aquí un fragmento de la muy extensa entrevista, en una traducción libre del francés de Alberto Alemán, editor de la Sección Internacional de LA PRENSA, con la supervisión de Philippe Sabagh y Mireya Herrera, profesores de la Alianza Francesa. El material fue tomado de Internet.

    ¿Es natural o deseable imponer la democracia en los países donde nunca ha existido?

    ¡Imponer no es democrático! Pero se justifica ejercer una fuerte presión en este sentido porque los principios del derecho democrático me parecen ser el objeto de un consenso universal. Dependen de dos elementos simples:

    1. El poder emana de la libre elección del conjunto de los ciudadanos consultados individualmente. ¿Quién tiene hoy otra solución que se pueda oponer a ello?

    2. No conozco un país en el mundo donde los ciudadanos no tengan el deseo de disfrutar de la garantía de sus derechos personales, de no ser arrojados en prisión sin motivo, de no ser torturados, de gozar de un proceso justo. El principio de los derechos individuales cobra sentido universalmente, incluso si lo hace de manera implícita.

    Una vez que esto se ha adquirido, queda la cuestión de lo posible y de lo realizable. En efecto, estos principios no permiten, no obstante, de lanzar la democracia en paracaídas, con una Constitución lista para su empleo. ¡(Es) una abstracción hecha del contexto en el cual habrá que implantarla! La democracia necesita de un zócalo en la vida social que es muy complejo. Su instalación requiere de una química sutil entre la presencia de un sistema de derecho que funciona de manera justa y sin mucha corrupción, la existencia de un Estado relativamente eficaz, la existencia de una organización social que permita el desarrollo de las élites, la presencia de una “clase media”, entendida como una capa de profesionales con instrucción, etc.

    Pero por otro lado, existen democracias en condiciones que desafían estas exigencias: India, por ejemplo, donde el mecanismo democrático se desenvuelve en una masa de poblaciones no instruidas.

    ¿No hay modelos diferentes de democracia?

    Desde luego, (existen) en función precisamente de esas diferentes condiciones sociales que dan a la democracia un tejido que la hace funcionar. Desde este punto de vista el entusiasmo democrático del gobierno americano (difundir la democracia en el mundo) parece un poco ciego. La exigencia idealista de EE.UU. en cuanto al objetivo se vería beneficiada si se toma en cuenta realistamente las condiciones de implantación de la democracia, ya sea en Asia, el Medio Oriente o en África. Estas condiciones requieren de tiempo y de un proceso social cuya química es en cada caso singular.

    Sin embargo, no se trata sobre todo de decir, en nombre del realismo mismo, que hay gente que no está hecha para la democracia. Es moralmente insoportable y falso empíricamente. El problema es la aplicación realista de lo que nosotros podemos considerar como un ideal compartido. En ninguna parte del mundo hay una población de retardados mentales que prefieren un régimen tiránico y corrupto antes que uno honesto y respetuoso de sus derechos.

    ¿Se puede concebir una democracia mundial?

    Hay que distinguir dos cosas. La democracia para todo el mundo es concebible a la vuelta de un siglo. El siglo XXI debe ver el planeta democrático. Eso no quiere decir que todas las democracias serán flamantes, en buen estado, pero se puede imaginar en efecto un mundo globalmente democrático.

    El gobierno mundial, eso es otra cosa. Eso sería una federación de todas las democracias que se fundirían en una sola. ¿Es posible y deseable? Es una cuestión abierta. No es absurda. Las democracias se distinguen por el cuidado en alimentar los lazos entre ellas. Una democracia no es un régimen autárquico y cerrado. Ellas buscan establecer relaciones de cooperación las unas con las otras. Desde el momento en que el planeta entero se ha poblado por regímenes democráticos, se planteará a lo grande la cuestión de la organización común iniciada por la Sociedad de Naciones, luego por la ONU.

    Hasta qué grado llegará esta aproximación, es una de las incógnitas más interesantes de nuestro futuro.

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