(FOTOS: LA PRENSA/O. MIRANDA)

Descubriendo el paraíso

Corn Island es un lugar paradisíaco de playas con arenas blancas, de transparentes aguas azules y verdes, y un ambiente caribeño [doap_box title=»TOME NOTE» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Las aerolíneas comerciales que vuelan a Corn Island son La Costeña, Aerosegovia y Atlantic Airlines. Salen de Managua, hacen escala en Bluefields y luego van a Corn Island.El medio […]

  • Corn Island es un lugar paradisíaco de playas con arenas blancas, de transparentes aguas azules y verdes, y un ambiente caribeño
[doap_box title=»TOME NOTE» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Las aerolíneas comerciales que vuelan a Corn Island son La Costeña, Aerosegovia y Atlantic Airlines. Salen de Managua, hacen escala en Bluefields y luego van a Corn Island.
El medio de transporte más común en la isla es el taxi. El costo de la carrera es 15 córdobas por persona.
Otro medio de transporte disponible para el visitante son las bicicletas. La empresa Nautilus Eco Tours las alquila a US$ 2.00 la hora, US$6.00 el medio día o US$10.00 todo el día.

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La gira es emocionante, pero sólo para personas con ánimos de aventura, con valor para desafiar los aires y las profundidades del mar y estoicismo para disfrutar la naturaleza casi en su puro estado primitivo: Corn Island.

Cuando se dice “emocionante” es porque no hay mejor palabra para describir el momento en que, desde la ventana del avión, descubrimos el hermoso cayo de colinas verdes en el centro y de aguas verdes y azules a su lado, en un vuelo que de Bluefields tarda menos de media hora para recorrer los 80 kilómetros de distancia que separan la isla de tierra firme.

Corn Island es una pequeña isla en el litoral Caribe nicaragüense, donde habitan unas nueve mil personas de diferentes razas y donde existen varios idiomas y dialectos. Es como un pequeño país frente a las costas de Nicaragua, donde se habla principalmente en inglés creole, donde se escucha música de calipso, socca y reggae, principalmente.

Al aterrizar en la isla, uno se entera que está en un lugar de paz, lejos de la bullaranga de las grandes ciudades, donde no se ven edificios altos, ni grandes colas de carros, ni McDonalds, ni centros comerciales, ni cines…

Es una pequeña aldea con una sola calle costanera y adoquinada de 7.2 kilómetros que rodea la isla, cuya principal economía se basa en la pesca y el turismo. A la orilla de la vía se erigen múltiples hoteles y casas de albergue para turistas de todo el mundo que, principalmente, vienen en oleadas en estos días del verano.

Ellos tienen varias opciones de hospedaje y aquí es cuando nosotros decimos que el que quiera venir a Corn Island debe dotarse de su respectiva dosis de estoicismo. Hay hoteles pequeños que ofrecen servicios desde 15 dólares la noche, con ventiladores y baños privados. Lo malo de éstos es que la mayoría no tiene planta generadora de energía eléctrica y en esta isla aunque sobre la emoción y la naturaleza, muchas veces falta la energía y la comodidad que ésta genera.

Hay otros hoteles más grandes y lujosos, entre bosques y a orillas de la costa, donde la tarifa se eleva a 50 dólares la noche, pero éstos tienen plantas de energía propia y nunca falta entonces la televisión por cable y el aire acondicionado.

Relax y aventura

Pero si usted es de quienes gustan ignorar el mundo civilizado y prefiere lo rústico y barato, también hay hospedajes de 10 dólares, donde uno puede colgar su hamaca bajo un árbol o tender su casa de campaña a orillas de la costa.

Las opciones de diversión en esta pequeña isla de 10 kilómetros cuadrados son muchas: usted puede aprender a bucear en la escuela Nautilus donde “Chema”, su propietario, le enseñará los secretos para bajar a admirar tiburones, manta rayas, pulpos y demás fauna y flora marina.

Se puede, además, alquilar lanchas para recorrer los bancos de arrecifes alrededor de la isla, viajar a la vecina Little Corn Island, recorrer la isla en bicicleta, caminar por las colinas del centro de la isla y nadar en cualquier lugar y momento en que el cuerpo lo pida.

Siempre hay cerveza de venta, en el menú no faltan las langostas en diferentes recetas, la música siempre suena por todos lados y la gente es tan tranquila, que el turista no encontrará quién le pida un córdoba, le limpie los vidrios del carro o quien se acerque a venderle cualquier cosa en las esquinas. Es pues, un paraíso perdido en el Caribe nicaragüense.

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