Los mismos encuestadores profesionales advierten que las encuestas hay que analizarlas cuidadosamente, ante todo por la “volatilidad” de la política nacional pero también por el alto porcentaje de voto oculto, el que a última hora toma su decisión y cambia, a veces de manera dramática, los “pronósticos” que durante todo un proceso electoral venían haciendo los sondeos de intención de voto.
De manera que las encuestas no se deben tomar como oráculos infalibles —porque no lo son—, sino como información básica y necesaria para entender la situación del momento y vislumbrar lo que podría suceder en el futuro inmediato.
Por ejemplo, en la encuesta cuyos resultados más importantes publicó LA PRENSA en su edición de ayer, lo primero que se advierte es el arraigo y la persistencia de una cultura política que concede más importancia a las personas que a las instituciones.
En efecto, según dicha encuesta —que fue encargada por el Instituto Republicano Internacional (IRI) y elaborada por una firma de prestigio nacional e internacional—, la mayoría de los ciudadanos nicaragüenses votaría por los dos candidatos que se presentan como alternativa al caudillismo bipartidista. Sin embargo, en lo que se refiere a los diputados a la Asamblea Nacional la votación mayoritaria sería por los candidatos que postulen los dos partidos caudillistas, o sea el PLC y el FSLN.
El 45.9 por ciento de los ciudadanos —según la encuesta mencionada— manifestó su disposición a votar por los dos candidatos principales de los que se oponen al caudillismo bipartidista: El 27.4 por ciento de los encuestados dijo que votaría por Eduardo Montealegre y el 22.1 por ciento manifestó que lo haría por Herty Lewites, y sólo el 30.6 por ciento declaró que lo apoyaría con su voto a los candidatos de los partidos caudillistas, el 25 por ciento a Daniel Ortega y apenas 5.6 por ciento al candidato del PLC.
Sin embargo, en el caso de la escogencia de los diputados a la Asamblea Nacional los dos partidos pactistas suman 60.4 por ciento en intención de voto: 30.9 por ciento a favor del FSLN y 29.5 por ciento por el PLC; mientras que los partidos o alianzas de los candidatos antipacto, Montealegre y Lewites, totalizan únicamente 27.2 por ciento: 15.3 para la Alianza MRS-Herty 2006 y 11.9 por ciento por la ALN-PC.
A nuestro juicio, lo que indican esas cifras es que en su mayor parte los nicaragüenses siguen creyendo más en “el hombre” (sea caudillo o anticaudillo) en vez de confiar en la institución. La mayoría de los ciudadanos no le da importancia a la frustrante experiencia del presidente Enrique Bolaños, quien no pudo realizar sus principales objetivos estratégicos precisamente porque no tuvo el indispensable respaldo legislativo, o más bien dicho, porque debió enfrentarse a una hostil mayoría parlamentaria.
Tampoco prevé la mayoría de los ciudadanos —según la mencionada encuesta— que de muy poco serviría elegir otra vez a un Presidente de la República que se enfrente a los caudillos y sus círculos de hierro, si no cuenta con una sólida mayoría parlamentaria que sea capaz de sacudir los demás poderes del Estado, y renovar su liderazgo con personas que tengan vocación de servicio público y que sean capaces y honestas.
Por otro lado, la encuesta auspiciada por el IRI revela que el 63.7 por ciento de los ciudadanos votaría otra vez en cascada (es decir, por las listas de candidatos a diputados del mismo partido que postula al candidato a presidente de su preferencia), y que sólo el 28.9 por ciento cruzaría el voto. Pero eso no significa que la cascada favorecería a Montealegre o a Lewites, porque la lealtad de los ciudadanos a sus partidos es mucho más fuerte que la simpatía hacia los candidatos presidenciales que se pronuncian contra el pacto y la corrupción.
En todo caso, lo que se deduce de estos datos que ofrece la encuesta del IRI, es que se hace necesario desarrollar una intensa campaña de concienciación de los ciudadanos acerca de la gran importancia que tiene la escogencia de los diputados, pues nada se podrá cambiar en el país si los actuales legisladores son reelegidos o si se elige a otros que también sean nombrados por los pactistas.
Y ante todo, los partidos o alianza de los candidatos presidenciales que se postulan como alternativa al pactismo y la corrupción, deberían presentar como sus candidatos a diputados a personas que por su trayectoria transparente merezcan realmente la confianza de los ciudadanos.