- En lo que va del año el albergue Belén ha atendido a casi tres mil inmigrantes
Corresponsal/ Chiapas
Pese a la reforzada vigilancia en la línea limítrofe entre Estados Unidos y México nada ha frenado la migración de centroamericanos y de otros países sudamericanos y caribeños que cada día se enfrentan a todo tipo de riesgos con tal de llegar a suelo norteamericano.
La subdirectora del albergue católico Belén, María Esther Rosales, expresó que aunque este albergue tiene la capacidad de atender a 80 personas diariamente la cifra es superada en 120 indocumentados.
Rosales también reveló que persisten abusos, violaciones y maltratos contra los inmigrantes indocumentados que viajan con destino a Estados Unidos. “Todo sigue igual, no ha cambiado nada”.
La responsable de este organismo humanitario explicó que el año pasado atendieron a un poco más de siete mil 300 indocumentados, a quienes les dieron asistencia —hospedaje y alimentación— durante 72 horas.
Según registros de este albergue, el 60 por ciento de los inmigrantes son de nacionalidad hondureña; el 30 por ciento, de origen salvadoreño y el restante —10 por ciento— lo comparten inmigrantes de países como Nicaragua, Guatemala, Cuba y África.
cifras en ascenso
De acuerdo con las estadísticas con que cuenta esta organización humanitaria, en lo que va del año han atendido a más de dos mil 500 inmigrantes que intentan llegar a Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida.
Según Rosales el éxodo es provocado por los bajos salarios y la violencia que se vive en sus países de origen.
UN NICA en coma
Para la subdirectora de este albergue en sus seis años de servir a los migrantes le ha tocado enterarse de tristes historias, pero la que lleva muy presente es la de un nicaragüense.
“Una historia que no olvido es la de un joven nicaragüense que fue asaltado y golpeado en la cabeza, estuvo a punto de morir. Aquí lo atendimos hasta que se recuperó, después habló desde su país para agradecer las atenciones. Se llama Juan de Dios Zacarías”.
Agrega que “un día un niño trajo al nicaragüense, lo encontró en la calle y lo ayudó. Nos dijo que lo habían asaltado y que lo habían golpeado”.
Rosales recuerda aún conmocionada que cuando le preguntó: ¿Cómo te llamas? El joven no alcanzó a responder, se desmayó momentos antes.
“Posteriormente, el médico de la institución nos hizo estremecer con su diagnóstico: ‘Está muy mal, a punto de entrar en estado de coma. Hay que tratarlo de inmediato’, por lo que fue canalizado de emergencia a la Cruz Roja. Se recuperó y se regresó a su país”.
Un día sonó el teléfono, era una llamada de Nicaragua: “Doña Tete, soy Juan de Dios Zacarías, el nicaragüense que fue golpeado en la cabeza, le llamo para agradecerles y decirles mi nombre”.
más historias
“Hace poco también pasó un grupo de buseros de El Salvador que venía huyendo de las maras que operan en ese país. Dejaron los autobuses y huyeron, pasaron por aquí, se fueron a Estados Unidos”, comentó la subdirectora de ese centro humanitario.