Atrapados por la mala política

Con frecuencia algunas personas se quejan de que los medios de comunicación prestan demasiada importancia a la política, en detrimento de otros temas que también son de interés público pero además beneficiosos para la nación y los ciudadanos.

Inclusive observadores extranjeros de la realidad nicaragüense, estiman que nuestra sociedad está muy politizada y señalan que concedemos a la política mucha más importancia que —por ejemplo— a la economía en sus múltiples manifestaciones, la cual es de mayor interés nacional y social.

Pero, ¿es cierto o se trata de una percepción equivocada, que los medios de comunicación social le dan un despliegue desmesurado a la política, que por cierto en Nicaragua se practica de manera muy poco edificante y ejemplar?

En realidad, no es mucho el espacio y el tiempo que los medios de comunicación social dedican a la información y la opinión política. Sin embargo parece lo contrario, porque la información política se presenta casi siempre de manera destacada en las portadas y los titulares principales de los medios, debido a que con frecuencia está asociada a la violencia y al uso de la fuerza —como ahora mismo ocurre con el reclamo del Partido Yátama en la Región Autónoma del Atlántico Norte de un par de escaños más en el Consejo Regional—, o a sucesos delictivos y judiciales, como es el caso de la pretendida amnistía para beneficio de Arnoldo Alemán.

Pero eso no significa que se menosprecie ni que se niegue el lugar y el reconocimiento que corresponde a otros temas informativos, que además son positivos para la nación y los ciudadanos. Por ejemplo, en la edición de LA PRENSA de ayer, jueves 16 de marzo se publicaron —sin contar el suplemento deportivo de los jueves, Puro Gol— 87 notas informativas y comentarios, de los cuales seis noticias y ocho opiniones (incluyendo la caricatura) versaban sobre problemas de la política nacional; es decir, 14 de 87 que equivale a menos de 17 por ciento. En cambio, en esa misma edición se publicaron 22 informaciones sobre asuntos económicos, que representaban un poco más de 25 por ciento de todas las informaciones.

Por otro lado, los medios de comunicación social no pueden limitarse a publicar sólo las informaciones políticas positivas —que casi no las hay—, ni deben silenciar los hechos negativos de los políticos. Por el contrario, el mejor servicio que se le puede prestar a la sociedad es sacar luz las lacras de la política, tales como la ineficiencia gubernamental, los abusos de poder y la corrupción, procurando también destacar los casos excepcionales en que los políticos actúan y se comportan de manera responsable y honesta.

Lo cierto es que sería un grave error ignorar la política porque se le considera como algo sucio. Más bien, hay que luchar por su revalorización, por el rescate de sus principios éticos, por su práctica como arte de lo posible y del bien gobernar, en lugar de que sea un medio para hacer lo indebido que es la condición en que la han convertido los políticos caudillistas, autoritarios y corruptos de Nicaragua.

Esa política sucia no le permite al país aprovechar su propio potencial de crecimiento y desarrollo. Por lo tanto tiene que ser denunciada, combatida y erradicada, en el entendido de que una república verdaderamente democrática debe apoyarse en la confianza de los ciudadanos en que todos los actos de Estado son planeados y ejecutados con responsabilidad, honestidad y visión nacional.

La mala política que tiene atrapada a Nicaragua en sus redes perversas no desaparecerá de manera espontánea. Por el contrario, establecer una nueva forma de hacer política, básicamente honrada y responsable, sólo podrá ser posible en la medida en que la gente honesta participe en la cuestión pública, que se involucre en los mismos partidos políticos o en los movimientos independientes de la sociedad civil, y que presione para desalojar a las camarillas corruptas de sus nichos de poder y sustituirlas con nuevos líderes que tengan vocación de servicio y quieran administrar el país con eficiencia, responsabilidad y honradez.

Nada sería mejor que poder informar, por ejemplo, que los diputados trabajan por el bien de la sociedad y reciben un sueldo modesto, adecuado a las posibilidades reales del país. Por ahora esto parece un sueño, pero se puede convertir en realidad.

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