Las elecciones presidenciales, en países con sistemas presidencialistas, reciben muchas veces mayor atención que las legislativas o las municipales. No obstante, las del segundo tipo pueden ser tan cruciales como las primeras.
Éste es el caso de El Salvador, donde el domingo unos 3.8 millones de salvadoreños con derecho a votar podrán ir a las urnas para elegir a 84 diputados, a los alcaldes de 262 municipios y a 20 representantes en el Parlacen.
Esos comicios son claves. Definirán una mayoría legislativa, la cual es una condición indispensable para un gobierno que desee promover su agenda; además, decidirán quién será el futuro alcalde de San Salvador (un codiciado botín político) y los de las principales ciudades.
Por dos veces consecutivas el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional se ha llevado el premio mayor que es San Salvador y domina ahora la mayoría de las alcaldías.
El presidente Elías Antonio Saca, o Tony Saca, enfatizó durante toda la campaña —la formal y la informal— en que para cumplir con más puntos de su programa de gobierno, el pueblo debe darle una mayoría decisiva a su partido, la Alianza Republicana Nacionalista.
Sus contrincantes del FMLN también la quieren para lograr sus propios objetivos.
Desafortunadamente, la campaña siguió teniendo —como la presidencial en 2004— una tónica confrontativa. Los ataques a los adversarios privaron sobre un verdadero debate de propuestas.
El discurso favorito de Arena era identificar al FMLN con las maras, afirmando que el partido izquierdista está emparentado con el crimen organizado.
Ni Saca ni sus ministros ni Arena han demostrado fehacientemente este vínculo supuesto, pero al repetirlo tantas veces, pues algo queda, pensarán seguramente.
No se ha visto hasta hoy ningún “smoking gun”, o pistola humeante, como se dice en inglés.
Este eje de ataque cobró relevancia ante la muerte del histórico líder Schafik Handal, a quien Saca derrotó hace dos años.
Ex líder comunista, con un aura de autoritarismo e intolerancia, el caudillo de la izquierda fue el contrincante soñado para Arena y el peor para su propio partido. Encarnaba él el pasado de guerra, zozobra y miedo de los años 80. Como Daniel Ortega en Nicaragua.
A pesar de 15 años de Arena y del lógico desgaste, Saca se proyectó como la alternativa joven y del cambio frente a un amenazante Handal.
Como lo señalan algunos analistas, la derecha salvadoreña perdió al ogro maligno con el cual atemorizar al electorado. Por ello necesita ahora vincular a sus rivales con las temibles pandillas, o con motines en sobrepobladas cárceles.
Hay mucho en juego indudablemente. Por varias razones.
El Salvador es el único país de Centroamérica donde ya entró en plena vigencia el DR-Cafta, siendo el primero en lograrlo. El Ejecutivo y la dinámica clase empresarial salvadoreña están muy optimistas con las perspectivas de inversiones y crecimiento.
Saca acaba de lograr una extensión más del Estatus de Protección Temporal (que garantiza permisos temporales de trabajo) para unos 250 mil salvadoreños en Estados Unidos.
El más fiel aliado estadounidense en Centroamérica es el único país latinoamericano que mantiene tropas en Irak. Ya ha sido premiado por la administración Bush: EE.UU. le reconoce como socio extrarregional de la OTAN, el más importante bloque militar del mundo.
Sin embargo, esto ha desatado temores de que se produzca un desequilibrio militar en el istmo, por la supuesta prerrogativa de un acceso privilegiado a armamentos estadounidenses por San Salvador.
Saca y Arena afirman que la obtención de una mayoría legislativa será la garantía del buen rumbo de la economía y de una política exterior que posicione bien al país en la globalización.
Mientras, una mayoría legislativa del FMLN puede incidir seriamente en una alteración de ese curso, o de una neutralización o estancamiento. Atacan la pobreza, la imparable emigración, la inseguridad ciudadana y las graves carencias sociales de los insensibles gobiernos de la derecha pro empresarial.
El Frente pretende denunciar el DR-Cafta (un acontecimiento que sería muy negativo para el país), restablecer la circulación del colón (el dólar es la moneda que circula de verdad), y acercarse a Cuba y Venezuela. También hay promesas de mayor atención social.
Como se ve, eso sería un cambio de rumbo muy sensible y de grandes consecuencias.
Esta divergencia resulta de la falta de un verdadero consenso político entre las distintas fuerzas sobre lo social, lo económico y lo político. Es una enfermedad nicaragüense también.
En último lugar, será valioso observar cuál será el efecto real de la muerte de Handal —su imagen ha sido usada en la campaña farabundista— en la votación, y cómo una derrota o una victoria en estos comicios influirá en la lucha por asumir el liderazgo de aquél que continuará —pues ya ha comenzado— a lo interno de la cúpula de la ortodoxia del FMLN.