Lo más significativo de las elecciones regionales de la Costa Atlántica celebradas exitosamente el recién pasado domingo 5 de marzo, fue a nuestro juicio que el Frente Sandinista no pudo obtener la mayor parte de la votación popular, a pesar del descrédito en que se encuentra su más importante adversario numérico, que es el PLC. Y la explicación de este fracaso de Daniel Ortega y su partido es que su imagen se encuentra igualmente deteriorada ante la sociedad nicaragüense, por las mismas razones de caudillismo, pactismo y corrupción que afectan al liberalismo de Arnoldo Alemán.
Ahora bien, la Costa Atlántica nicaragüense tiene sus características políticas, geográficas, demográficas, históricas y culturales, que la diferencian del resto del país e influyen poderosamente en el comportamiento electoral de sus habitantes. Por lo tanto los resultados de las elecciones del Atlántico no son un parámetro para medir los posibles resultados de las elecciones nacionales —presidencial y parlamentarias— que tendrán lugar el 5 de noviembre próximo.
Lo que sí es posible deducir del resultado de los comicios regionales del pasado 5 de marzo —además de la ya señalada impotencia del Frente Sandinista para conseguir la mayoría electoral en las regiones autónomas—, es la evidente incapacidad de todas las fuerzas políticas organizadas para motivar a esa gran parte de la población que tiene derecho de votar pero no lo hace, que son los abstencionistas, y que en las dos regiones autónomas de la Costa Atlántica representan una considerable mayoría con respecto de los ciudadanos que sí ejercen su derecho al sufragio.
Según los datos tomados del sitio electrónico del Consejo Supremo Electoral (CSE), en la RAAN el FSLN apenas aumentó el número de sus votantes en 4.251 (de 14,251 en las elecciones del 2002 pasó a 19,212 en las del domingo pasado), a pesar del incremento del padrón electoral. O sea que sólo el voto histórico, duro y disciplinado del sandinismo es el que sufragó el domingo pasado a favor del FSLN.
Pero en la Región Autónoma del Atlántico Sur el resultado de las elecciones del domingo pasado fue peor para el FSLN, ya que apenas aumentó en 393 votos, al conseguir 7,665 sufragios versus 7,272 que obtuvo en las votaciones regionales del 2002.
Es posible que los votos que consiguió el Movimiento Renovador Sandinista —que es el partido en cuya casilla participó la alianza disidente del FSLN que encabeza Herty Lewites— el domingo pasado, se los haya quitado al partido de Daniel Ortega. Sin embargo, en ese caso lo que quitaron los seguidores de Herty Lewites al FSLN sería muy poco (1,441 votos en la RAAN y 1,373 en la RAAS), y ni aún con ellos el partido sandinista se hubiese podido acercar a su adversario-socio, el PLC, que aumentó en un poco más de 7 mil sus votos en el Atlántico Norte y en 476 en el Atlántico Sur.
Ahora bien, si la votación en las elecciones regionales del domingo pasado fuese un anticipo de lo que ocurrirá en los comicios nacionales del próximo 5 de noviembre, se podría decir que el PLC ya los tiene ganados sin necesidad de aliarse con nadie, pues consiguió el 41 por ciento, más o menos, sobre el 26 y pico por ciento del Frente Sandinista de Liberación Nacional y apenas el 9 por ciento de la Alianza Liberal Conservadora, de Eduardo Montealegre.
Pero los votantes de las regiones del Atlántico fueron apenas 100,352, una pequeña proporción de los por lo menos 2 millones de ciudadanos que votarán o podrán votar en las elecciones nacionales del 5 de noviembre de este año. Por otro lado, es bien conocido que en las zonas del centro y del litoral Pacífico del país es donde el FSLN y Daniel Ortega tienen más fuerza electoral. Y lo mismo se puede decir de los movimientos y los candidatos disidentes del liberalismo arnoldista y del sandinismo orteguista, de manera que el panorama electoral de noviembre podría ser muy diferente al de las recién pasadas elecciones del Atlántico. Ya veremos.
Finalmente, cabe destacar que el éxito de las elecciones regionales del domingo pasado se debió en gran parte a que la observación electoral extranjera fue muy efectiva, a diferencia de la que hubo en las elecciones municipales del 2004 que quedaron marcadas negativamente por las sospechas y denuncias de fraudes en Granada y otros lugares del país.