Formar la conciencia en la verdad

Violeta Reyes de Padilla*[email protected]

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Formar la conciencia en la verdad


Violeta Reyes de Padilla*
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Dios creador del universo y de todo lo que existe creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, les otorgó un alma inmortal y les concedió el libre albedrío o sea la libertad, la capacidad para discernir entre el bien y el mal. El Creador ordenó el universo creando leyes que lo rigen, y también el hombre y la mujer recibieron leyes que debían obedecer y cuyo infringimiento les causaría daño.

La libertad humana es el poder, radicado en la razón y en la voluntad de obrar o de no obrar, hacer esto o aquello, de ejecutar por sí mismo acciones. La libertad en la persona humana es una fuerza de crecimiento y de maduración en la verdad y la bondad. La libertad hace a la persona responsable de sus actos. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios (cfr. Catecismo de la Iglesia, 1731 y ss…) Por ello, libertad no es hacer cada quien lo que le antoja sin tener en cuenta el orden moral. Si se quebranta la ley sucede que hay un trastorno que produce mal. Lo mismo pasa con las leyes de la naturaleza, cuando se les violenta se crea un desequilibrio. Esas consecuencias las estamos viendo en los grandes cataclismos naturales que han sucedido últimamente y causado gravísimos daños y pérdidas de vida en muchísimos lugares del planeta.

Decía Tomás de Aquino, ese santo filósofo que supo unir la razón con la fe, que la conciencia humana es la antorcha del alma y si ésta tiene luz, si está bien formada, el hombre y la mujer pueden caminar hacia Dios. Si la conciencia se deforma, la persona queda a oscuras, se desorienta y falla.

El hombre y la mujer al desobedecer el recto orden de su conciencia, se crean ellos mismos un caos, se desorientan y cada vez se les obnubila su mente y no se dan cuenta si la actuación es buena o es mala. Lo peor que le puede pasar a una persona es pensar que hace bien, y realmente hace mal.

Por eso, tiene mucha importancia formar la conciencia. La dignidad de la persona implica y exige la rectitud de la conciencia hace posible asumir la responsabilidad de los actos realizados. Esta formación debe comenzar desde la niñez, enseñando a los niños y niñas lo que es bueno y justo, y lo que es malo e injusto, lo que eleva la dignidad de su persona y lo que denigra su dignidad. Formar la conciencia es enseñar a administrar la libertad con responsabilidad. Formar la conciencia es enseñar a asumir las consecuencias de mis actos. Sólo así con buenos cimientos aprenderán a escoger el bien y a vivir en la verdad.

En definitiva, formar la conciencia cristiana de un adolescente o un joven consiste ante todo iluminar su mente acerca de la verdad de Cristo, de su ley, de su camino, con el fin de inducirle a actuar rectamente. Recordando sus palabras: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

En este siglo el relativismo impera en el mundo, con esa plaga de que si a mí me parece que está bien, es bueno, aunque sea malo, y donde cada uno hace lo que quiere aunque sea contrario a la razón o al orden establecido por las leyes de Dios. A diario vemos la actuación de tantos hombres corruptos, jueces que dan fallos injustos, legisladores que aprueban leyes que van contra la naturaleza humana y dañan la sociedad.

El hombre y la mujer dotados de razón y voluntad libre tienen la obligación moral de buscar la verdad, adherirse a la verdad y ordenar su vida según las exigencias de la verdad. A veces nos planteamos cómo erradicar la pobreza material, y es muy importante para nuestro país. Asimismo, es necesario plantearnos cómo erradicar la pobreza espiritual a la que han llegado muchas personas al actuar sin raciocinio y llenos de mentiras, esos que tienen una fachada de bien, pero su corazón está lleno de sentimientos irracionales y desordenados, en lugar de proyectar oscuridad y lo peor de todo es que se presentan como luchadores del bien.

Procuremos trabajar siempre por buscar la verdad y actuar en verdad, ya que como nos dijo Cristo, la verdad nos hará libres. Volvamos a nuestras raíces cristianas que son las únicas que darán el verdadero bienestar a nuestro país.

* La autora es miembro de Animu

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