Blasfemia

Luis Sánchez Sancho

Un amigo lector de esta columna me escribió para preguntarme —a propósito de la violencia masiva que provocó en varios países del Oriente Medio la publicación de algunas caricaturas de Mahoma en ciertos periódicos europeos—, si en la mitología griega hay alguna divinidad relacionada con la blasfemia.

La respuesta es que sí la hay. Blasfemia es una divinidad alegórica a la que se le representa simbólicamente con la figura de una mujer que echa fuego por la boca y en posición de escupir hacia el cielo; o de un hombre con los cabellos erizados, los puños cerrados y en actitud de desafiar al cielo, del que caen rayos y centellas. Además, Blasfemia aparece en medio de estatuas y otros emblemas religiosos destrozados, mientras pisotea un altar que ha sido derribado.

En la mitología griega la blasfemia es castigada severamente y de manera directa, por los mismos dioses. Por ejemplo, uno de los casos más emblemáticos de castigo al blasfemo es el de Odiseo (o Ulises), quien al terminar la guerra de Troya menospreció la ayuda de los dioses al triunfo de los griegos sobre los troyanos, y fue condenado a vagar por los mares durante diez años, antes de volver a su hogar para reunirse con su amada Penélope y su adorado hijo Telémaco.

La blasfemia es definida por el diccionario de la RAE como: “palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los Santos”, enmarcándola en lo que se refiere a la fe o la religión católica. Un sentido más amplio es el de la blasfemia como ofensa o difamación de Dios en general —o de los dioses entre los pueblos de creencias politeístas—, la cual en casos como el de la religión musulmana se castiga severamente de acuerdo con la ley establecida, llamada Sharia.

En el mundo occidental, de cultura religiosa cristiana, la blasfemia se considera en general y en algunos países inclusive como delito. Cabe señalar al respecto que en 1989 algunos musulmanes ingleses acusaron por blasfemia al escritor británico de origen indio, Salman Rushdie, debido a la publicación de su libro Versículos satánicos, que según los islamitas es una blasfemia. Inclusive Rushdie fue objeto de una fatua (sentencia de muerte) de los ayatolas iraníes, y por ese motivo podría ser asesinado en cualquier momento. Sin embargo, los tribunales ingleses no tramitaron la acusación de los religiosos musulmanes contra Rushdie, porque la legislación británica únicamente reconoce y condena la blasfemia que se hace contra Dios, Jesucristo y la Biblia.

En España y las antiguas colonias hispanoamericanas, la blasfemia fue considerada durante mucho tiempo como un delito de extrema gravedad, castigado por la Santa Inquisición que torturaba y hasta quemaba vivos a los blasfemos, junto a los herejes, brujas y judíos que se resistían a la conversión.

Otras formas de castigo a los blasfemos eran la pérdida parcial o total de los bienes; o recibir 50 azotes en el caso de que el acusado de cometer blasfemia no tuviese bienes; o ser quemado en los labios con un hierro al rojo vivo; o le cortaban la lengua al blasfemo; y si la blasfemia no era muy grave “simplemente” lo ataban por la lengua a un palo o un hierro.

Por supuesto que esos castigos extremos desaparecieron desde hace mucho tiempo, y aunque la blasfemia sigue siendo penada en ciertos casos en algunos países occidentales, sin embargo a nadie se le ocurre provocar una orgía de violencia, destrucción y muerte por la publicación de caricaturas sobre personas o símbolos religiosos.

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