Todo por el poder

María José Zamora

Siempre me sorprende la capacidad que tienen los líderes sandinistas, ya sean estos declarados, encubiertos o disfrazados de disidentes, para acomodarse a las circunstancias, aprovecharse al máximo de las oportunidades y cumplir con los objetivos políticos de su partido a cualquier costo. Con el torcido principio de que el fin justifica los medios y la falta de ética y moral que caracteriza a la mayoría de la clase política nicaragüense, el sandinismo ha logrado manipular el sistema democrático con relativa facilidad y gran éxito, de tal manera, que jamás han estado tan cerca de volver al poder, en estos 16 años, como ahora.

Sin tomar en cuenta las cuotas de poder y la piñata que le permitió el gobierno de doña Violeta B. de Chamorro al sandinismo, yo diría que fue el pacto con Arnoldo Alemán y su cúpula de incondicionales la que fundamentalmente les devolvió todo el poder y la fuerza que habían perdido con la derrota de 1990. Pareciera que la ambición desmedida de Arnoldo Alemán lo hizo olvidarse de que su triunfo lo determinó el voto antisandinista y optó por traicionar a sus electores antes que confrontar al FSLN.

Con este pacto ambos líderes políticos y sus cúpulas han encontrado la manera “democrática” de gobernar juntos, pasando por encima de los principios ideológicos y morales que se supone rigen a sus respectivos partidos y que fundamentalmente deberían diferenciarlos. Es por eso que cuando se acerca el período electoral empiezan a “sacarse los trapos sucios” unos a otros en público, aunque en la intimidad mantienen un plan común, que es recuperar el control político y no perder su actual poderío económico.

Una pieza clave que podría propiciar el triunfo del FSLN en las elecciones nacionales, además de los acuerdos entre Ortega y Alemán que de hecho ya están siendo evidentes en el CSE, es la candidatura de Herty Lewites.

¿Recuerdan cómo llegó Herty Lewites a la Alcaldía de Managua? El candidato que iba más alto en las encuestas era Pedro Solórzano, entonces el pacto le pasó la raya, Arnoldo Alemán se aseguró de escoger a un candidato perdedor del PLC y William Báez sustituyó a Pedro Solórzano; resultado: alto abstencionismo y división del voto. Gana Herty Lewites, quien hábilmente guarda la bandera rojinegra y dice que es el “alcalde de todos”, es amistoso, campechano, jovial y aunque las obras de infraestructura son mínimas en su administración, llena Managua de rótulos amarillos con su nombre y se dedica a organizar actividades populares multitudinarias, entre las que recuerdo la celebración de La Purísima y el Carnaval de la Alegría.

Al terminar su período, Herty Lewites se lanza como candidato a la Presidencia de la República, siguiendo los pasos de Arnoldo Alemán. De esta manera cumple dos importantes objetivos: uno que es rescatar a aquellos sandinistas que resienten el pacto de Ortega con Alemán; y el otro y quizás el más preocupante para el antisandinismo; dividir aún más el llamado voto democrático.

Aquellas personas que creen en la disidencia de Herty Lewites posiblemente desconocen o se han olvidado de la experiencia en montajes que tiene el sandinismo. El más reciente y ridículo fue escenificado por el diputado Gerardo Miranda, quien supuestamente estaba cumpliendo con una “misión” al pasarse a la bancada del PLC por menos de 24 horas. Sus compañeros sandinistas lo insultaron y lo denunciaron como corrupto mientras estuvo del otro lado, una vez de regreso a su partido, volvió a ser el “compañero” intachable de siempre. ¿No estará Herty Lewites cumpliendo también con una heroica misión?

La autora es psicóloga.

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