Élida Zelaya Duque-Estrada
Con tristeza he comprobado la, hasta ahora, indiferencia de los managuas ante la construcción de lo que bien se podría llamar “un monumento a la cultura de la muerte”. He leído con interés los excelentes artículos que se han escrito en este rotativo protestando al alcalde la construcción del monumento a Rigoberto López Pérez y además en la Rotonda del Estudiante y esperaba que hubiera habido ya una respuesta organizada para que nuestros impuestos no se fueran a invertir en darle culto a los antivalores del irrespeto por el derecho intrínseco a la vida de todo ser humano y la promoción de la violencia como medio para alcanzar un supuesto bien superior.
Lo que hizo Rigoberto López Pérez al tomar la justicia en sus propias manos, asesinando al entonces presidente Somoza García no es ejemplo para nuestra juventud ni es un valor que debería ser ensalzado en un monumento en la capital de Nicaragua porque es lo mismo que decirle a todos que esta es la manera de eliminar aquello con lo que no estamos de acuerdo. ¿Acaso no hemos comprendido ya que la violencia sólo nos ha traído desgracias?
Leyendo las memorias de 80 años que nos obsequia cada día este Diario vemos cómo antes las autoridades representantes del sentir del pueblo tomaban acciones contra lo que atentaba contra la “moral pública”. ¡Cómo se nota cuáles eran los valores que dominaban entonces en la sociedad nicaragüense! ¿Qué nos ha pasado? No sé si ahora luchar por el bien común nos anima menos o es más fuerte la apatía que se muestra cada vez más en nuestro rasgo cultural negativo de esperar que “otro” saque la cara y haga lo que en realidad es responsabilidad de todos. O quizá hemos perdido el sentido moral y por eso la vida ha dejado de ser sagrada. ¿Será esa la causa de nuestra parálisis y del actuar de nuestras autoridades?
Hablando de la cultura de la muerte, el Papa Juan Pablo II en su encíclica El Evangelio de la Vida alertaba: “…surgen nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano, a la vez que se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y —podría decirse— aún más inicuo ocasionando ulteriores y graves preocupaciones: amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual…”
En el año 1922, se publicó en Alemania un libro titulado La exoneración de la destrucción de la vida carente de valor, del psiquiatra Alfred Hoche y del jurista Karl Binding. La idea de que existen personas cuyas vidas “carecen de valor” influyó en los programas eutanásicos y de eliminación de los judíos y de otras personas por parte de los nazis. En otros países han surgido otros que han promovido la desvalorización de la vida humana por cualquier motivo.
El motivo en Nicaragua en 1956 fue buscar una Nicaragua mejor eliminando al presidente de turno. Me parece que si promovemos este tipo de antivalor, mañana puede ser otra autoridad no gustada por cualquier persona que siente que con su libertad individual puede eliminar la vida de aquel que encuentra como culpable de su infelicidad y la de sus compatriotas. Esto no es diferente de los suicidas musulmanes “bombas caminantes” que llamamos “terroristas”. ¿Es esto lo que queremos promover?
Quizá ya en las iglesias cristianas managüenses se esté gestando la recogida de firmas o cualquier otro acto para repudiar la construcción de dicho monumento contra la vida y dignidad del ser humano, no lo sé. Espero que así sea.
Quizá muchos no han caído en la cuenta que son sus impuestos los que están posibilitando este monumento y no dudo que para no ser cómplices de su construcción, estarían dispuestos a mostrarle al alcalde que no cuenta con la aprobación de la población. Yo, al menos, desde esta posición que me brinda la Página de Opinión de LA PRENSA, repruebo la promoción de los antivalores que ostentaría ese monumento contra los cuales muchos hemos luchado desde nuestras respectivas posiciones de servicio y en nuestras luchas cívicas privadas y públicas. Espero que pronto veamos alguna iniciativa que no dudo será muy bien respaldada.
La autora es educadora y socióloga.