Pbro. Rafael Ibarguren*[email protected]
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A los pies de la Virgen del Trono
Pbro. Rafael Ibarguren*
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Mientras usted lee plácidamente el periódico en esta distendida mañana de domingo, un acontecimiento de gran alcance espiritual moviliza a miles de personas que se concentran en la Basílica de El Viejo, en Chinandega: el II Congreso Nacional de los Oratorios Peregrinos del Inmaculado Corazón de María, iniciativa de los Heraldos del Evangelio.
No todo lo que brilla es oro, y, sobre todo, no todo lo que es oro brilla a los ojos de todos. Hay realidades bellas que quienes no las han visto o experimentado, las pueden ignoran completamente. Lo cierto es que muchos no saben que en miles de hogares nicaragüenses se reza regularmente el rosario ante un sencillo y digno retablo que representa a la Virgen de Fátima que ostenta su Corazón. Para la ocasión se reúne la familia, llegan vecinos, se ora, se canta, suele haber un brindis y, en algunos contados casos, hasta se quema pólvora. En ciertos pueblos o comarcas, esto constituye un pequeño acontecimiento.
Hace cinco años atrás, comenzaban a peregrinar en Nicaragua los cinco primeros oratorios de la Virgen de Fátima en el territorio de la parroquia de Santa Marta de Managua. Hoy, ellos se multiplican y llegan a más de 4,000 familias de diversos departamentos del país de las Diócesis de Managua, Granada, Jinotega y León.
Impulsado por dedicados líderes marianos (esas infatigables señoras que tan generosos servicios prestan en las parroquias, matrimonios activos en pastorales o movimientos, jóvenes dinámicos) cada oratorio visita 30 familias de un sector urbano o rural en días fijos cada mes. Es siempre el párroco del lugar que bendice y entrega los oratorios a los líderes que coordinarán su peregrinación.
La extensión de esta iniciativa apostólica ha llegado a cruzar las rejas de la cárcel Modelo, donde circulan tres oratorios entre los reos de diversas galerías. ¡En La Modelo, privados de libertad rezan diariamente el rosario!
Y más allá de nuestras fronteras: la piedad y el empeño de nicaragüenses llevó los oratorios a lugares tan distantes como Houston, París o Tokio donde se reúnen familias para rezar y cantar a María.
Este año, tiene lugar el II Congreso de los Oratorios en el Santuario Nacional de El Viejo, a los pies de la Patrona de Nicaragua (el primero fue en la parroquia San Miguel Arcángel de Managua en febrero pasado). Con solicitud pastoral, monseñor Rodrigo Urbina, Rector del Santuario, recibe hoy a los congresistas para una jornada de oración y de reflexión, que comienza con una procesión —Pablo Antonio Cuadra ha escrito que el pueblo nicaragüense es un pueblo procesional… desde la entrada de El Viejo hasta la Basílica. La jornada tendrá su momento ápice en la solemne Eucaristía que celebrará Su Eminencia el cardenal Miguel Obando, Arzobispo emérito de Managua. Numerosos sacerdotes concelebrarán ante un público inmenso venido de regiones diversas del país y de naciones hermanas.
Se congregan en ese congreso los líderes de Oratorio y numerosas familias que los reciben en sus hogares. Llegan desde las lejanas montañas de El Cuá, en Jinotega, de ciudades, de pueblos y de comarcas. Acompañan a María en este día pobres y ricos, habitantes del campo y de la ciudad, trabajadores y empresarios: a todos une la Reina del Cielo bajo su manto maternal.
Cada Oratorio —son ciento cincuenta los que peregrinan en Nicaragua— tiene ya su historia propia. Pequeños o grandes milagros como conversiones o curas; personas indiferentes que se integran a la vida eclesial, familias confundidas en otras religiones o cultos que vuelven, vecinos enemigos que se reconcilian, jóvenes pandilleros que se componen, en fin, un sinnúmero de signos de esperanza.
En el origen de esta fuente de gracias está la bendición de un Papa. En efecto, el 28 de febrero del año 2001, en audiencia con Juan Pablo II, el Padre Juan Clá, Presidente General de los Heraldos, obsequió el primer Oratorio de este apostolado naciente al Pontífice. Posteriormente, Juan Pablo II otorgó una Bendición Apostólica a todas las familias que participan de dicho apostolado.
Hoy los oratorios están presentes en sesenta países. Nicaragua no es una excepción.
La Virgen prometió la victoria de su Inmaculado Corazón en Fátima. Ese triunfo comienza en el interior de cada corazón, de cada familia, de cada comunidad… Es ese anhelo y la certeza de ese triunfo que hoy se deposita a los pies de la Virgen del Trono, allá en su Basílica de El Viejo.
* El autor es sacerdote, miembro de la asociación de Derecho Pontificio Heraldos del Evangelio.