Ana María Ch. de Holmann
Él, Rodrigo, era especial, siempre listo a servir, a dar algo a alguien. Se adivinaba en tan sólo ver su mirada profunda, franca, limpia de rencor, llena de amor y de compasión para quien necesita, mostraba una sonrisa siempre a flor de labios, lo que confirmaba su actitud.
Él, Rodrigo, era fuerte, no sólo en su contextura física, sino también en esa fortaleza en la que uno se apoya y siente seguridad, confiando en que su problema pronto será solucionado. Alegre y jovial, amistoso, además guapo.
Quizás no contaba con los recursos económicos para solucionar los problemas que le presentaban amigos, vecinos, algunos necesitados y enfermos, el padre Marco Dessy para poder realizar sus obras en el Centro Educativo y Formativo Betania. Él le conseguía al Padre transporte, y a los enfermos y necesitados atención médica y medicinas a través de sus amigos doctores y de los dueños de farmacias, en fin, todo lo que podía conseguir con sus contacto y amistades y así poder solucionar las necesidades a su alrededor moviendo los corazones de quienes podían ayudarle para ayudar.
Él, Rodrigo, era campechano, chalán para montar en su caballo de raza, “El Sorprendido”, exhibiéndolo en el tope de las fiestas de Santa Ana, patrona de Chinandega. También era aficionado a jugar a los gallos. Un día domingo muy asustado llegó un amigo a pedirle ayuda; había chocado el carro de su papá, pero lo peor era que lo había tomado sin su permiso, chocándolo por su inexperiencia. “No te preocupés”, le dijo. “Ya vuelvo con el dinero que necesitás”. Ese día jugaba “El Chirizo”, un gallo giro que era uno de sus favoritos. Tenía la fe de que ganaría y más aún con su petición a la Virgen del Trono, de quien era muy devoto, y más pronto que tarde tenía en sus manos los cuatro mil que pedía el mecánico para la reparación del carro y se los llevó al amigo.
Él, Rodrigo, era una promesa del futuro… Así era él, un hijo amoroso, un amigo desinteresado y fiel, sincero, un constante servidor de la obras del padre Marco. El Teatro que se fundará y se inaugurará hoy sábado 18 de febrero, para presentar el Coro Getsemaní y las obras teatrales que interpretan los alumnos de este centro, llevará el nombre de Rodrigo Callejas Montealegre, quien por toda su trayectoria merece ser honrado con la distinción que hacen a su nombre.
La santa voluntad del Creador fue que quiso adelantar la hora del encuentro de Rodrigo con el Señor. En el mismo día que se enterró él se uniría en matrimonio con Clemencia, pero en vez de esa alianza alcanzó las promesas en la plenitud de la luz y el gozo eterno, dejando un vacío y lágrimas entre todos los que le aman.
La autora es articulista de LA PRENSA.