La encíclica de Benedicto XVI

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La encíclica de Benedicto XVI





La primera encíclica del Papa Benedicto XVI, Dios es amor, trata del amor de Dios manifestado en su relación con los seres humanos en la historia y el cual se concretiza en la persona y obra de Jesucristo. De manera que esta encíclica sienta una base adecuada para la discusión de un sinnúmero de temas importantes como violencia familiar, social y religiosa; naturaleza y función del matrimonio; ecumenismo; socialismo y capitalismo como sistemas creadores de justicia o injusticia, etc.

Benedicto XVI comienza su escrito con una discusión etimológica de los dos términos griegos más importantes referidos al amor: “eros” (amor físico, pasión) y “ágape” (amor que actúa a favor del ser amado, y en este sentido, amor espiritual). Sobre esta base, defiende la unidad espíritu/cuerpo que constituye el ser humano y censura la dicotomía que separa estas realidades como si fuera posible hablar de un hombre que sólo es carne o que sólo es espíritu. De esta manera el Papa rescata el valor e importancia del amor “erótico” dentro de la relación matrimonial que constituye, por así decirlo, la antesala necesaria para el desarrollo de un amor más duradero y trascendente, el “ágape”, que es el amor que no busca lo suyo sino el bienestar del otro hasta llegar al sacrificio.

Usando la experiencia del profeta Oseas —quien se casó con una mujer que le fue repetidamente infiel— el Papa ilustra el amor sacrificado, paciente y al mismo tiempo apasionado de Dios que como un esposo enamorado, ama a su esposa, Israel, aunque ésta le ha sido infiel con los ídolos. A través de la misma figura del matrimonio, Benedicto XVI dice que así como en la convivencia de pareja donde prevalece un amor auténtico, uno llega a ser semejante al otro y a pensar y desear en común, Dios desea que los seres humanos tengan con él una relación tan íntima que con el tiempo piensen y deseen como él. La imitación de Dios se convierte en el camino hacia la restauración de la fraternidad humana: “La familiaridad con el Dios personal y el abandono a su voluntad impiden la degradación del hombre y lo salvan de la esclavitud de doctrinas fanáticas y terroristas”, dice Benedicto XVI.

El Papa dice que la búsqueda del orden justo, social y estatal, no es un cometido inmediato de la Iglesia sino que corresponde a la política y al Estado. En este sentido, reafirma la distinción establecida en el Concilio Vaticano II en lo relativo al reconocimiento de la autonomía de las realidades temporales. Sin embargo, en vista de las limitaciones de la razón humana la Iglesia juega un papel iluminador e instructivo con respecto a la visión de Dios para la creación de una mejor y más plena humanidad. E influye “a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige renuncias, no puede afirmarse ni prosperar”. De ahí que la Iglesia no pueda vivir al margen de la lucha por la justicia.

Benedicto XVI rechaza los sistemas totalitarios y centralistas a los cuales llama “sueño desvanecido” e implícitamente se manifiesta a favor de una economía libre, basada en un contexto legal, ético y religioso, en línea con las encíclicas Rerum Novarum de León XIII y Centesimus Annus, de Juan Pablo II. Asimismo, el Papa censura el principio que afirma la justificación de los medios para alcanzar un buen fin: “La verdad es que no se puede promover la humanización del mundo renunciando, por el momento, a comportarse de manera humana. A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasión y donde sea posible, independientemente de estrategias y programas de partido”, dice Benedicto XVI.

La primera encíclica de Benedicto XVI, en la que también argumenta a favor de la caridad de la Iglesia independientemente del nivel de desarrollo económico de cualquier sociedad, porque “más allá de la justicia (el ser humano) tiene y tendrá siempre necesidad de amor”, debería ser leída y estudiada por todos los católicos que tengan la posibilidad de hacerlo, y también por quienes no lo son pero por múltiples razones es muy importante que conozcan la esencia del pensamiento católico actual.

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