Ricardo A. De León Borge (*)
El pueblo palestino vivió su segundo proceso electora, el pasado 25 de enero, con la opción de la continuidad con Al Fatah, acusado de actos de corrupción, con un desgaste político grande y la falta de primacía de un líder como lo fue Arafat; o el cambio con Hamas, que en su haber tiene miles de muertos, a través de ataques terroristas contra Israel, y en búsqueda de dar un cambio radical.
Los pobladores tuvieron la oportunidad de demostrar su descontento hacia las políticas practicadas y han decidido llevar a cabo el inicio de una transformación, que suponen será para traer mayores beneficios y oportunidades.
¿DEMOCRACIA? Dichas elecciones han demostrado que aunque la concepción de democracia no tiene fundamentos sólidos entre las poblaciones del Medio Oriente, una parte importante, como es el sufragio universal, ha sido llevada a cabo con un pacifismo sorprendente y una asistencia inesperada. Aunque claro está que este proceso electoral no significa que otros componentes de una democracia estén presentes. Sin embargo, es un gran avance y un triunfo para los que desde Occidente propugnan el sistema democrático como necesario en toda la faz del mundo, como un medio para suprimir los males que lo azotan. Afganistán e Irak fueron las primeras pruebas para demostrar el camino a seguir para la libertad.
REACCIONES. En primera instancia, la comunidad internacional mostró su beneplácito por las ejemplares elecciones. Sin embargo, no están muy contentos con los resultados que dieron a Hamas 74 escaños, lo que convirtió a este grupo en los grandes vencedores.
Hamas es considerado terrorista por gran parte de países. En su carta fundacional exhorta a la eliminación de Israel. Estos dos temas han hecho que el Cuarteto de Madrid, integrado por Estados Unidos, Rusia, Naciones Unidas y Unión Europea, haya instado a Hamas a deponer su actitud hacia Israel y abandonar todo tipo de acciones terroristas, como un inicio para continuar el proceso de negociación.
Por su parte, Rusia ha hecho camino aparte e hizo una oferta de negociación directa, ya que no consideran a Hamas un grupo terrorista. Una jugada estratégica de Putin, centrado en negociar para buscar salidas al conflicto que tiene en Chechenia.
La presión internacional, tendrá que ser un factor importante para que Hamas inicie un cambio y realice un esfuerzo por seguir el camino hacia unas negociaciones más abiertas. La ayuda económica que recibe Palestina de parte de la Unión Europea y Estados Unidos se vería en peligro de no existir un cambio en la concepción de sus ideas.
ISRAEL. Mantiene una posición ambivalente entre el mantener reuniones de alto nivel con Hamas o simplemente cortar todo tipo de negociación, ya que no es un interlocutor válido, debido a la hostilidad permanente de este grupo al Estado hebreo. Sin embargo, Israel debería mostrar cierta apertura hacia el diálogo. Sobre todo por la proximidad de sus elecciones, que serán en marzo, y que podrían minar el camino abierto por Ariel Sharon, en la búsqueda de mecanismos para lograr la tan ansiada paz y el surgimiento de un Estado Palestino.
FUTURO. Hamas ha dicho que si Israel acepta retirarse hasta los límites antes de la guerra de 1967, sería posible una tregua prolongada con Israel, para facilitar las negociaciones.
Si los dirigentes de Hamas son inteligentes, pueden llegar a ceder gran peso de la presión internacional sobre Israel. Esto lo conseguirían si actúan de manera responsable a lo interno de Palestina, revirtiendo el legado de corrupción y desorden político de Al Fatah, procurando mantener el laicismo, continuar con su política de ayuda a los palestinos más pobres, absteniéndose de perpetrar ataques a blancos judíos y comenzar a reconocer al Estado de Israel.
Todos estos elementos combinados con una política exterior pragmática, podrían dar como resultado un mayor reconocimiento y apoyo hacia la causa de la creación de un Estado Palestino, mayores volúmenes de ayuda económica y técnica para salir de la agobiante pobreza que golpea a la mayoría de los palestinos.
De lo contrario, y de seguir con las políticas hasta hoy puestas en práctica, los escenarios negativos se multiplicarían, y un futuro de paz y desarrollo en esa zona del mundo sería imposible de alcanzar.
Los impactos podrían ir desde el mantenimiento del status quo, o sea de atentados tras atentados y respuestas igualmente inhumanas, hasta el inicio de un domino de conflictos armados, que podrían terminar en una guerra devastadora, en la cual se verían inmiscuidos Estados Unidos, Rusia, Irán y varios países árabes.
(*) Analista de Política Internacional.