Huaca de “la nueva era”

Gustavo Soto García

En la fiesta de la Natividad el Papa Benedicto XVI dijo que “el resplandecimiento de la verdad producía paz interna”. Para mí, la verdad sólo tiene validez si está acompañada de justicia, como es el tema de este artículo.

Para comenzar, el invento de la huaca se lo debemos al gobierno de Enrique Bolaños, cuando se estereotipó la corrupción cubriéndose el Ejecutivo con un manto de honestidad, el cual quiero develar con otra huaca: la subasta pública de las activos de los bancos quebrados, ejecutada por el Banco Central el 21 de mayo de 2003 y dirigida técnicamente por la firma First Financial Network.

Digo que es una huaca porque quienes usufructuaron de ella han permanecido en silencio gozando de sus beneficios por un lado y por otro alimentando un —para mí hasta hace poco desconocido— submundo de negocios sucios, mezquinos y oportunistas, al calor del poder, de la influencia de algunos jueces y funcionarios del mismo Banco Central con compra de voluntades por debajo, mientras de otra parte muchos nicaragüenses son expropiados de sus patrimonios, fraudulentamente y acosados por quienes compraron a precio de “guate mojado” las carteras de los activos residuales de los bancos. Y estas no son pisadas de animal grande, como decía el doctor Francisco Mayorga, son pisadas de homus animal normales, algunos testaferros y otros inversores, compradores directos que encontraron la lotto de don Enrique en dicha subasta.

Mi denuncia es sólo la punta del iceberg, apenas $152,344,974.30 millones de dólares (el equivalente a los activos del Interbank), una parte de esa subasta donde tres empresas compraron esa cartera por la cantidad de $2,938,781.62 millones de dólares, o sea que este “loteriazo” les costó el 0.02 por ciento. En otras palabras, pagaron menos del 1.0 por ciento, menos de dos centavos por cada mil dólares de la cartera, a vista, paciencia e ignorancia de muchos nicaragüenses, entregándoles el Gobierno a estas tres empresas la suerte de miles nicaragüenses que hoy son sujetos de cobranza por los nuevos dueños de esas carteras.

Me pregunto: ¿cómo el Gobierno regaló esos 153 millones de dólares a través de esa subasta pública llena de vicios ocultos, preferencias, postores disfrazados de ONG y personalidades que recompraron deudas de otros, por supuesto en colusión con funcionarios del Banco Central? De otra parte, estamos esperando que la Cuenta del Milenio nos regale 125 millones de dólares, o que el FMI nos financie con 85 millones la carretera de Chinandega-El Guasaule, y a costas del contribuyente se sigue pagando la deuda interna aumentando la pobreza de este país.

Si el Gobierno hubiese recuperado el 50.0 por ciento de estos 153 millones, o sea $76.5 millones de dólares, dejando que las juntas liquidadoras negociaran directamente con los deudores vía mecanismos como el arbitraje o facilitación del Cosep, a estas alturas el banco de fomento para los productores tuviera el capital germinal en sociedad con otros actores económicos. En cambio, en virtud de promover la equidad el mismo Gobierno se encargó de generar desigualdad, porque mientras estas tres empresas se beneficiaron de dicha subasta, miles de nicaragüenses hoy son perseguidos en juicios civiles, con métodos de intimidación, y chantaje de parte de las empresas adquirentes.

El punto central es que esta subasta fue avalada con un cheque en blanco de parte de la Asamblea Nacional y la Superintendencia de Bancos, haciéndose de la vista gorda la Contraloría General de la República. Pero, ¿el 3.0 por ciento de recuperación de dicha subasta redituó lo gastos operativos de la misma, más el 5.0 por ciento de comisión de las juntas liquidadoras sobre los activos recuperados y el pago a la firma First Financial Network por la organización de la subasta? ¿Quién sabe el dato exacto de lo que costó este callado e ignorado evento?

En otros artículos voy a demostrar con documentos y cifras —y en conferencia pública con información vasta y sustentada—, cómo la subasta se convirtió en una suculenta merienda de negros, aderezada al mejor concepto gourmet por algunas personas que se están volviendo potentados millonarios gracias a esta huaca de la Nueva Era.

El autor es economista.

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