Raúl Isaac Suá[email protected]
Roman, Times, serif»>Opinión económica
Política económica y nivel de vida en Nicaragua
Raúl Isaac Suárez
[email protected]
En la primera conferencia económica del 2006 que fue presentada el 19 de enero, el Ministro de Hacienda y Crédito Público, Mario Arana, expuso los principales logros que en materia económica Nicaragua alcanzó en el 2005 y los que espera alcanzar en el 2006. En el informe de dicha conferencia se muestra un gran optimismo sobre los resultados de la gestión pública y se realza el hecho de que estos logros continuarán en el 2006. Sobre todo porque, según se implica en el informe, estos sólo ocurrieron gracias a que el gobierno pudo mantener una estabilidad macroeconómica en el país pese a las crisis políticas e institucionales.
Según el informe, en el 2005 el PIB creció en 4.0 por ciento. Las exportaciones de mercancías ascenderán a US$ 849.2 millones. Y el saldo de las reservas internacionales se ubicó en US$ 730 millones. A parte de eso el índice mensual de actividad económica (IMAE) mostró un crecimiento de 4.9 por ciento. El crecimiento de la actividad agrícola también es algo que se enfatiza en el informe, así como también el aumento en el nivel de empleo en un cinco por ciento y el aumento de los depósitos del sistema financiero en 4,050.3 millones de córdobas. Monto que, según afirma el informe, es un indicador de la confianza de los ahorrantes en el Sistema Financiero Nacional.
Probablemente el lector se estará sintiendo en estos momentos un poco renuente a creerle a estas cifras. Especialmente por el hecho de que no le parecen concordar con la realidad que le toca ver y vivir todos los días en las calles de nuestra capital. Ya no digamos en los departamentos y en las zonas rurales de nuestro país. No debe usted sentirse extrañado con este sentimiento. No es el único que lo siente. De hecho, casi todos los días se muestran en los medios locales la desconfianza y el pesimismo que los ciudadanos comunes sienten de la economía. Un estudio realizado por el programa de políticas públicas de la Universidad Nicaragüense de Ingeniería (UNI) mostró que la confianza del consumidor no está mejor. Según este estudio, la mitad de los encuestados cree que el próximo año será de crisis. A la mayoría no le alcanza para ahorrar y más de la mitad piensa que estará peor o igual que ahora.
Si tomamos un par de supuestos de la teoría económica moderna, tales como la racionalidad de los consumidores y la exactitud de las cifras arrojadas por el sistema de cuentas nacionales de la ONU (el que se usa en Nicaragua), y le creemos ciegamente a ambas partes, es decir al Ministerio de Hacienda tanto como a los consumidores, y asumimos que ninguno está equivocado, entonces nos toca preguntar: ¿Por qué existe entonces esta discrepancia entre las cifras y la realidad que supuestamente estas deben de medir? Pareciera que no hay una correlación positiva entre la política económica y el nivel de vida de la ciudadanía. Todo hace indicar que mientras la política económica del gobierno genera más y mejores resultados, la ciudadanía no los percibe e incluso para algunos empeoran las cosas. La correlación que parece existir entre estas dos variables (si es que existe alguna) parece ser negativa. Es decir que se mueven en sentido contrario.
Posiblemente, la clave a este enigma esté en las palabras de introducción del informe de la VII conferencia económica del Ministerio de Hacienda.
La última conferencia dictada en el 2005. En este informe el ministro hace referencia a un fenómeno que sucedía al momento de dictar la primera conferencia económica. Textualmente la frase dice así: “Hace unos meses atrás, el documento correspondiente a la Primera Conferencia Económica hacía referencia al hecho que los logros económicos no estaban siendo bien percibidos por la mayoría de los nicaragüenses”. Tal parece que ese fenómeno lo seguimos sufriendo hasta la actualidad. Puesto que la discrepancia entre los logros mostrados por las cifras macroeconómicas y la percepción del ciudadano común y corriente sólo puede explicarse por una injusta distribución de la riqueza social. Una desigualdad en la distribución del producto social que, al contrario de lo que afirma el informe económico, no se ha eliminado.
El error aquí está en dirigir la política económica hacia el aumento de la tasa de crecimiento total e ignorar como se distribuirá este aumento entre los sectores de la economía. El dejar que las fuerzas del mercado actúen de manera totalmente libre en países pequeños con una alta tasa de desigualdad, únicamente lleva a que los agentes económicos más fuertes saquen el mejor y el mayor provecho del crecimiento que una política de este tipo pueda traer. Tal como lo afirma Joseph Stiglitz, Premio Nobel en Economía 2001, en países con una estructura económica deformada las políticas de mercado muy severas son como cuchillos que abren más la herida en lugar de cerrarla.
Un gobierno que desee que sus ciudadanos, desde el más rico hasta el más pobre, perciban los beneficios de sus logros en materia económica, debe asegurarse de que su política económica tenga una correlación positiva con esta percepción. Y la manera de lograr esto es asegurándose de crear mecanismos y procedimientos que garanticen que los beneficios de sus acciones llegaran hasta los estratos más bajos de la sociedad, y que no se quedaran flotando en las clases más altas. A este gobierno sólo le resta un año de gestión, pero puede sentar las bases para ese trascendental cambio. Y el gobierno que le siga deberá tomar muy en cuenta este aspecto, si es que quiere causarles una buena impresión a todos los nicaragüenses que, con mucha fe, los eligieron para gobernarlos.
* El autor es estudiante de Economía, UNAN-Managua.