- Miles de centroamericanos se
suben a “la bestia de hierro” en busca del “sueño americano” - Los inmigrantes tienen que
caminar más de 300 kilómetros
para poder abordar el tren
Juan de Dios García DavishCORRESPONSAL/[email protected]
Un poco más de un millar de inmigrantes centroamericanos que durante una semana huyeron de la feroz persecución de los agentes de migración, policía sectorial y municipal, con hambre y sueño lograron subir al “lomo de la bestia de acero”, el tren que los acercará al “sueño americano”.
Ellos prefieren morir o quedar mutilados si se duermen o se cansan de ir colgados durante el viaje a vivir en medio del hambre y la pobreza con tal de llegar a Estados Unidos.
Los pasajeros de este ferrocarril son hombres, mujeres y niños que caminaron más de 300 kilómetros desde el poblado de Ciudad Hidalgo, frontera con Guatemala a esta localidad de Arriaga, limítrofe con Oaxaca, México, en donde el huracán Stan no arrancó las vías del tren.
“El tren de la muerte”, como también se le conoce, salía a diario de Ciudad Hidalgo, Chiapas con destino a Ixtepec, Oaxaca, pero ahora no tiene hora ni día de salida, ya que el huracán Stan arrasó con puentes y vías férreas en octubre pasado.
El huracán Stan cambió la ruta migratoria, antes del fenómeno meteorológico, los indocumentados abordaban el tren en el poblado fronterizo de Ciudad Hidalgo y Tapachula, este último se localiza a escasos 45 kilómetros de la frontera con Guatemala.
En este tren viajaban colgados de los furgones los salvadoreños, Jorge Chamdomi, Enrique Arellano Díaz, Laura Yamileth Díaz, Esperanza Ruiz Arellano, originarios de San Francisco Goteras; las guatemaltecas Cecilia y Sofía López y los nicaragüenses Amalio, Rubén y Dinora, entre cientos y cientos de indocumentados.
Un día antes de subir al ferrocarril de la empresa Chiapas-Mayab una camioneta Nissan y una vam blanca, en donde viajaban seis hombres con camisas celestes y pantalón azul —migración— persiguieron a un grupo de “sin papeles” que se escondieron en el panteón de esta pequeña localidad.
Nadie fue detenido, a pesar del hambre y desvelo los indocumentados lograron escapar entre las sombras de la noche.
VÍCTIMAS DE ABUSOS
La visita de LA PRENSA llama la atención de los extranjeros indocumentados que se acercaron primero a pedir unas monedas, comida, agua y luego para denunciar abusos, atropellos y vejaciones de las autoridades mexicanas.
Otros esconden sus asustados rostros entre los matorrales secos y espinosos, el miedo a la migra y policías locales es evidente, prefieren mantenerse a la expectativa que arriesgarse a que los detengan en una cacería de las autoridades mexicanas.
“Mire, la migra y los policías no nos dejan acercarnos al pueblo, nos detienen y nos quitan el dinero, también nos golpean e insultan, digan eso. Que el presidente Fox se entere lo que nos hacen a los migrantes, es lo mismo que Estados Unidos le hace a los mexicanos”, señala uno de ellos.
¿Por qué se esconden?
“La migra y la policía nos joden, nos roban lo poco que traemos, nos corren, quieren que les demos dinero para que no nos detengan pero no traemos. La policía nos ha hecho disparos en el aire, demasiado nos hemos sacrificado para que nos agarren fácilmente”, denuncia un migrante originario de Tocoa Colón, Honduras, quien se negó a proporcionar su nombre.
En este grupo hay salvadoreños, guatemaltecos, hondureños, nicaragüenses y dos cubanos.
En un pequeño rancho abandonado, que se ubica a medio kilómetro de esta cabecera municipal, otro grupo de “sin papeles”, en su mayoría provenientes de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, señalan que desde hace tres días no comen por temor a bajar al pueblo. Allá nos están esperando los policías, quieren que bajemos para “treparnos” dicen.
Los “sin papeles” presentan en todo su cuerpo piquetes de zancudos, y algunos se rapan debido a que sus cabezas se llenaron de piojos por dormir en potreros.
¿Por qué abandonaron su país?
Hay mucha pobreza, no hay trabajo, el sueldo es muy poco y no alcanza para hacerse de una casita, responde, casi todos, entre ellos, Walter Funes, un joven que prefiere guardar en el anonimato su nacionalidad.
LA IGLESIA DENUNCIA
El encargado de la Casa del Migrante Jesús es Misericordioso, que fue habilitada hace poco menos de cuatro meses, Elías Camacho Clemente, denunció que el 95 por ciento de los indocumentados que arriban a esta población son despojados del poco dinero y golpeados por policías mexicanos.
“Los migrantes son tratados como animales o peor, los persiguen para quitarles sus dineros… no tienen respeto hacia ellos”, dice con enojo Camacho.
Luego de que las vías férreas fueron dañadas por las lluvias provocadas por el huracán Stan, este poblado que se ubica a unos 40 kilómetros del Estado de Oaxaca y a más de 300 de la frontera de Guatemala, se convirtió en la concentración de cientos de “sin papeles” que buscan llegar a Estados Unidos.
La Casa del Migrante Jesús es Misericordioso atiende diariamente a unos 300 indocumentados que llegan para viajar a bordo del ferrocarril, a quienes brinda hospedaje, alimentación y atención médica por tres días.
De acuerdo con las estadísticas de esta organización, Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua son los países de donde proviene la mayoría de los inmigrantes.