Juan Velásquez Molieri
La frentista Alcaldía de Managua está erigiendo un monumento al liberal independiente Rigoberto López Pérez, autor material de la muerte del general Anastasio Somoza García el 21 de septiembre de 1956, y todo parece indicar que este año su inauguración coincidirá con el 50 aniversario de la efemérides, con bombos y platillos y el sempiterno discurso electorero del que quedamos extenuados.
Se confirma con ello la intención de la bancada frentista en la Asamblea Nacional de impulsar el incremento de los presupuestos a los municipios y dejar para su candidato la inauguración de obras, continuar promoviéndolo como el falso mesías de siempre y proyectándolo para las elecciones de noviembre.
Pero develada esta intención, el monumento que erige la Alcaldía tiene otra connotación histórica porque con su erección se confirma la vocación perturbadora de la obra. Lo digo porque a un sector del pueblo le va a agradar el monumento pero a otro sector le va a desagradar, lo que contribuye a fomentar y sostener más la división en el pueblo, en el rencor de quienes profesaban cariño a Somoza García y en la alegría de quienes se solazaron con la acción de López Pérez.
Hace unos pocos años descendientes del general Somoza García promovieron una misa en su recuerdo en una iglesia cerca de Montelimar y asombrosamente el templo se llenó de una multitud de gente humilde que, —como antaño solían hacerlo con caudillos de otras épocas— se acercaban a los jóvenes Somoza de hoy a renovarles su lealtad, afecto y simpatía.
Yo vi y oí hace mucho a una anciana salir de un grupo de personas reunida en el parquecito de la Basílica de San Antonio en ocasión de los funerales del general Carlos Pasos, repitiendo que ya podía morir tranquila después de haber visto y tocado al general Emiliano Chamorro.
Y estoy seguro que esas mismas personas nuevamente irían a otras misas en memoria del general Somoza García y quizá también tendrían el deseo de hacer desaparecer la obra. A nuestra Alcaldía no le luce ni es su gestión remover esos rencores erigiendo ese monumento a López Pérez que no era de Managua sino de León. ¿Cuánto cuesta ese monumento y es esa una gestión propia de una Alcaldía?
Yo creo que la misión de una Alcaldía es trabajar por su ciudad en sus numerosos problemas de municipalismo. Managua padece constantes problemas en las calles, de basura, de ornato, el desorden vehicular que aumenta; en sus parques no se continuaron obras como las de Genaro Amador Lira, conciertos musicales los domingos y otras atracciones que solían promover otros alcaldes.
No habrá en todo Managua un monumento similar. He visto bustos de Morazán, de Estrada, de Darío, del prócer argentino Bartolomé Mitre; el de Bolívar en el Parque Juan Pablo II, Josefa Toledo de Aguerri. En esa rotonda frente a una universidad debieron colocar el monumento al maestro Gabriel Morales, un educador bien recordado por todos. López Pérez representa la violencia, de la que debemos olvidarnos para siempre.
Los nicaragüenses debemos interesarnos en erradicar el rencor que nos ha dividido como pueblo, comenzando por promover otro tipo de obras que tanta falta hacen. En una viñeta de un noticiero del canal de noticias pro-frentista se destaca un filme del instante en que el monumento a Somoza García era derribado en julio de 1979: y cuando finalicen el monumento a López Pérez veremos el contraste de los hechos. Un monumento derribado y otro construido de dos personajes a quienes mejor deberíamos archivar en el silencio de nuestra historia.
En ese sentido los costarricenses han sabido conservar la armonía. Del mismo modo. En Nicaragua no. Aquí el frentismo sigue promoviendo el odio sin el cual nuestro pueblo podría avanzar y cambiar, lo que tanto necesitamos.
El autor es periodista