José Martí

Carlos Daniel Quintana Quiero hoy a sombra de ala recordar cuentos de amor, también unirme al dolor del daño que hizo una bala. Sublime apóstol Martí: ¡Pensando en tu lira de oro, te lanzo estrofas en coro; para llegar hasta ti! Tú el de la palabra alada, trépidamente y convincente, del lucero en su amplia […]

Carlos Daniel Quintana

Quiero hoy a sombra de ala recordar cuentos de amor, también unirme al dolor del daño que hizo una bala. Sublime apóstol Martí: ¡Pensando en tu lira de oro, te lanzo estrofas en coro; para llegar hasta ti!

Tú el de la palabra alada, trépidamente y convincente, del lucero en su amplia frente, y presencia acrisolada. El de la prosa esplendente, y el de los cuentos en flor; de jazmín, lirio y olor, y el de la vida transparente. Tú el de mirar infinito, el de la semblanza frágil, el de rima bella y ágil; y el de temple de granito. Tú, quien su fiel rosa blanca, en junio como en enero, cuidó con calor y esmero; con su mano fina y franca.

Así tu recuerdo añoro entre nardo y alhelí, y tus versos de rubí; con un modesto decoro. Tu verso es franco y sonoro, blanco, azul y carmesí, raudal que emana de sí; amor patriótico en coro. Y siempre es como un puñal, que por el puño hecha flor, en vez de herir siembra amor; y de una flor de un rosal. Quieta fuente es de cristal, o es boyante surtidor, pero hoy lleva más ardor; porque su eco es inmortal.

Y sigue siendo sincero, y también siendo vibrante, sigue agradando al valiente; por tener rigor de acero. Tu verso es áureo tesoro, es aquel bronce candente, que en el alma que lo siente, su sello estampa con otro. Tu verso iba de tu mano, como inseparable amigo, igual que el pobre o mendigo; iba tu calor humano. Tu verso breve y sencillo, que matiza libre y suave, dialecto es como de un ave; o el cantar de Ismaelillo.

Tu vida fue una centella, que dio su luz al Caribe, aquel que con sangre escribe; se toma el mundo estrella. Llegó como un sol naciente, que se plasmó en armonía, y rico en prosa y poesía; dio su fulgor a occidente.

Si hubo dolor en “Dos ríos”, tras perseguir la Victoria, apenas nació tu Gloria; al condensarse tus bríos. ¡Soñaste, flor y bandera! ¡Tu patria pero sin amo! Bandera tienes y el ramo: ¡Lo demás no será quimera! No fue tu vida apostólica en vano: ¡Virtud y honor! ¡Ya ha germinado la flor de Libertad en tu América!

Residencial San Juan

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