Darío: constructor de un tiempo nuevo

Alejandro Serrano

Vista históricamente la obra Dariana habría que decir que esta lleva al ápice al Modernismo en las letras hispánicas. Darío es la cumbre del Modernismo formado por la inserción y síntesis en la lengua castellana del Romanticismo, en tanto que reacción contra el racionalismo y de la poética simbolista y parnasiana.

El Modernismo no es sólo una forma poética y literaria sino que es también una visión del mundo cuyas características históricas más salientes (sobre todo en Darío) son el rechazo al provincianismo español e hispanoamericano, la búsqueda de nuevos símbolos poéticos y de un nuevo ritmo, la libertad total de la expresión y la intención y las ansias incontenibles de universalidad.

La fuerza de Darío en el mundo hispánico trasciende los términos en que estaba planteado el debate entre la visión europea de España y la visión española de Europa; entre un españolismo que pretende salvar a España incorporándola al destino de Europa y un hispanismo que trata de protegerla de la Europa liberal y democrática reviviendo una cristiandad medieval al estilo de las ideas del imperio ecuménico de Carlos V.

La primera forma se dirigía a tratar de alcanzar el sueño de la España europea, prescindiendo de América, como si ésta fuese un obstáculo y un lastre para llegar a la ansiada meta civilizadora; la segunda, tratando de revivir la hispanidad cerrándose a la Europa racionalista y a la universalidad que deriva del humanismo antropocéntrico, reafirmándose en una hispanidad en la que el binomio España-América forma una unidad indisoluble, integrada y universal.

Darío trasciende a ambas, ni España sin América, ni América sin Europa. Él va a rescatar lo mejor, va a nutrir sus raíces de la gloria y riqueza del Siglo de Oro Español, cuya luz no puede disipar la opacidad del provincianismo de la España de su tiempo; va a tomar el idioma y lo va a lanzar fuera de la aldea cultural donde lo encuentra. Por eso, a pesar de todo, a pesar de los cisnes, princesas, abanicos y marquesas, tan invocados para acusar a Darío de decadente, el balance integral de su poesía es de renovación y de apertura de posibilidades inmensas, es de creación de un nuevo horizonte universal para la lengua española.

Darío abrió a las letras hispanas las puertas de la modernidad y de la cultura universal. La Modernidad, entendida como una forma de denominar la Era Moderna, por definición racionalista, ilustrada, humanista y utópica, tuvo su expresión hispanoamericana a través de la reacción que contra ella produjo el Modernismo, compuesto de elementos que provenían del Romanticismo, el Simbolismo y los creadores parnasianos, entremezclados en referencias constantes al mundo griego mitológico, dionisiaco y apolíneo y a la cultura clásica latina. El Modernismo fue una reacción antimoderna pero dentro de la modernidad.

En cierta forma fue una especie de modernidad tardía, pero sobre todo, y en la medida en que fue capaz de crear un mundo nuevo de la cultura y de las letras hispanas, fue una reacción contra un desmesurado y provinciano casticismo, contra el afán de querer encerrar a España y América bajo siete llaves en el, a esas alturas de los tiempos, estrecho estuche del clasicismo español. Fue, pues, moderno y modernista, transformador del tiempo de los castillos medievales, puentes levadizos y aventuras de caballería ya demolidos por Cervantes en El Quijote.

La poesía de Darío, además de la revolución que produjo en la lengua española, musicalidad, ritmo y rima del idioma, es también una visión del mundo que se expresa tanto en la vocación de universalidad, en la que se disuelve todo provincianismo, como en la reafirmación de la identidad, en la que se disipa toda uniformidad.

Lo que Darío hizo en la cultura, su capacidad de integración y de síntesis, constituye, a mi modo de ver, una profunda lección que debe ser un inexcusable referente ante la crisis de nuestro tiempo que tiene una doble y paradójica dimensión: la uniformidad y la fragmentación. La misión y visión de las culturas particulares adquieren, a partir del legado de Rubén Darío, un sentido más claro y profundo cuando se las relacionan con su perspectiva universal que resulta de la integración de experiencias y valores plurales.

Su visión cultural es siempre una visión integradora, universal y humanista que parte desde la raíz más profunda de la identidad, hasta el horizonte más ancho de la universalidad. Darío al integrar culturas y perspectivas en su obra poética inventó no sólo un mundo, sino una forma de construir ese mundo, un método, un camino. El humanismo de Darío es no sólo antropocéntrico, es también cosmogónico y metafísico. Todo ello hace temblar como una hoja mecida por el viento al hombre desgarrado entre las dulces formas y la inmensidad del vacío. El tema metafísico es en él, ante todo, un tema humano que hace vibrar su estremecido corazón.

El drama humano ante el misterio de lo eterno trasciende a la circunstancia y al tiempo. Pero el desafío del arte, la literatura y la filosofía, es histórico. Cada época tiene sus propias exigencias y a ellas habrá que responder preservando en la ética la condición humana y en la estética la unidad y pluralidad de la cultura, la vocación de universalidad a partir de la propia singularidad. Esa fue precisamente la inmensa labor integradora y humanista de la poesía de Rubén. Nuestra época que por un lado uniforma y por el otro fragmenta, que oscila entre la globalización y la tribu, requiere hoy más que nunca, la vocación de pluralidad integrada, como la única y tolerable condición de universalidad.

El autor es filósofo nicaragüense

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