Lecciones mixtas de las elecciones en Costa Rica

Alberto L. Alemán Aguirre Ni el mismo Oscar Arias, tan seguro de su arrollador triunfo desde hace al menos 2 años, ni nadie más, aún el mismísimo Ottón Solís, esperaban un desenlace tan estrecho y tan difícil de imaginar. Según indican los conteos electrónicos, Arias será probablemente el ganador, aunque aún debe esperarse una declaración […]

Alberto L. Alemán Aguirre

Ni el mismo Oscar Arias, tan seguro de su arrollador triunfo desde hace al menos 2 años, ni nadie más, aún el mismísimo Ottón Solís, esperaban un desenlace tan estrecho y tan difícil de imaginar.

Según indican los conteos electrónicos, Arias será probablemente el ganador, aunque aún debe esperarse una declaración oficial del Tribunal Supremo de Elecciones. Desde el martes, sus funcionarios hacen un conteo manual de votos que les tomará unas dos semanas.

En primer lugar, habrá que destacar que la candidatura del Premio Nobel 1987, autor del famoso Plan Arias que sirvió de base para llevar a cabo procesos de paz en una Centroamérica dividida por la guerra en los años 80, siempre fue polémica.

Fue posible gracias a una muy disputada decisión de la Sala Constitucional, que reinterpretó un artículo de la Constitución y revirtió así la tradición de la no reelección que durante varias décadas privó en la política tica. El tribunal dispuso que la no reelección violaba los derechos individuales políticos.

El argumento en contra era que la reinterpretación o cambio del artículo debió haber sido hecho por la Asamblea Legislativa, por lo cual, la candidatura del ex presidente es ilegal.

Su gran prestigio en el país y en el exterior —factor que quizás estimula la arrogancia y el soberbio talante de Arias — impulsó su candidatura. Goza del respaldo de los sectores empresariales, pues, como me han contado amigos del mundo académico costarricense, es la única figura con el suficiente capital político que podría impulsar la privatización de los monopolios estatales como el ICE (telecomunicaciones y electricidad).

Hay que recordar que los intentos de Miguel Ángel Rodríguez o los de Abel Pacheco de abrir estos campos a la privatización, condujeron a protestas sociales jamás vistas en medio siglo.

Costa Rica es el único país que no ha ratificado el DR-Cafta. Es quizás el país centroamericano con amplios sectores sociales que son los mejor organizados del istmo, y que se oponen al tratado y a la privatización de las empresas estatales.

Éstas son rentables y bastante eficientes, una excepción a la regla en Latinoamérica. No obstante, los escándalos que involucraron a dos ex presidentes demuestran que no están exentas de corrupción. El estatal ICE provee el servicio de banda ancha de Internet a un precio inferior y a un número superior de usuarios, que a como lo hacen Enitel o IBW en Nicaragua, por ejemplo.

El vecino país tiene la mejor red de protección social y de salud del istmo, y una de las mejores coberturas en el continente. Ambas son el fruto de una generosa inversión social por largo tiempo. Pero el modelo que las garantizaba está en mala condición.

La resistencia social organizada se dirige a salvaguardar conquistas sociales. Actitudes similares se hallan en Europa, antes los intentos de reformar los costos estados del bienestar.

Arias ha dicho que apoya el DR-Cafta, las privatizaciones y la apertura cada vez mayor de la economía a las inversiones externas. Solís, un ex liberacionista que fue ministro de Planificación de Arias y que como éste hizo un doctorado en Inglaterra, propone renegociar el tratado de libre comercio, no privatizar las empresas estatales.

Como justamente lo señalaron los analistas, los comicios resultaron ser un plebiscito sobre el modelo futuro de desarrollo de Costa Rica.

Numerosos dirigentes y viejos activistas de Liberación Nacional, como el académico Luis Guillermo Solís, se salieron resentidos del PLN cuando el ex presidente impuso su candidatura, alegando que el partido había dejado sus ideas socialdemócratas y abrazado el neoliberalismo.

Un fenómeno positivo es el fin del bipartidismo de medio siglo, dominado por el PLN y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) de Pacheco. Los escándalos que involucran a Rodríguez y a Rafael Ángel Calderón fueron una lápida para el PUSC, aunque el hastío con el gobierno de Pacheco también contribuyó a la debacle.

Un aspecto negativo es el incremento sostenido de la abstención en las últimas 3 elecciones. Esta vez fue del 35% y muestra un aumento constante de la insatisfacción social.

Un suceso curioso es el fallo de las encuestadoras. Todas daban ganador a Arias por un buen margen. El politólogo Jaime Ordóñez sugiere que la gente estaba cansada de la invasión de su vida privada.

“Creo que los escándalos de corrupción y los problemas de ineficacia de la función pública en el sentido general durante las últimas décadas está generando un rechazo a la política que se traslada a un rechazo de las encuestas”, señala también Ordoñez.

Manuel Rojas, otro analista, estima que “es posible que en situaciones de gran conflictividad social las encuestas se aproximan muy poco, no son instrumentos adecuados, son una lente muy gruesa y se necesitan otros instrumentos, lo que algunos llamamos las señales de las calles, esas señales no se estaban entendiendo”.

Por último, hay que admirar el civismo de los dos candidatos que han evitado proclamarse vencedores y esperarán el fallo final. Una bonita lección de responsabilidad democrática para los políticos de aquí.

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