Fronteras calientes

Franklin Barriga López En la Conferencia sobre Seguridad Hemisférica que, en el año 2003, se llevó a cabo en Miami, el general James Hill, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, hizo la advertencia en el sentido de que Panamá corría el riesgo de soportar una invasión de narcoterroristas. La aseveración del alto militar norteamericano […]

Franklin Barriga López

En la Conferencia sobre Seguridad Hemisférica que, en el año 2003, se llevó a cabo en Miami, el general James Hill, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, hizo la advertencia en el sentido de que Panamá corría el riesgo de soportar una invasión de narcoterroristas.

La aseveración del alto militar norteamericano se basó en evidencias que se encuentran no solamente en el referido y hospitalario país centroamericano que posee su estratégico y magnífico canal, catalogado como puente del mundo, sino en las demás naciones que limitan con la vapuleada República de Colombia.

A esas fronteras que corresponden a Venezuela, Panamá, Ecuador, Perú y Brasil, se les conoce como calientes, precisamente por lo que allí sucede: la paulatina infiltración de elementos indeseables, el tráfico ilegal de drogas, precursores químicos y armas, la instalación de sembradíos, laboratorios y campamentos ilícitos, la gravitación de dinero sucio que, por ello, requiere lavarse, el aumento de la criminalidad, la presencia de sujetos vestidos de civil a los que es sumamente difícil descubrir en su real identidad mafiosa o perteneciente a grupos de virulencia armada, entre otros indicadores de lo que acontece y que jamás puede ser ocultado o menospreciado, con el fin de tomar las oportunas y certeras previsiones.

Nunca debe faltar la recíproca ayuda internacional, dadas las características transnacionales de fenómenos tan corrosivos como el narcotráfico, la violencia y la corrupción. Este apoyo necesariamente tiene que ser constante y dinámico.

Incontables pruebas de lo indicado pueden anotarse en cada uno de los mencionados países que corren serio riesgo en materia de seguridad, por la inexorable vecindad geográfica. Recuérdese que en Ecuador fueron capturados líderes de las FARC, mientras caminaban tranquilamente por concurridas avenidas de Quito, realizaban negocios de bienes raíces o se curaban en las clínicas que poseen. El más sonado caso fue la aprehensión de Simón Trinidad, el 2 de enero del 2004, acusado de tráfico de narcóticos, secuestro y complicidad con terroristas, entregado a las autoridades colombianas que le extraditaron a Estados Unidos.

El problema no radica única y exclusivamente en el narcoterrorismo colombiano encarnado sobre todo en las FARC sino también en el de procedencia fundamentalista islámica que estaría utilizando, a lo largo y ancho de América Latina y el Caribe, las rutas y conexiones de narcotraficantes y pandilleros para su brutal expansionismo.

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