Nuria [email protected]
Las perspectivas para el 2006 son, a priori, muy halagüeñas. No hay indicios de que las fuerzas que han estado empujando la economía mundial vayan a empeorar rápidamente: los bancos centrales siguen manteniendo los tipos de interés bajos y se espera que suban sólo lentamente y de forma moderada.
La inflación sigue bajo control, a pesar del incremento en los precios del petróleo y los países emergentes hace tiempo que no nos dan ningún disgusto.
Aunque existen desequilibrios en la economía mundial, será difícil que hagan descarrilar a la locomotora de la economía, al menos de momento. Los principales candidatos que tenemos que vigilar de cerca son el endeudamiento de la economía americana y un cambio en el papel que China juega en la expansión. Veamos por qué.
El aforismo americano “shop´til you drop” (compra hasta que no puedas más) ha sido un sustento básico de la economía mundial en los últimos diez años. Animadas por los bajos tipos de interés que facilitaban su endeudamiento, las familias americanas han llegado a tener hoy una deuda neta que equivale a un 126 por ciento de su renta disponible. La pregunta clave es si podrán seguir consumiendo a este ritmo en el 2006 y, si no lo hacen ellos, ¿hay algún otro consumidor dispuesto a tomar su lugar? De momento, a pesar del nivel récord de endeudamiento familiar y de los primeros incrementos de los tipos de interés, las familias americanas siguen demostrando una gran capacidad de resistencia. En gran parte, ésta es debido al efecto riqueza generado por el incremento del valor de sus activos, y en especial, de sus inmuebles.
Entonces, ¿quién puede recoger el testigo del consumidor americano? Japón se está recuperando después de años de recesión y el optimismo empieza a notarse entre sus consumidores.
Este 2006 podría ser también el año de la recuperación del consumidor alemán. Sin embargo creo que será el sector empresarial el que tire del carro en los años venideros, y es que después de unos años en que las empresas han dedicado la mayoría de sus esfuerzos a optimizar su estructura financiera, las perspectivas para que empiecen a invertir más y tomar más riesgos son buenas.
Respecto al excesivo endeudamiento americano, el déficit por cuenta corriente de los Estados Unidos ha llegado ya al seis por ciento del PIB, indicando que el país gasta de manera considerable por encima de lo que ingresa. ¿De dónde proceden los fondos que permiten a los Estados Unidos gastar por encima de sus posibilidades? Del generoso ahorro de China y de los países exportadores de petróleo, que prefieren invertir en el mercado americano, con una economía más dinámica y con el activo más líquido del mundo: los bonos del Tesoro emitidos por la Reserva Federal.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) propone una explicación alternativa e indica que el clima poco atractivo para la inversión en zonas como Europa o Japón divierte ***** sus recursos hacia países con mayor productividad, como los Estados Unidos. La realidad es que sea cual sea la explicación para dichos desequilibrios —y, probablemente sea una combinación de las dos—, el riesgo es el mismo: un país no puede gastar de forma indefinida por encima de lo que produce: en algún momento tiene que pagar sus deudas. Así pues, cabe esperar algún reajuste.
En el contexto más favorable podríamos esperar que las reformas estructurales impulsadas por la Comisión Europea contribuyan a hacer de Europa una zona más atractiva para la inversión.
A esto se le tendrá que añadir una desaceleración del consumo interno americano (que, como ya hemos indicado, de momento se prevé suave) y finalmente el tipo de cambio se tendrá que ajustar con el dólar depreciándose respecto las monedas asiáticas, haciendo el mercado americano menos atractivo para sus capitales. ¿El escenario más peligroso? Uno en el que los mercados de capitales se den cuenta de lo mucho que han prestado a Estados Unidos y que el dólar se devalúe rápidamente, de manera que la Reserva Federal se vea obligada a subir fuertemente los tipos de interés para poder seguir atrayendo a capital extranjero.
Para que la situación de crecimiento actual siga siendo sostenible, o al menos para que los reajustes sean suaves, necesitamos dos cosas: que la inflación siga manteniéndose baja ya que si no los bancos centrales reaccionarán aumentando los tipos de interés, que a su vez, incrementarán la presión sobre las empresas y las familias; y que haya alguien dispuesto a seguir permitiendo que la economía americana siga endeudándose por encima de sus posibilidades.
La respuesta a ambas es China, con unos altísimos niveles de ahorro que después presta a la economía americana y que tiene un modelo económico basado en factores de producción baratos, que, con el influjo de sus productos en el mercado mundial, permite mantener bajos los precios. Así pues, las perspectivas para China son claves para la evolución de la economía mundial.
Y creo que tenemos China para rato: la fuente inacabable de trabajadores rurales dispuestos a ir a trabajar a la ciudad les va a permitir mantener los costes laborales bajos y la falta de un sistema claro de seguridad social mantendrá el ahorro alto, al menos de momento. Si bien es cierto que China se enfrenta a retos importantes, como las desigualdades sociales, una moneda infravalorada, la falta de materias primas y la casi inexistencia de mercados de capitales, ninguno de ellos es probable que cambie las cosas a corto plazo.
La autora es Profesora del IESE (Universidad de Navarra).