Sic semper tyrannis

Fernando José Bárcenas Molina

Que nuestro intento pueda resultar un acto necesario, no perverso. Y, si aparece así a los ojos de todos, han de llamarnos purificadores, no asesinos”.

Bruto (en Julio César, de Shakespeare).

El señor Humberto Belli, en un reciente artículo de opinión, publicado en el Diario LA PRENSA, sostiene que el monumento que la Alcaldía de Managua erige a Rigoberto López Pérez en la rotonda Universitaria, es también un monumento al asesinato político. Su exaltación, escribe Belli, puede tener consecuencias importantes sobre la educación del pueblo. Se promueve una moral que sugiere que puede ser ético tomarse la justicia por su mano contra ciertos personajes políticos. Este tipo de ética, a criterio de Belli, alienta la idea que no hay conductas que en sí mismas sean objetivamente buenas o malas.

Hay, en el artículo de Belli, una apreciación errada de la moral, como una verdad absoluta, inmutable, que debe guiarnos al margen de la solidaridad con el sufrimiento del pueblo, y de las circunstancias concretas de opresión de una tiranía.

Uno de los más importantes líderes espirituales vivientes, el Dalai Lama, escribe en su libro El arte de vivir en el nuevo milenio:

“Hay una creciente confusión en torno a lo que constituye la moralidad y a lo que son sus fundamentos.

“Un mismo acto tiene distintos matices y grados de valor moral en función de las circunstancias.

“Si no tenemos en consideración el sufrimiento de los demás, tampoco tendremos un medio de discriminar entre lo correcto y lo erróneo.

“La noción de verdad absoluta es algo difícil de mantener fuera del contexto de la religión. Me importa mucho de encontrar la manera de estar al servicio de la humanidad entera sin tener que apelar a la fe religiosa.

“La conducta ética no es algo en que nos comprometamos porque sea correcto en sí mismo. Aunque determinados actos son negativos en sí mismos.

“Si bien las consecuencias son importantes, hay que considerar la intención y la naturaleza del acto.

“Las consecuencias de un acto son lógicamente el factor que menos importa.

“Lo que se considera de mayor trascendencia es el estado global del individuo en lo relativo al corazón y la mente.

“Lo que determina el valor ético de una acción determinada, no es su contenido ni sus consecuencias, sino el kun long, lo que impulsa e inspira nuestros actos.

“Los actos que presuponen cierto grado de preocupación por el bienestar de los demás dan sentido a nuestras vidas”.

En consecuencia, aunque suprimir una vida es un acto negativo en sí mismo, el mismo acto de matar, no es igual si alguien lo hace para robar, que si alguien lo hace en defensa de la vida de sus hijos. La diferencia ética es el kun long, y las circunstancias concretas en que se da el acto. En el primer caso hay un desprecio por el sufrimiento ajeno; en el segundo, el corazón y la mente están inspirados no en el deseo de dañar, sino en la necesidad de preservar la vida inocente y en el amor paternal.

La bandera del Estado de Virginia lleva un sello con un tirano muerto en el suelo, y la inscripción: “sic semper tyrannis”. Por hoy, esta bandera cumple una función educativa importante, que Belli aprecia de manera negativa. Algún día perderá vigencia, cuando la humanidad avance en la iluminación espiritual. Hasta ahora, como dice el Dalai Lama: “en la medida que haya seres humanos, habrá que idear maneras de tratar a los bellacos”. El sacrificio que hace Rigoberto de su vida, al matar al dictador, surge por la preocupación en los demás, para liberar al pueblo de la opresión. Por este acto necesario, a los ojos del pueblo, el sentido de su vida fue —en palabras de Shakespeare— el de un purificador, como deseaba ser considerado Marco Junio Bruto.

El autor es Ingeniero Eléctrico.

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