Guillermo Rothschuh Villanueva
¿Por qué habría de extrañarme entonces que
en unas pocas décadas más los periódicos sean
de cuarzo flexible, o de una materia parecida, y
las noticias cambien frente a nuestros ojos?
(Sergio Ramírez Mercado)
La aparición y circulación de periódicos gratuitos crece, se expande y multiplica. Crecen en cuanto al número de lectores, expanden la naturaleza de los temas abordados y se multiplican con celeridad por diversas partes del planeta. Explosionan en España, Inglaterra, Argentina, México, República Dominicana, Chile, Ecuador, etc. Nacieron en España en el año 2000, en donde alcanzan la cifra del 41.1 por ciento de la difusión total de impresos, según datos ofrecidos por la agencia de medios Mediaedge. Su precursor 20 Minutos, figura a la cabeza de esta nueva experiencia con un tiraje de 2,129,000 ejemplares. Seguido por Que, otro gratuito con 1,972,000 impresos y después Metro, con 1,828,000 ejemplares puestos en circulación.
Es como volver a la prensa de un penique. Sus editores se pueden dar el lujo de regalarlos. Esto confirma las reglas establecidas desde la consolidación mercantil de los diarios: los anuncios vendidos cubren los costos, además de generar cuantiosas utilidades a sus dueños. La televisión abierta vive un fenómeno inverso. Hoy prevalece la televisión por suscripción por sobre la televisión abierta. La revolución electrónica es la principal causante de estas volteretas. El acceso a Internet sigue creciendo. Los ciber-cafés crecen como hongos. Permiten a los visitantes acceder a foros de opinión gratuita, altamente especializada, participativa e interactiva, lo que provoca que no busquen otras fuentes de información.
Mientras la versión electrónica de los medios crece como la espuma, los impresos tradicionales bajan en circulación y ven reducidos sus anuncios. Una contradicción que pareciera insalvable. La publicidad se rige por una lógica inflexible. Sale únicamente al encuentro de los medios que disponen de los más altos índices de audiencia. El rating es lo único que importa. Sobre todo ahora que el consumo es la palanca propulsora de todo lo que produce y oferta el mercado.
No todos los medios on line son gratis. En un principio lo fueron. En ese instante lo primero era abrirse espacio, regalar la mercancía. Transcurrido algún tiempo, al consolidar posiciones, mudaron de actitud. Esta es historia sabida. Algunos operan a medio camino. The Wall Street Journal ofrece un servicio por pago (US$79 al año) con 701,000 suscriptores, la otra parte del servicio es abierta. Deja que los lectores accedan a ella sin pago alguno (5.8 millones de usuarios visitan el sitio cada mes). La compensación llega por otra vía. Esta afluencia de lectores les permite echarse al bolsillo 30 millones de dólares.
Como lo explica en su Blog, Balas balísticas (periodistadigital.com) Miguel Ormaetxea, The New York Times está pensando dar un giro: cobrar por los contenidos de NYT.com. Una mudanza inexplicable. Sobrepasa “los 18 millones de visitantes al mes y su facturación publicitaria crece entre un 30 y 40 por ciento anual. Es un negocio sólido de cien millones de dólares”. La explicación de este cambio se debe a final de cuentas, “a una baja sensible en la cotización de la empresa (ha caído el 25 por ciento en los últimos tres años), los beneficios del 2004 son el cuatro por ciento menores que el año anterior y la circulación del diario y la publicidad están estancadas”.
Le Monde en Francia va por igual camino. En sólo tres años sus pérdidas son de 54 millones de euros. Sin embargo, le monde.fr se ha convertido en el primer sitio de información general de dirigentes empresariales de Francia, con 50 mil abonados de pago y medio millón de conexiones diarias. Su facturación publicitaria creció el 40 por ciento el año pasado pero aún es 20 veces menor que la que factura su hermano de papel, siendo ésta terriblemente declinante”.
Los diarios gratuitos continuarán surgiendo. Los resultados esperados no se vislumbran. Carlos Pérez de Rozas, director del diario de pago La Vanguardia de España, está convencido que la promesa de nuevos lectores ofertada por los gratuitos es sólo una estrategia sin resultados alentadores: “diez años después de la aparición de los gratuitos vendemos menos”.
No obstante muchos diarios de paga han optado por ingresar al negocio de la gratuidad. Veremos cómo les va. Porque para Bill Gates y compañía al paso de diez años los diarios gratuitos y los tradicionales terminarán extinguiéndose. En otras palabras todo apunta a que los periódicos impresos ni aun así sobrevivirán. Con la aparición de los periódicos regalados apenas estamos asistiendo al ensayo de otra estrategia de sobrevivencia.
Por mi parte, pienso que por estos lados del mundo todavía queda un gran trecho por recorrer. Con la velocidad a la que están ocurriendo los cambios, no hay que dejar pasar por alto la advertencia. ¡En Nicaragua, para evitar la catástrofe, ninguna previsión estará demás! Aunque en definitiva, este fenómeno viene a acentuar la brecha digital existente. Hoy en día no estar conectado a la red, advierte Matsauura, “supone verse privado del acceso a múltiples conocimientos… El número de internautas aumenta sin cesar y asciende ya a la cifra de 1,000 millones”. Todavía quedan “2,000 millones de personas privadas de electricidad y el 75 por ciento del planeta no tiene acceso, o muy poco, a los medios de telecomunicación básicos”.
El autor es decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación.