Róger Mendieta Alfaro
¿Cuánto tiempo estará Evo Morales en el poder sin que sus propios indios le planten una rebelión que lo derroque? Es difícil suponerlo. A vuelo de pájaro, el reto específico y frontal que encara el nuevo presidente boliviano no lo tuvo nadie antes, después de los días de la conquista y la colonización de esta azarosa república situada en el centro del Continente sudamericano y aislado del Océano Pacífico por el Perú y Chile. Bolivia desde su primer gobierno representado por Simón Bolívar (1825-1826) hasta los días del presidente Evo Morales (2006-2?), jamás fue gobernado por un presidente indio.
Como en toda la historia de Bolivia, el principal enemigo que tendrá enfrente será su salida al mar, los compromisos económicos con sus vecinos ricos y la palabra empeñada con sus aymara, quechuas y guaraníes que arrancan con un compromiso económico social y mítico estructural que tiene su origen en la raza y la sangre.
Pienso que Evo ya debe estar planeando el cambio de su discurso para poder encajar en el andamiaje económico social del universo globalizado que es hoy la plataforma amplia, y quizá un poco infrahumana donde parece calcarse el destino de nuestros países. Hay que correr aprisa aunque no sepamos a dónde. El mundo sigue su curso con todo y calentamiento global, huracanes portentosos, destrucción masiva y amenazas de guerra nuclear, porque el hombre ha dado un salto sobre su propia capacidad de saltar y no le queda otra cosa que seguir el rumbo de los astronautas.
Me desayuné una mañana de éstas con un formidable artículo firmado por Freddy Quezada: No hay izquierdas ni derechas, sólo empoderados y desempoderados, en donde el escritor filósofo —Freddy es filósofo de profesión—, especula con una firmeza que raya firme en su pensamiento de constructor y cazador de ideas: La derecha y la izquierda no existen. Y yo estoy con Freddy. De manera especial hoy, ante las ráfagas económicas del desarrollo global huracanado, lo que existen son los empoderados y los desempoderados, a la zaga de un espacio para empoderarse a costa de cualquier precio. Las izquierdas canturriantes se han vuelto derechas común y corrientes, y buscan no construir sino que imitar y desplazar.
El problema crucial de Evo será el de todo gobernante de estos países pobres y especialmente incultos desde el punto de vista que requiere todo país para su desarrollo económico y su afirmación como sociedad que da pasos hacia adelante. Si se le ocurre pensar que en un dos por tres acabará con la pobreza como la penicilina acaba con la sífilis, habrá caído en el error en que han fracasado los otros. Gobernar es un encuentro con la realidad y no con el populismo estéril e inútil que conduce siempre al fracaso.
Este es el problema de Evo. ¿Hasta dónde llegará su capacidad de convencimiento?
Creo que para poder gobernar un país pobre y comprometido como Bolivia sólo le queda ser realista con el mundo más bien de izquierda hacia el centro y no con quienes bailotean en la cuerda de lo imposible.
El autor es escritor. Fue presidente del Partido Conservador de Nicaragua.