Fabián [email protected]
Reyes del caos
Existen ciertas personas que le sacan mucho provecho a la miseria. Cada vez que necesitan negociar o demostrar poder, sacan sus armas más efectivas: las masas empobrecidas. En su arsenal tienen desde una light huelga magisterial hasta una incendiaria asonada universitaria. Todo depende de la necesidad de presión que necesite “el adversario”. Puede ser una huelga de transporte o una de salud. O todas juntas si se necesita sentar a la mesa de negociación a algún rival retrechero. Y ahí vemos a estos personajes. Aunque vivan en mansiones y devenguen salarios descomunales, se ponen al frente de las demandas salariales de aquellos como si fueran causa propia. Sólo que al final del día los reyes del caos se montarán en sus camionetotas de lujo e irán a cenar filete a Los Ranchos, mientras la enfermera que estuvo en la calle, con suerte cogerá una ruta, caminará por las polvosas calles de su barrio y cenará… bueno, todos sabemos lo que cena una enfermera, soltera y con tres hijos.
Paradoja
Si supiéramos que así pueden cambiar las cosas, a lo mejor hasta nos haríamos de la vista gorda del provecho político y económico que sacan estos personajes. La paradoja es que los menos interesados en que médicos, maestros, jubilados y estudiantes estén satisfechos son aquellos que los usan como arma. ¿Cómo negociarán mañana si los médicos tienen salarios justos, o si el sistema de transporte es eficiente y barato? Olvídense. Ellos son los reyes del caos y por nada del mundo estarán dispuestos a perder su reinado, aunque a veces —artistas que son— parezca lo contrario.
Tres fallas
Si hubiese un premio a la huelga peor organizada, el galardón se lo llevarían sin duda los Médicos Pro Salario. Falla número uno: comenzaron divididos, reclamando aumento salarial sólo para cierta “élite” de los trabajadores hospitalarios. Dos, el aumento solicitado lucía desproporcionado de primas a primeras por lo que estaban condenados a hacer grandes concesiones que fácilmente sabrían a derrota. Y tres, y la más grave a mi criterio, decidieron golpear a la población pobre para ejercer presión, pasando de esta forma de víctimas a victimarios.
¿Y los diputados?
Creo que la historia fuese distinta si, por ejemplo, los médicos hubiesen convertido en el objeto de su presión a los diputados y la partida de más de 36 millones de córdobas que cada año se recetan sin que se sepa en qué los gastan. ¿Por qué no usar ese dinero para comenzar a “dignificar” el salario de los médicos? ¿Cuánto apoyo y solidaridad tendrían si se hubiesen propuesto arrebatarle a los diputados ese dinero del erario del que inmoralmente se han apropiado?
Suave lex sed lex
Miren que descaro. La diputada sandinista Alba Lazo dice que “aceptarán” la aplicación de los artículos 41 y 116 de la Ley Electoral, los cuales establecen que los ciudadanos que no aparecen en el Padrón Electoral puedan votar, siempre que demuestren con su cédula que residen en esa circunscripción, aunque luego la diputada dijo que todavía no había “consenso” sobre eso. Si Nicaragua fuese un país normal, los partidos políticos no tendrían que “aceptar” nada para que la ley se aplique, mucho menos conseguir “consenso” entre ellos para estar de “acuerdo en respetar la Ley Electoral” como dijo la diputada costeña. Suave es la ley pero es la ley…