Francisco Xavier Aguirre Sacasa
En nueve meses nos toca elegir a nuestro próximo presidente y vicepresidente al igual que a los diputados de la Asamblea Nacional y el Parlacen. Y hasta la fecha todo le está saliendo perfecto al ex presidente Daniel Ortega y al FSLN. Las llamadas «fuerzas democráticas» están divididas y a diario se atacan entre ellas, abriendo heridas que confunden a sus simpatizantes y que serán difíciles de curar.
Ya llegó la hora de dejar de cometer hara kiri y que el centro y la derecha nicaragüense —que unidos no han perdido ni una sola elección desde 1990— se pongan de acuerdo en un mecanismo que asegura la reconciliación y el triunfo en noviembre. Para construir una gran alianza democrática ganadora, hago las siguientes propuestas, que tengo meses de estar ventilando en entrevistas y conversaciones privadas.
Primero, que esa unión se monte alrededor del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). ¿Por qué alrededor del PLC? Porque es la única fuerza política «democrática» con el tendido electoral nacional para movilizar y defender el voto el 5 de noviembre. Esto se ha comprobado en las contiendas desde 1990 hasta el presente, incluyendo en las municipales del 2004 en donde el PLC logró sacar dos veces más votos y siete veces más alcaldías que todas las otras fuerzas de centro-derecha combinadas, a pesar de las circunstancias adversas que enfrentaba el PLC.
El PLC es una realidad política —así como lo es el FSLN— y si bien es cierto que sólo no gana, la aritmética del poder también demuestra que sin el PLC hay un altísimo riesgo de que Ortega y el FSLN ganen en primera vuelta. Las terceras y cuarta vías en Nicaragua favorecen a sólo un candidato: Daniel Ortega. ¿Es eso lo que le conviene a Nicaragua?
Segundo, propongo que el PLC nombre su candidato para la presidencia en una elección primaria y transparente. Ahora bien, no nos engañemos. Las primarias son ajenas a nuestra cultura e idiosincrasia. Pertenezco, por ejemplo, a 10 asociaciones privadas y en ninguna de ellas se eligen sus autoridades de una manera abierta y democrática. Siempre se amarran las cosas antes de la elección que sólo ratifica lo acordado previamente. Sin embargo, la correlación de fuerzas nacionales e internacionales, hacen oportunas las primarias en el 2006. Es más, las hacen imperativas como mecanismo de entendimiento y reconciliación.
El PLC cuenta con estructuras de más de 100,000 activistas. En las primarias votarían, digamos, unas 30,000 a 50,000 personas —porque siempre habrá abstencionismo— no admitirían de imposiciones o dedazos y le darían la legitimidad al candidato escogido en ese proceso que no tendría ningún otro candidato.
Mi tercera propuesta es que en esas primarias participen todos los precandidatos de tendencia liberal. ¡Todos! Esto incluye a José Antonio Alvarado del APRE y Eduardo Montealegre del PLN-PC. Sin embargo, como se trata de una elección primaria del PLC, tendrían primero que reincorporarse al partido de donde, por diversas razones, salieron. La reintegración de José Antonio y Eduardo al PLC debería de ser sin «amnistías» ni precondiciones. Llegó el momento de buscar la unión y la reconciliación, el momento de sanar heridas, y no de humillar y doblegar a nadie. Habrá, por supuesto, que acordar las reglas de juego y la fecha de las primarias. Pero si hay un acuerdo alrededor de estos tres grandes principios, el resto se puede arreglar si hay buena voluntad.
Dos últimos puntos. Sugiero que las primarias del PLC se celebren el primer domingo de abril, antes de Semana Santa. Hay quienes alegan que esta fecha es demasiado tarde. Yo no lo veo así. En Estados Unidos, en donde la experiencia con las primarias es extensa y larga, no comienzan hasta febrero del año de las elecciones y continúan hasta mayo y junio. Y, segundo, hay quienes se oponen a ellas alegando que son muy caras. Para esto, también, hay una solución. Propongo que aquellos miembros de la comunidad internacional que tanto claman para ellas cubran el costo de las primarias. Para la comunidad internacional, también, ya llegó el momento de facilitar lo que tanto han reclamado del PLC.
El autor es precandidato presidencial del PLC.