Destello conservador

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Destello conservador





En medio de la euforia izquierdista que hay actualmente por los triunfos electorales de la izquierda en diversos países, el hecho de que las elecciones del lunes pasado en Canadá las ganaron los conservadores representó una verdadera novedad. La mayor parte de la prensa internacional, cautivada también por la fiebre izquierdista, minimizó el triunfo conservador en Canadá, pero lo cierto es que el hecho ocurrió a pesar de la omisión informativa.

Tal vez la falta de interés en informar sobre el triunfo conservador en las recién pasadas elecciones canadienses, se deba a que esto se considera como un hecho aislado. O quizás sea porque Canadá está muy lejos geográficamente, al menos con respecto a Nicaragua. Pero precisamente porque en la actualidad es cada vez más raro que un partido de derecha gane elecciones, un triunfo conservador se debería ver como algo curioso y , por lo tanto, noticioso. Y si de lejanía se trata, nada más distante que Palestina o Irak pero las noticias rebosan alegría con el triunfo electoral de Hamás o con las bombas terroristas que matan gringos en Bagdad y otras ciudades iraquíes.

De todas maneras, vale la pena comentar la victoria electoral conservadora en Canadá, país desarrollado y rico que tiene 10 millones de kilómetros cuadrados y unos 32 millones de habitantes. Este país ha sido gobernado durante los últimos trece años por el Partido Liberal —y a lo largo de 32 de los últimos 42 años—, pero no es sólo por ver caras nuevas que los canadienses han querido quitar del gobierno a los liberales y sustituirlos con los conservadores. La razón fundamental hay que buscarla en la corrupción que últimamente ha socavado profundamente el prestigio y la moral política de los liberales.

Conocedores de la política canadiense aseguran que el derrotado Primer Ministro liberal, Paul Martin, estaba ejecutando exitosamente una reforma económica así como políticas que son muy populares en la actualidad, como por ejemplo el derecho al aborto y los derechos gay. Y cabe señalar al respecto que el líder conservador y nuevo Primer Ministro, Stephen Harper, considerado como un político de derecha dura —pero muy ético— , se ha destacado por criticar enérgicamente esas políticas liberales.

Sin embargo, en Canadá —país de sólida tradición democrática, gran fortaleza institucional y amplia tolerancia cultural— nadie debe esperar que se produzca un cambio catastrófico, como el que ofrecen casi todas las izquierdas. El mismo Harper ha evolucionado de la derecha dura hacia un equilibrado centro derecha, y gobernará sin duda con respeto a la reconocida liberalidad en la conducta social de la población canadiense. En realidad, lo que más quieren los canadienses es que se ponga fin a la corrupción gubernamental, como las jugosas comisiones (coimas) que recibían prominentes líderes liberales. En este orden, uno de los casos más impactantes fue el denunciado por la contralora Sheila Fraser, en el año 2004, de una defraudación al Estado de más o menos 100 millones de dólares canadienses (unos 87 millones de dólares estadounidenses). Supuestamente, el destino de ese dinero no era el bolsillo de los políticos liberales sino el financiamiento de una campaña contra el separatismo quebequiano, sin embargo, para los canadienses el robo es robo independientemente de cuáles sean sus fines. Como debería ser en todas partes, incluyendo a Nicaragua.

Quizás la mejor expresión de la consternación de la izquierda internacional ante el triunfo de la derecha en Canadá ha sido la del famoso productor de cine izquierdista estadounidense, Michael Moore, quien dijo: (Los canadienses) “primero tuvieron el valor de oponerse a la guerra de Irak y luego eligen a un primer ministro que está a favor de la guerra. Dicen que los homosexuales tienen los mismos derechos y luego eligen a un hombre que sostiene justo lo contrario”. Otros militantes de izquierda se consuelan diciendo que los conservadores tendrán que gobernar en minoría porque sólo consiguieron 124 diputados (los liberales 103) en una cámara de 308 escaños y que los gobiernos minoritarios no duran en Canadá. Pero el hecho inobjetable es que los conservadores canadienses ganaron y que van a gobernar.

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