Guillermo Rothschuh Villanueva
Para Alfonso y Gonzalo, mis maestros de electrónica
Continúa creciendo el número de expertos que cantan un réquiem al periodismo, al menos en la forma en que se practica ahora. Muchos hablan de su extinción. El olor a chamusquina se percibe en el ambiente. Los trastornos derivados de la revolución tecnológica derivada de la globalización modifican radicalmente las maneras en que se ha venido practicando el periodismo. Las constataciones están a la vista. Forman parte de la agenda de numerosas instituciones tanto de carácter académico como profesional. La expresión vertida por Ignacio Ramonet de que los periodistas están desapareciendo encontró eco durante la conmemoración del décimo aniversario de la Fundación para un Nuevo Periodismo. García Márquez reconoció a grandes voces que “el mundo se le escapó al periodismo. Tenemos que reinventar el mundo”. La afirmación es obvia. Los conceptos con que hasta ahora ha funcionado el periodismo se han recalentado y han dejado de expresar lo que antes expresaban. Un nuevo contexto se ha entronizado y ha pasado a ocupar el lugar del rey.
Ante este alarmismo desenfrenado conviene tener en cuenta que muchas cosas han cambiado y otras se encuentran en trance de redefinición. La revolución tecnológica produjo como resultado la absorción de la información y la cultura por parte de la comunicación. En un breve repaso las mutaciones más sobresalientes resultan evidentes. Quien más ha insistido sobre el tema es Ignacio Ramonet, el reputado director de Le Monde Diplomatique. En su recuento resulta que la información de ser escasa pasó a ser súper abundante. Un dato que a nadie escapa. El número y creación de páginas en la web en el 2001 era cerca de 2,000 millones. Surgen las primeras interrogantes, ¿Quién está escribiendo todo este material? ¿Cuántos periodistas serían necesarios para elaborar este número de páginas, si la explosión de la web apenas comenzó en 1994? Son los cibernautas de todos los colores, sexos y tamaños, los que se han hecho cargo de esta explosión en la red. Los periodistas participantes son una ínfima minoría.
El concepto de verdad se ha visto oscurecido. Ya no expresa lo que antes quería decir. Perdió su eficacia cívica. El concepto de información ha variado. Informar es mostrar en directo el acontecimiento. El triángulo acontecimiento, mediador, ciudadano ha desaparecido. En un punto ahora aparece el acontecimiento y en el otro el ciudadano. La crisis del racionalismo se ahonda. Ver ahora es comprender. Lo aprendido deja de ser. Ya no es la razón la que dicta la comprensión de los hechos. El concepto de actualidad se encuentra atrapado por el medio dominante: la televisión. Son los acontecimientos ricos en capital visual los más sobresalientes. Si todos los medios dicen que es verdad, es verdad, apunta Ramonet. Una expresión similar a la de Giovanni Sartori: todos los medios dicen y hablan acerca de lo mismo. Lo que él denomina como la circulación circular de la información, en su discutido texto El homo videns.
Todo lo acontecido vacía de contenido conceptos clave a través de los cuales se ha ejercido el periodismo. También otros conceptos que de igual o mayor manera han explicado que el mundo se ha visto modificado. En esta nueva era, la segunda revolución capitalista, continuamos hablando de la nación, la familia, el Estado, la soberanía, las fronteras, el trabajo, la tradición, etc., como si fueran iguales que en el pasado. Para Antony Giddens e Ignacio Ramont son “instituciones concha”, continúan guardando su apariencia pero han perdido toda consistencia. Son inadecuados para comprender el presente. En definitiva con la explosión de las nuevas tecnologías de la información la participación de los periodistas es mínima. Como lo reconocen los especialistas Jesús Flores Vivar y Alberto Miguel Arruti, “la sociedad de la información se está edificando sin periodistas… sin que ellos jueguen un papel determinante en su configuración”.
Ante estas constataciones ¿qué hacer? Emprender el camino iniciado por muchos. Formar el nuevo tipo de profesional que las nuevas circunstancias demandan. Lo importante ahora para Flores Vivar y Arruti es “dilucidar qué tipo de profesional, para hacer qué”. En esta sacudida hay que prevenir la calidad de la información y mantener incólume el edificio de la ética. Revisar a fondo los planes y programas de estudios de las escuelas y carreras de comunicación. Muchos resultan obsoletos. En la Facultad de Comunicación, en el 45 aniversario de la UCA, eso estamos haciendo. El ordenador y los cambios socioeconómicos han modificado el paisaje. Se requiere de transformaciones urgentes. Las preguntas surgen. ¿Cómo será el periodista del futuro? Las respuestas afloran. No asombrarse más de lo necesario, ni tampoco quedarse inertes. Estamos atrapados en el corazón de la crisis, en el sentido que Antonio Gramsci daba a ese término. Un fenómeno en el cual “lo viejo no termina de morir y lo nuevo no acaba de nacer”. ¡Todo puede perderse menos el optimismo! ¡Las respuestas frente a la crisis están a mano!
El autor es Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA.