Enrique Genie Alvarado
La campaña electoral ha iniciado en la elección de la nueva Junta Directiva de la Asamblea Nacional, donde el FSLN, desde palco, observa al liberalismo enfrentarse a constantes conflictos verbales que han derivado al caos. A partir de ahí, como en todo sistema de ideas, existen liberales de diversas tendencias y es injusto pero frecuente que unos se acusen a otros de usurpar la etiqueta liberal y de ser en realidad de otras ideologías, donde la autodenominación de algunos partidos liberales o personas que nada tienen que ver con el liberalismo, han dado las últimas pinceladas al cuadro de desunión política entre las llamadas fuerzas democráticas.
Hay liberales radicales, liberales progresistas, liberales libertarios, liberales conservadores… He conocido a personas cuyo liberalismo alcanza niveles de excelencia mientras conversan sobre la democracia, las elecciones libres, el Estado de Derecho y los Derechos Humanos y civiles, pero que después se muestran satisfechos con medidas radicales que afectan el interés común. Y ese liberalismo implica necesariamente posiciones muy “de derecha” en unos temas, muy “de centro” en otros y completamente diferentes de todo lo demás en algunos aspectos, pero por donde se verá muy poco es por la zona gris del consenso estratégico, del centrismo calculado, de la equidistancia entre otros.
No hay que perder de vista que en América Latina la izquierda viene tomando cancha, de lo cual no afrontaré en este escrito, pero que sería interesente un debate de altura sobre el mismo. El liberalismo ha realizado muchos cambios transcendentales e importantes en la historia del mundo contemporáneo, dejando sociedades estamentales, heredera del feudalismo, a una sociedad independizada. Los revolucionarios franceses no sólo crearon un nuevo modelo de sociedad y Estado, sino que difundieron un nuevo modo de pensar que fue disgregándose a lo largo y ancho del globo terráqueo.
En nuestros días se ha ido instituyendo una nueva versión de sociedad, sobre la que se construye lo político y en cuyos cuadros pueden ser enclaustradas las nociones básicas del individualismo y libertad. Rousseau expresó que el hombre nace libre, pero que en todas partes está encadenado. Por otro lado, John Locke, otro importante pensador político, al cual se le ha calificado como el padre del liberalismo, por sostener que todo gobierno surge de un pacto o contrato revocable entre individuos, con el propósito de proteger la vida, la libertad y la propiedad de las personas.
Cuando la raíz del liberalismo traspasó fronteras y se introdujo en nuestro país, se fermentó con el barro y el maíz, emergiendo entre sus yacimientos ilustres hombres con afanosos pensamientos de libertad y prosperidad, como fueron Máximo Jerez y José Santos Zelaya, quien capitaneó la Revolución Liberal del 11 de julio de 1893, estableciendo, por vez primera, un gobierno liberal, y precursor de la primera constitución democrática anegada a ideas liberales, la “Libérrima”, el 10 de diciembre de 1893.
Por ello, las fuerzas democráticas deberían examinar un acuerdo estratégico futurista, dejando atrás las pretensiones del FSLN, es decir su estrategia política “divide y vencerás”. Hay que unirse para hacer un frente común, ganar las próximas elecciones.
El autor es diplomático.