Las elecciones en el Caribe

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Las elecciones en el Caribe





Ayer comenzó oficialmente la campaña electoral de las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica de Nicaragua, para las votaciones del domingo 5 de marzo próximo en la que los ciudadanos nicaragüenses del Caribe elegirán a 45 miembros de cada Consejo Regional, del Sur y del Norte. Esos consejos, posteriormente escogerán de entre ellos a una junta directiva de siete miembros (un presidente, dos vicepresidentes, dos secretarios y dos vocales), así como al Coordinador Regional, que es la persona que representa oficialmente a la región y ejerce de manera práctica y legal las funciones de gobernador regional.

Las elecciones en la Costa Atlántica de Nicaragua se celebran cada cuatro años y representan para los ciudadanos caribeños la oportunidad de elegir a sus autoridades en el ámbito regional —de la misma manera que participan en las elecciones nacionales y municipales—, en el marco de la autonomía que establecen y garantizan la Constitución Política de la República y la Ley 28, que es el Estatuto de Autonomía de las Regiones Autónomas de la Costa Atlántica.

En este año, los comicios regionales de la Costa Atlántica coinciden con las elecciones de Presidente de la República y diputados a la Asamblea Nacional y al Parlamento Centroamericano, y plantean la expectativa de cuál sería el impacto que tendrían sus resultados en la contienda política nacional del 5 de noviembre próximo. En las anteriores elecciones del Caribe, como se sabe, los partidos tradicionales PLC y FSLN han mantenido un predominio hegemónico, sólo perturbado en el Atlántico Norte por una agrupación política étnica. Pero ahora la hegemonía del PLC y el FSLN es desafiada fuertemente por las alianzas políticas nacionales de los disidentes Eduardo Montealegre —liberal— y Herty Lewites —sandinista— , quienes se han involucrado de manera personal, directa y total en las campañas electorales regionales.

En términos porcentuales la votación en las dos regiones autónomas del Atlántico nicaragüense es pequeña, más o menos del diez por ciento de toda la votación nacional. Pero el resultado de la votación en el Caribe podría tener mucha significación para la elección presidencial de noviembre, considerando que las elecciones regionales serán la primera prueba práctica de aceptación o rechazo de los ciudadanos a los liderazgos de Montealegre y Lewites.

Cabe señalar, sin embargo, que en las elecciones del Atlántico es más lo que Montealegre y Lewites podrían ganar, en relación con lo que podrían perder. En efecto, cualquier cantidad razonable de votos que obtengan sus candidatos a concejales regionales, será ganancia pura —a menos que fuese un número ínfimo—, puesto que es la primera vez que esas fuerzas políticas emergentes que disputan el poder político a los caudillos se presentan en las elecciones caribeñas.

De la misma manera, cualquiera que sea la cuota de representación en los Consejos Regionales que consigan las alianzas de Montealegre y Lewites, será una ganancia neta para ellos y una pérdida específica para el PLC y el FSLN. Ciertamente, si el número de escaños que obtuvieran en el Atlántico los candidatos de Montealegre y Lewites resultara modesto, no se vería muy mal porque ahora no tienen prácticamente nada. Y en cambio, si consiguieran una buena representación impactarían muy favorablemente en los comicios presidenciales de noviembre, pues su imagen ganadora ya no sería sólo en las encuestas sino también en las urnas y en el escrutinio de las votaciones.

De todas maneras Eduardo Montealegre y Herty Lewites no deben perder de vista de que su éxito depende de que tengan una gran capacidad de organización electoral y defensa del voto, para impedir que les roben las elecciones en las mesas de escrutinio. Decimos esto porque es lógico que el temor a una severa derrota en el Atlántico podría unir fácilmente al PLC y el FSLN en un fraude electoral para quitarles votos a las alianzas de Montealegre y Lewites, como ya lo hicieron contra el Partido Conservador en algunos municipios, durante las elecciones municipales del año 2004.

El antagonismo real o aparente que hay actualmente en el Consejo Supremo Electoral, entre los magistrados arnoldistas y orteguistas, podría más bien facilitar su entendimiento para impedir el triunfo de las fuerzas democráticas. De manera que para defender sus votos Montealegre y Lewites tienen que asegurarse que haya una efectiva observación electoral y organizar apropiadamente a sus propios fiscales en las mesas de votaciones.

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