¡Qué bochorno!

Carlos René Ramírez

Esta expresión se la escuché por primera vez al doctor Luis Correa Lacayo (q.e.p.d.) siendo manager del equipo de beisbol del Colegio Salesiano de Masaya (yo desempeñaba la primera base en la década de los cincuenta) cuando cometíamos un grave error en el juego. Posteriormente nuestro buen amigo Sucre Frech (q.e.p.d.) que también estudiaba en el Salesiano, la popularizó cuando en los juegos de beisbol se producían garrafales pifias de nuestros jugadores.

Traje a mi mente esta frase peyorativa de mis dos amigos ya fallecidos porque considero que el énfasis que ellos ponían al pronunciarla para condenar algo mal hecho, perfectamente podemos aplicarla a lo que ha sucedido en nuestro paisito desde hace algunos años. Recapitulemos un poco estos acontecimientos que justifican gritar a voz en cuello: “¡Qué bochorno!”:

—La toma del poder por el sandinismo, los CDS, la eliminación de la clase media, la imposición del marxismo, las cartillas de racionamiento, el éxodo de los nicas a Miami, el desbarajuste económico, la operación Berta, etc.

—La clausura del crédito rural en 1988, la masificación del crédito a los militantes, la instauración de la cultura del no pago, el traslado de 240 buses al sindicato Parrales Vallejos con valor de US$10 millones, la conversión de este en una pseudocooperativa que no regresó dicho dinero, la instauración de miles de cooperativas (4,000 que no eran verdaderas cooperativas) que distorsionaron el auténtico cooperativismo.

—El chantaje de las cooperativas de buseros (que no son cooperativas) y la entrega del transporte colectivo a estos que maltratan diariamente a los usuarios, montan en huelga y extorsionan al gobierno y éste les entrega millones de córdobas periódicamente, (Nicaragua es el único país del mundo donde cooperativas hacen huelgas constantemente, con la salvedad que no son cooperativas ortodoxas).

—El saqueo y eliminación del Banco Nacional de Nicaragua, la eliminación de los bancos estatales y como resultado la proliferación de microfinancieras que dicen que no persiguen el lucro pero nadie les cree esto; la eliminación del ferrocarril de Nicaragua, Mamenic, La Nica, etc.

—La privatización de los servicios básicos especialmente la luz eléctrica, con el cuento que el Estado es mal administrador.

—La galopante corrupción manejada con habilidad por los políticos deshonestos en todas las administraciones anteriores, convirtiéndolos en líderes y capitalistas de nuevo cuño.

—Los pactos y entendimientos que persiguen el beneficio personal de los involucrados, en perjuicio del pueblo.

—La ausencia de una institución que financie a los pequeños productores y que no los continúen explotando.

—La pérdida de los valores morales, de urbanidad y el menosprecio de los dirigentes por los pobres,

La lista en inmensa, agréguele usted otros casos, pero en vez de gritar palabras más fuertes del argot nica, digamos juntos todos: “¡Qué bochorno!”

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