Saúl Pérez Lozanwww.aipenet.com
Caracas (AIPE).— Los latinoamericanos parecemos marcados a repetir los mismos errores que por siglos han consumido a nuestras naciones y devorado a sus hijos. En la mitad de la primera década del siglo XXI, increíblemente, continuamos tropezando con la misma piedra: la obsesión antinorteamericana, la utopía marxista-socialista cargada con un alto componente de populismo y haciéndose de banderas que han marcado a las naciones fracasadas que desconocen y rechazan la fuerza del mercado y abjuran de la apertura comercial como un mal endémico, pero les guste o no llevan el progreso y el bienestar de los pueblos.
El ser latinoamericano está ahí en nuestras propias raíces conjugadas en una mezcolanza española, india y negra. Luego nuestra formación educativa desde el mismo momento en que ingresamos al bachillerato, particularmente bajo instrucción pública, los activistas marxistas destacados en esos centros de estudios nos contaminan inundando y envenenando nuestras mentes con profusa literatura marxista e intentan reforzar el sentimiento antinorteamericano, atribuyendo nuestros errores e incapacidades a los designios de la poderosa nación norteña.
Así transita nuestra adolescencia. Hay que ser izquierdista. Hay una mezcolanza de izquierdismo marxista o supuesto izquierdismo, con el tradicional toque gorila militarista latinoamericano, profundos matices fascistas, disfrazados uno de opulento bolivarianismo, otros de indigenismos, que aún piensan como si el oprobioso muro de Berlín siguiera ahí incólume cual legendaria muralla china. Pero como ayer fracasaron los Perón, cuyas consecuencias populistas siguen arrastrando a Argentina, los sandinistas, el chacal del Caribe, Fidel Castro, los velasquistas peruanos y los chavistas, los pretendidos mesiánicos de turno también se estrellarán.
Sin embargo, esa mesnada tiene matices, porque no es lo mismo el socialismo del presidente Lagos en Chile del de Lula en Brasil o el que asoma el uruguayo Tabaré Vásquez o el peronismo izquierdoso de Kirchner, que esa mezcla ridícula, sin ideología, de hombre fuerte, como la del teniente-coronel Chávez, o del boliviano Morales, que, como Chávez y el chacal Fidel, ya se aprendió y repite sin haber asumido el cargo la cansona retórica contra el presidente Bush, a quien deben estarle más bien agradecidos por las torpezas con que éste y su gobierno vienen incurriendo en la América Latina, quedándoles como anillo al dedo para alentar su populismo de baratija, pero cargado de enorme peligro.
Chile sigue en la senda económica que inició el dictador Pinochet, libre mercado y apertura comercial. México ha establecido una economía sana, 12 por ciento crecieron sus exportaciones en el 2005. Venezuela sólo ofrece indicadores maquillados, según particulares criterios, pero que otras instituciones internas y externas desmienten abiertamente.
Qué diferencia el escenario de las democracias chilena, mexicana y brasileña con la “’democrática” Venezuela del teniente-coronel Chávez. En aquéllas se respetan normas y principios democráticos, sus cuerpos de seguridad, salvo excepciones cumplen su rol policial, la institucionalidad y la independencia de los poderes está presente; en la Venezuela del teniente-coronel se viola el Estado de Derecho, los presos políticos comienzan a llenar las cárceles, la institucionalidad es inexistente y la autonomía de los poderes es de opereta. Sólo hay una voz, una orden, un mandante. Una breve referencia, como su gobierno tiene un control casi total —el Gran Hermano de Orwell—. Vaya este ejemplo: debido al control de precios impuesto algunos productos están desapareciendo del mercado porque nadie quiere producir a pérdida; el café, que tanto gusta al venezolano, ha desaparecido de los supermercados, los productores exigen una revisión de los precios y la respuesta de los funcionarios es la misma de todos y de siempre: ese asunto depende de la palabra del presidente Chávez. El todopoderoso, que ha ganado su puesto en el concierto internacional gracias a sus dadivosos petrodólares.
Por razones estratégicas, el teniente-coronel permite aún la libertad de prensa en los medios de comunicación impresos, pero hay temor y hasta autocensura en algunos, no así las televisoras y radiodifusoras, que están sometidas al férreo puño del Estado gracias a la ley mordaza, pues violarla sería perder las frecuencias y hasta cárcel podría costar a los infractores.
Ludwig von Mises escribió y enseñó en su voluminosa obra la inviabilidad del socialismo marxista. Ésta fue su sentencia: “La teoría económica no trata sobre cosas y objetos materiales; trata sobre los hombres, sus apreciaciones y, consecuencialmente, sobre las acciones humanas que de aquéllas se deriven. Los bienes, mercancías, las riquezas y todas las demás nociones de la conducta no son elementos de la naturaleza, sino elementos de la mente y de la conducta humana. Quien desee entrar en este segundo universo debe olvidarse del mundo exterior, concentrando su atención en lo que significan las acciones que persiguen los hombres”.
Entretanto, el teniente-coronel presidente al retrotraernos al siglo XIX nos pretende regresar al trueque, a acuñar monedas locales de profundo espíritu feudal e inhumano. Ese es el hombre de la “revolución bonita”. Con razón una pancarta desplegada en Caracas durante las navidades rezaba así: “Niño Jesús, no nos traigas nada, sólo te pedimos que te lleves a Chávez”.
El autor es periodista venezolano