Los tigres devolvieron la confianza a sus fanáticos, que los apoyaron durante todo el partido.

¡Sí se puede!

[email protected] El estadio no se llenó a reventar como el primer día, pero los fieles aficionados chinandeganos que asistieron al segundo partido, le dieron mucho colorido a una inobjetable victoria. Los varones se pintaron la cara con los colores que distinguen al equipo, el rojo y el blanco, luciendo además en sus mejillas los logos […]

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El estadio no se llenó a reventar como el primer día, pero los fieles aficionados chinandeganos que asistieron al segundo partido, le dieron mucho colorido a una inobjetable victoria.

Los varones se pintaron la cara con los colores que distinguen al equipo, el rojo y el blanco, luciendo además en sus mejillas los logos del equipo de Chinandega.

Las mujeres le pusieron salsa al asunto moviéndose al compás de las cumbias que sonaban en los parlantes del estadio.

A las chavalas les gusta tomarse fotos desde sus celulares e inmediatamente se la envían por email a sus amigos para compartir el momento. Unos más pudientes llevan sus filmadoras para guardar su propio vídeo del juego.

Las camisetas del equipo, las gorras, los pitos, las pancartas y los sombreros también fueron una constante y han convertido en algo especial el viaje al Occidente del país, en donde por contraste en Chinandega hay un ayuno de 32 años sin disfrutar un título, mientras que sus vecinos, los leoneses, son perennes ganadores.

Sin embargo, la esperanza de los fanáticos sigue intacta, con todo y que perdieron el primer juego de la Final, a pesar de contar con el big leaguer Vicente Padilla en la colina.

COROS EN LAS GRADAS

Desde el primer inning, el “sí se puede” se comenzó a corear en las gradas.

Pero fue hasta a la altura del cuarto episodio cuando de verdad se sintió que los gritos de los fanáticos venían del corazón, con el jonrón de Matamoros.

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