Un asesinato en la impunidad

Hugo Ramón García

(A la memoria del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal)

El diez de enero de 1978 marca para Nicaragua el asesinato más cobarde contra la honestidad ciudadana: un abanderado de las libertades públicas cae abatido a balazos en las primeras horas de la mañana, mientras se dirigía a su empresa a cumplir con su función profesional en defensa de la verdad y la justicia, atributos esenciales que caracterizaron a su vida combativa, y desde este siniestro momento que apagó su existencia se convierte en mártir de una causa noble.

Se cumplen ahora veintiocho años de aquel asesinato, y las sombras de la impunidad siguen cubriendo este hecho brutal que sacudió de indignación a la conciencia libre de los nicaragüenses honestos. La vindicta pública, verdadera acusadora de actos abominables, sigue señalando a los autores intelectuales; a los que no toleran la verdad, y no permiten que les saquen a luz los “trapos sucios”. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue lo suficientemente honesto para atacar las injusticias porque tenía autoridad moral, y cuando al hombre le asiste esa condición no le teme a nada, ni a nadie, y la historia lo ubica para la posteridad en la galería de los héroes ilustres.

En aquella mañana del martes diez de enero de 1978, Nicaragua sufrió un golpe demoledor. La violencia de los insensatos, de los que no tienen capacidad para repeler las ideas con ideas creyeron acabar con su pensamiento, y más bien lo que hicieron fue inmortalizar su obra, ya que el pensamiento civilista de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal tiene vigencia, posee actualidad, sirve de faro para cuestionar y atacar los vicios, la corrupción, y las extremas desigualdades que siguen operando en esta enferma sociedad donde muchos ocupan el poder del dinero, y de las armas para establecer monopolios a favor de sus familiares, y allegados y montar en el seno de las ambiciones sus particulares intereses, como hoy ocurre en este país; en esta Patria moralmente destruida por sus malos hijos.

Contra este estado de cosas luchó Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y por eso lo asesinaron; lo emboscaron los matones contratados por los directores intelectuales que gestaron el asesinato; por esos que siguen pensando que su asesinato es un “misterio”. Pero se equivocan, porque algún día, cercano o lejano, cuando en Nicaragua se establezca un verdadero y auténtico Estado de Derecho, serán llevados a los tribunales comunes de la justicia ordinaria para que enfrenten como asesinos la justicia y la ley.

En una sociedad como la nuestra, preñada de una insoportable corrupción, los poderosos no permiten que se ataque esa misma corrupción, y eso fue casualmente lo que ocurrió con el doctor Chamorro Cardenal que por ser un hombre verticalmente honesto atacaba con sus editoriales, y sus escritos la descomposición social que la República padecía a lo largo de su funesta realidad, y aún los que no controlan políticamente el país, pero que encarnan particulares ambiciones recurren a la odiosa práctica del crimen organizado causándole al país una baja irremediable en sus valores, valores que como el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal constituyó probatoriamente un prestigio para la Patria.

Pueden seguir circulando “libremente”, pero ese día cuando la justicia no esté unida en matrimonio con la corrupción, como lo está ahora, y haya jueces y magistrados que no avalen esa misma corrupción, hasta entonces conocerán los costos caros que cobra la ley por la vía penal.

El autor es periodista de Somoto.

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