Roberto Ferrey Echaverry
El Editorial de La Pren-sa (02/01/06) claramente señala que los nicaragüenses tenemos la oportunidad, este 05 de noviembre, de “escoger una alternativa de gobierno que sirva de manera efectiva al fortalecimiento de la institucionalidad democrática y la transparencia”.
Esto, en la lógica democrática, depende de la voluntad soberana de los hombres y mujeres de buena voluntad en Nicaragua. Quien no vote por la democracia está apuntalando la continuidad del pacto Alemán-Ortega que ha originado la partidarización de las instituciones democráticas y las consiguientes crisis que hemos sufrido durante todo el año 2005.
Como bien dice el editorial citado: “Si los ciudadanos democráticos de Nicaragua permiten que cualquiera de los partidos pactistas y corruptos (PLC-FSLN) ganen limpiamente las elecciones presidenciales y legislativas, después no podrán tener razón para lamentarse, ni legitimidad para culpar a nadie de su propia falla y fracaso”.
Porque no basta con ganar la elección presidencial; en esta oportunidad la elección legislativa asume importancia especial por ser la clave que permitirá ir realizando los cambios que se requieren para rescatar y fortalecer las instituciones democráticas existentes.
La actual Asamblea Nacional ya jugó su papel histórico y ha sido valorado por la opinión pública en lo que podríamos resumir como una Asamblea Legislativa perdida. Quién la presidirá en esta última legislatura es un tema ajeno a los intereses de la mayoría de nuestra población y no tiene mayor incidencia en la composición y comportamiento en la labor legislativa que puedan realizar en lo que resta del año.
Lo que sí interesa es la conformación de la Asamblea Nacional a ser electa en noviembre próximo. El sector democrático necesita asegurar un mínimo de sesenta diputados comprometidos con la realización del cambio al que aspira el pueblo de Nicaragua y que, necesariamente, pasa por desmontar el pacto Ortega-Alemán en todas sus dimensiones y efectos.
Nicaragua necesita una Asamblea Nacional conformada por hombres y mujeres que se integren con ánimo patriótico y espíritu democrático. No necesitamos más de lo que denunciaba Simón Bolívar: “Congresistas que llegan al recinto augusto de la legislatura ya de antemano ligados por intereses inconfesables, voluntariamente sordos a los dictados de la razón, esclavos de la consigna electoral”.
Lo que sí necesitamos es una Asamblea Nacional integrada por diputados que se dediquen a legislar ya sea revisando leyes vigentes que impiden o retrasan el desarrollo o creando nuevas leyes que se requieren para facilitar y acelerar el desarrollo económico social que nos permita avanzar en la erradicación de la pobreza que afecta a la mayoría de nicaragüenses.
Desde ya debe darse un proceso de selección ciudadana en todos los departamentos del país para proponer a los partidos o alianzas democráticas candidaturas para diputados de hombres y mujeres que sean garantía de no repetir el hecho denunciado por Bolívar y que se traduce en que “las mayorías del pueblo no tienen representación, pero sí la tienen las minorías de los facciosos, de modo que los congresos eran la inversa representación del pueblo” (Cartas del Libertador).
Los nicaragüenses tenemos la última palabra. Hay que salir a votar este 5 de noviembre y hacerlo en forma responsable y conscientes de que el objetivo fundamental y vital es conformar una bancada democrática de, al menos, sesenta diputados y convencidos de que reelegir a la mayoría de los diputados actuales sería una aberración cívica.
No votar, abstenerse, es, simple y llanamente, un delito contra Nicaragua.
El autor es Secretario del PRN.