Deborah Robb [email protected]
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“Camino de Herraduras”
Deborah Robb Taylor
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El novelista bluefileño Lizandro Cháves Alfaro convalece, en el reparto capitalino de Los Robles, de una trombosis, lo que no permitió la realización de una ceremonia pública para su inducción honorífica a la Academia Nicaragüense de la Lengua.
Sin embargo, la postración no le puso pelos en la lengua al autor de Hay una selva en mi voz”. Lizandro dice que ya era hora que la Academia se diese cuenta que escribe en castellano, no admite la crítica que ganó el reconocimiento literario a expensas de su identidad caribeña.
Para el también autor de Columpios al aire, novela de la anexión de la Reserva Mosquitia, ser caribeño es ser cosmopolita (“crecí con amigos hindúes como los Sirk, árabes como los Jureidini, alemanes, escandinavos, americanos, chinos ya no se diga los Chow, los Siu) y desde esa perspectiva, desprovista de xenofobias, su narrativa le da al nicaragüense una visión entera de sí.
Dice: “El nica ha tenido dos sueños históricos, el canal interoceánico y el petróleo, y las artes no tienen función política en Nicaragua porque en nada contribuyen a lo que siguen siendo vanas ilusiones”.
Agrega que votará por un candidato presidencial que no “represente una repetición de lo que ya conocemos de violencias estúpidas”. Lizandro, actualmente escribe Camino de Herraduras, una novela que se desarrolla en los tiempos en que el cargamento público recorría el país en mula.
El escritor lamenta “la veneración nacional por el verso” , que hace que se olvide que Darío primero fue prosista y que el panorama narrativo en el Caribe nica, “no sea muy brillante, fuera de los viejos conocidos como Rigby y McField y por aceptación exógena, Santos Cermeño”.
MAYOMBEBOMBE MAYOMBÉ
El director general del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), Julio Valle-Castillo, considera que es “inaudito” que los poetas costeños no tengan publicaciones en Nicaragua.
David McField, de la vertiente “West Indian” de la literatura Afro en América Central, llegó a publicar: En la calle de en medio y Poemas para el año del elefante, también rigió un café en Managua llamado Libromundo y compuso la trova Pancasán, antes de desaparecer.
“NICARIBEÑO”
Ya Carl Rigby se autodenominó “NiCaribeño” y le quedaría bien el reclamo airado del novelista y poeta panameño C. G. Wilson: “Que desgracia, Ashanti soy y me dicen Carlos”. Popularizó, por lo menos entre la bohemia de Managua, el Mayombebombemayombe primero cantado por Nicolás Guillén, quien según el novelista tico Quince Duncan, “realizó una subversión africanizante de la literatura hispánica recurriendo a referentes que no evocan al mito griego, ni al folclorismo. No es literatura negrista ni sigue la corriente de negritude. No es realismo mágico. Es una nueva expresión… aunque los críticos no se hayan percatado de ello”.
Santos Cermeño, ejerció el magisterio en Bluefields y sí se percató. Su volumen Cañamazo con versos afrorealistas fue publicado en el 2004 por Valle-Castillo quien asegura “actividades propias en los próximos 12 meses que correspondan con la democratización de la cultura”.