- Es elegible para entrar este año
Phil RogersTomado de ESPN
¿Cómo recuerdas a Andre Dawson?
La respuesta es sencilla para Dusty Baker.
“Nadie jugó más tiempo a base de garra y dos rodillas muy malas como el ‘El Halcón’”, dijo Baker, el manager de los Cachorros de Chicago. “Podría haber tenido mucho mejores estadísticas. Era un gran jugador”.
Si Kirby Puckett está en el Salón de la Fama, si Tany Pérez también está allí, al igual que Gary Carter, Ryan Sandberg y Ozzie Smith, Dawson necesita estar allí también. Tiene la misma calidad que los otros cinco, a pesar de que es verdad que en algunos casos estamos comparando naranjas con manzanas, pero es subvaluado porque se convirtió en elegible en el 2002, el año siguiente al que Barry Bonds conectó 73 cuadrangulares y Bret Boone impulsó 141 carreras.
Es hora de que los votantes le otorguen una segunda mirada a Dawson y le otorguen el mismo amor que él le daba a los fanáticos, a sus compañeros de equipo y a los equipos que le pagaban. En una ocasión, hasta le dio un cheque en blanco a los Cachorros de Chicago para que dispusieran de sus servicios.
Pocos recuerdan a Dawson cuando entró a las Grandes Ligas con los Expos de Montreal, como un jardinero central de excesivo tamaño, pero con la habilidad para ser el Novato del Año. Más, pero igualmente no muchos, lo recuerdan cuando estaba en su mejor momento en Montreal, una amenaza triple en el plato, en las bases y en el jardín derecho.
Algunos sólo lo recuerdan sobre el final de su carrera, cuando apenas podía mantenerse de pie en dos temporadas con los Medias Rojas de Boston y luego en dos más con los Marlins de la Florida. Pero para la mayoría de nosotros, los recuerdos más vívidos de Dawson llegaron cuando estaba con los Cachorros de Chicago.
Con los Cachorros, Dawson ganó el premio al Jugador Más Valioso de la temporada en 1987 y ayudó a que su equipo ganara el título de la División Este de la Liga Nacional en 1989, poniéndole fin así al reinado y el dominio de los Mets de Nueva York. Aún en ese entonces, no estábamos obteniendo lo mejor de Dawson.
Lo vimos jugar mal ante los Gigantes de San Francisco en la Serie de Campeonato. Sólo sus compañeros de equipo y sus colegas entendían la batalla diaria que debía atravesar en el campo con sus rodillas, que sólo un cirujano podía amar. Había nacido con buenas rodillas, por supuesto, y todavía estaban de esa forma en 1976 cuando jugaba en la Universidad de Texas A&M. Se las destruyó jugando sin temor en la grama artificial de Montreal, que bien podría haber sido asfalto.
Quizás esto no fue tan trágico como el glaucoma irreversible que terminó con la carrera de Puckett en 1995 después de 12 temporadas. Pero hay razones para darle a Dawson el beneficio de la duda cuando se trata de su candidatura al Salón de la Fama.
Ningún jugador elegible ha tenido tantos imparables (2,774) ni carreras impulsadas (1,591) sin estar en el Salón de la Fama, algo que se dirá de Harold Baines (2,866 imparables y 1,628 carreras impulsadas) el año que viene cuando se convierta en elegible.
Dawson odiaba —y quizás esa palabra no sea lo suficientemente fuerte— no estar en la alineación. Se empujaba a sí mismo al campo y establecía marcas que sólo se pueden lograr con durabilidad.
Dawson, quien fue tan buen atleta que Davey Johnson lo colocó como jardinero central y a Eric Davis en el jardín izquierdo en el Juego de las Estrellas de 1987, fue el primer jugador en terminar diez temporadas consecutivas con al menos 10 jonrones y 10 bases robadas. Totalizó 45 extrabases en 15 temporadas en fila, convirtiéndose en el sexto jugador de una lista que incluía a Henry Aaron, Stan Musial, Willie Mays, Mel Ott y Honus Wagner.
Aún queda por verse cómo les afectará eso a los jugadores nombrados anteriormente a la hora de ser admitidos al Salón de la Fama.
Dawson obtuvo 56 votos desde el 2002, su primer año de elegibilidad al 2005. Pero porque el electorado también creció en esa etapa, no fue una mejoría tan grande como parece; sólo del 45.3 por ciento al 52.3. Significó que pasó de estar en 140 votos a 117 para lograr el requerimiento del 75 por ciento para ser introducido.
Esas son muchas mentes para cambiar. Pero si el libro de José Canseco y la experiencia de Rafael Palmeiro no son suficientes para hacerlos pensar, entonces quizás su razonamiento es como las rodillas de Dawson; no tienen solución.
RESPALDADO
En un panorama perfecto Dawson habría sido introducido al Salón de la Fama el verano pasado y Sandberg se hubiese tomado tiempo para hacer campaña por él.
“Ningún jugador en la historia del beisbol trabajó más duro, sufrió más o lo hizo mejor que Andre Dawson”, dijo Sandberg. “Es el mejor que he visto en mi vida. Lo vi ganar el JMV para un equipo de último lugar, y fue la cosa más increíble en todo el beisbol. Lo hizo de manera correcta, de forma natural, y lo hizo en el campo y en las bases de cualquier manera, y espero que esté aquí parado alguna vez”.
El comentario de Sandberg acerca de la “forma natural”, fue por supuesto una crítica a la generación de José Canseco y las sustancias prohibidas. Los números de Mark McGwire, Sammy Sosa, Bonds y otros entre 1997 y el 2003 le restaron importancia a los bateadores de los años 80 y principio de los 90, incluyendo a Dawson y a Jim Rice.