Roberto Amador N.
Los generales chapiollos de la Contra no tenían estrellas ni les dieron condecoraciones después que liberaron a Nicaragua del comunismo internacional y pararon la embestida que Fidel Castro tenía en contra de El Salvador y de América Central. Su sueño de poner guerrillas en Texas fue derrotado por estos nicaragüenses que tenían un gran amor por su patria y la libertad.
“El Tigrillo” fue uno de esos generales a los que se les llamó comandantes. Un hombre de pequeña estatura pero con un gran corazón y con unos… como dirían, “muy grandes…”. Igual que él habían muchos generales campesinos y otros que se habían curtido en las batallas antes en contra del sandinismo, como “Mike Lima”, “Renato”, “El Suicida” y “El Quiche”. Todos ellos formaban la punta de lanza de ese ejército que no reclamó nada más que vivir en paz en su tierra.
A cambio, su comandante en jefe fue asesinado y trescientos comandantes más corrieron la misma suerte. Sus estrategas políticos abandonaron a su suerte a esos generales con sus tropas y es poco o casi nada lo que se pudo recuperar de lo que les robaron. Ellos no tuvieron ni quisieron una piñata, no lucharon por eso, ni siquiera pensaron en sobrevivir esa guerra, muchos quedaron en esas montañas.
Casi nadie recuerda a todos esos comandantes chapiollos, menos quienes gobiernan, pero el 16 de febrero estaremos junto a los sobrevivientes de esa gesta patriótica que no necesita luz porque brilla siempre en el corazón de los agradecidos nicaragüenses que no olvidan quienes derrotaron a las tropas de los asesores rusos, alemanes orientales y los generales cubanos que se equivocaron con Nicaragua. La derrota también alcanzó al Ejército Sandinista al grado de que tuvieron que quitarle el nombre.