Antonio Ignacio Lacayo Chamorro
En este nuevo año, los nicaragüenses vamos a tener el gran privilegio que nos da la democracia de ejercer nuestro derecho al voto. Para los jóvenes, incluyendo los muchos que acudirán a las urnas por primera vez, este reto es sumamente importante.
Las elecciones del 2006 serán casi tan decisivas como las elecciones de 1990, en las cuales Nicaragua decidió dejar atrás la guerra y las desdichas de diez años de sandinismo para darle lugar a un gobierno democrático. En 1990, Violeta Barrios de Chamorro logró ganar las elecciones porque la gente “salió a votar”, porque la gente no le tuvo miedo el régimen sandinista, y decidió tomar el camino de la paz y reconciliación. Hoy, los nicaragüenses no debemos tener miedo de salir a votar porque gracias a Dios tenemos una democracia que nos permite ejercer nuestro derecho al voto.
Sin embargo, debemos asegurarnos que todos nuestros compañeros voten responsablemente, ya que en estas próximas elecciones los nicaragüenses tendremos la opción de dejar atrás dos modelos desfasados: el de Daniel Ortega, “revolucionario” nicaragüense que lleva 25 años prometiéndole a los más pobres sin ningún cumplimiento, y el de Arnoldo Alemán, el noveno hombre más corrupto del mundo según las Naciones Unidas, ambos aliados desde que pactaron hace siete años.
Votar responsablemente nos permitirá entregarle el “poder” a gente responsable, que realmente quiera trabajar por el pueblo nicaragüense y cambiar el sistema bipartidista que ha prevalecido en las últimas dos elecciones y que solamente nos ha llevado a problemas: la institucionalización del caudillismo, la politización de instituciones gubernamentales, una imagen negativa a nivel internacional, un Presidente sin apoyo en la Asamblea Nacional en los últimos años, entre otros. Esta responsabilidad, de votar por una Nicaragua renovada, recae en nosotros, los jóvenes, y es por eso que afirmo la importancia de estas próximas elecciones.
Además, nos tenemos que asegurar que el segundo derecho de una democracia, después del derecho a votar, el derecho de ser candidato, no se violente. Bajo ningún punto podemos permitir que alguno de los candidatos sea inhibido o eliminado a través de manipulaciones antidemocráticas. Si vamos en las “cuatro bandas”, con Eduardo, Herty, Ortega y Alemán, o algún muñeco del PLC apuntado a dedo por él, Nicaragua podría beneficiarse mucho porque posiblemente gane un candidato nuevo (Eduardo o Herty), con una mayoría de diputados responsables en la asamblea legislativa, apoyándose mutuamente en llevar a cabo un plan de gobierno sólido. Esto sería lo ideal. Sin embargo, si Eduardo o Herty resultan injustamente eliminados antes de las elecciones, corremos el riesgo de que Nicaragua continúe secuestrada bajo el pacto y la corrupción, como la tienen hoy en día Alemán y Ortega.
En la actualidad, Nicaragua es uno de los países más jóvenes de América Latina, con aproximadamente dos tercios de la población menor de 25 años. Esto significa que el próximo Presidente de la República de Nicaragua tiene que lograr una tasa de crecimiento económico acelerada para que los jóvenes tengamos empleos y para que los más desafortunados puedan ser atendidos. Además, los nicaragüenses podemos ejercer nuestro derecho al voto desde los 16 años, edad relativamente temprana para tal responsabilidad. Es por eso que los jóvenes tenemos que tomar esta decisión con responsabilidad, analizando los planes de gobierno de cada candidato, y compartiendo esta responsabilidad ciudadana con nuestros amigos en las escuelas, universidades, trabajos, o donde sea que estemos.
Nosotros, los jóvenes, somos el futuro de este país. Todos juntos, aportando nuestro grano de arena como buenos ciudadanos a través del voto responsable, podremos encarrilar a nuestra Nicaragua en el tren del progreso.
El autor es estudiante de Ingeniería Civil.