Johnny Damon en su primer día como un “yankee” en Yankee Stadium el pasado 23 de diciembre, luego de firmar un contrato de 4 años y 52 millones de dólares.

Damon… ¿un traidor? ahora es llamado “Judas” en Boston

Edgard Rodrí[email protected] Johnny Damon sabe lo que es ser apreciado por una fanaticada. Su juego electrizante, su personalidad amable y su desarreglada apariencia, lo convirtieron en uno de los favoritos de la afición de Boston, mientras se volvía la cara de un conjunto que se sacudió una maldición de 84 años sin ganar una Serie […]

Edgard Rodrí[email protected]

Johnny Damon sabe lo que es ser apreciado por una fanaticada.

Su juego electrizante, su personalidad amable y su desarreglada apariencia, lo convirtieron en uno de los favoritos de la afición de Boston, mientras se volvía la cara de un conjunto que se sacudió una maldición de 84 años sin ganar una Serie Mundial.

Ahora sabe lo que es ser odiado por los mismos aficionados.

Su pecado ha sido irse a los Yanquis, los más enconados rivales de los Medias Rojas, luego de una oferta de 52 millones por cuatro años, que superó los 40 millones que por el mismo período, había propuesto Boston.

Esta transferencia, cargada de simbolismos, ha originado un debate que ha estado basado, más que en el impacto que el movimiento puede causar en los equipos involucrados, en el sentimiento que hacia los clubes tiene cada persona al opinar.

Mientras en Nueva York, Damon ha sido recibido con la alfombra roja y como un adecuado sucesor de Bernie Williams, en una glamorosa posición que antes tuvo a Joe DiMaggio y Mickey Mantle, en Boston lo consideran un Judas, un traidor.

Y quienes opinan así, no son sólo los fanáticos, sino también reputados columnistas que en esta ocasión no lograron sustraerse de su simpatía hacia un determinado equipo, sino que se dedicaron a atizar la polémica y hasta caer en descalificaciones.

¿POR QUÉ A LOS YANQUIS?

Históricamente, los Yanquis han dado la impresión de realizar el movimiento que más irrita a los fanáticos de Boston. Quizá todo inició en 1919, cuando obtuvieron a Babe Ruth de los Medias Rojas para hacerlo el símbolo del juego con el uniforme a rayas.

Ruth fue conseguido por 125 mil dólares y un préstamo de 300 mil. Y en su primer año en Nueva York, metió 54 jonrones, casi el doble de los 29 que había bateado un año atrás con Boston. Y luego construyó la historia que conocemos.

Sin embargo hay un hecho muy significativo en estas transacciones Yanquis-Boston. Al final de esa campaña de 1920, los Yanquis contrataron como gerente general a Ed Barrow, quien ejercía esa misma función para los Medias Rojas.

Y Barrow, quien convirtió a Ruth de pitcher a bateador, hizo su primer canje con Boston en diciembre y obtuvo al pitcher Waite Hoyt y al catcher Wally Schang, justo lo necesario para mejorar al equipo y dar a los Yanquis su primer campeonato de la Liga Americana.

Así que los Yanquis, que iniciaron como los Orioles de Baltimore en 1901 y que se fueron a Nueva York en 1903 con el nombre de Highlanders, no ganaron un título en sus primeros 20 años de existencia. Y cuando lo lograron (1921) fue a cuesta de Boston.

El “as” del pitcheo de los Yanquis en ese 1921, fue Cal Mays con récord de 27-9. Pero las cosas no pararon ahí. Barrow siguió diezmando el roster de los Medias Rojas —vía canjes— y en 1922 consiguió a Joe Bush, Sam Jones y Everett Scott.

Con 22 victorias, Bush lideró el staff de los Yanquis, quienes ganaron por segunda vez el cetro de la Liga, pero de nuevo fallaron intentando obtener el de la Serie Mundial. Pero en 1923, tras agregar otro lanzador de Boston, Herb Pennock, alcanzaron la cima.

LA HISTORIA CONTINÚA

Desde entonces, los éxitos de los Yanquis han estado íntimamente ligados a los tropiezos de Boston. Desde Ruth, Mays y Bush, hasta Luis Tiant, Wade Boggs y Roger Clemens, cada extracción de Boston ha sido decisiva para los Bombarderos.

Así que esos detalles, más despojos como los que los Yanquis han hecho a los Medias Rojas como el de 1949, cuando se quitaron de encima 12 juegos, o el de 1978, cuando Bucky Dent concretó el asalto a domicilio, han hecho que la rivalidad aumente.

De manera que los aficionados de Boston, podrían haberle perdonado a Damon que se fuera a cualquier otro equipo pero no a los Yanquis. Ahora le dicen Judas, pese a que hace poco, hasta llegaron a considerarlo el Mesías que revirtió la maldición de Ruth.

¿Judas? Sería bueno averiguar cuál de esos fanáticos o columnistas, pasaría por alto una diferencia de 12 millones de dólares por hacer su trabajo. Por dinero Barry Bonds dejó Pittsburgh y Shaquille O’Neil se fue de Orlando. No entiendo el escándalo.

¿Traidor? Los fanáticos de Boston abuchearon el año pasado a Curt Schilling, Keith Foulk, Kevin Millar y Allam Embree, todos claves en la obtención de la Serie Mundial en el 2004. ¿Está supuesto Johnny Damon a mantener su lealtad ante esa gente?

Y cuando los equipos botan al jugador, no hay alharaca.

El 27 de octubre del 2004, Boston lavó con champaña, 84 años de frustraciones. ¿Y sabe qué? Dos tercios de (16) de los 25 jugadores que ganaron ese título, pertenecen a otro conjunto ahora.

EL NUEVO «LOOK» DE DAMON

Otra crítica a Johnny Damon, es que se cortó el pelo y se afeitó la barba, debido a que eso es una regla en los Yanquis.

Jim Caple de ESPN, dice que eso es tan absurdo como atrapar un león y meterlo a un zoológico, pues se ha domesticado a un jugador de espíritu libre.

Caple olvida que los Colt 45 de Houston, eran obligados a usar botas vaqueras y sombreros cuando estaban de gira, o que los Mets han dicho a Carlos Delgado que tiene que salir del dogout a cantar God Bless America. Cada equipo tiene sus reglas.

Dice Caple que lo peor que ha hecho Jason Giambi ha sido firmar con los Yanquis y que lo mismo pasará con Damon.

Sin embargo, Babe Ruth, Roger Maris, Reggie Jackson, Roger Clemens, Paul O’Neill y Tino Martínez, deben tener una opinión distinta.

Y pensar que el “look” de Damon no fue una cosa pensada, que al final, le permitió un gran éxito. Todo inició cuando en el 2003 tuvo una brutal colisión con Damian Jackson y como padecía de dolores de cabeza, se distanció de las barberías.

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